Trump suelta el jones act y el petróleo no se mueve: una farsa costosa

El experimento de Trump con el Jones Act, la ley que prohíbe el transporte marítimo de mercancías dentro de Estados Unidos por buques extranjeros, ha resultado ser un fracaso rotundo. Apenas una semana después de su implementación, los datos revelan una verdad incómoda: el suministro americano de petróleo no se ha incrementado ni de lejos.

El flujo, al revés: exportaciones a la venta

El flujo, al revés: exportaciones a la venta

En lugar de impulsar el flujo interno de combustible, los refinerías estadounidenses están, en su mayoría, enviando sus productos a Asia y Europa, aprovechando un desequilibrio en la demanda y los precios. Los márgenes de beneficio para las refinerías han explotado, mientras que las empresas de transporte se están tragando ganancias exorbitantes gracias a la escasez de buques estadounidenses y el aumento vertiginoso de las tarifas.

Según Kpler, las importaciones de petróleo entre puertos estadounidenses se mantienen prácticamente estancadas, con una caída significativa en las entregas desde el Golfo de México a las costas del Este. Se trata de una inversión de 770.000 barriles por día desde esa región, una cifra alarmantemente baja en comparación con los 826.000 barriles del mes anterior.

La escasez de buques estadounidenses, largamente atribuida a las limitaciones del Jones Act, ahora se explica por una realidad más simple: la demanda global por combustible ha disparado los precios, haciendo que el transporte internacional sea financieramente mucho más rentable que el transporte interno. La situación es tan clara que incluso Tom Kloza, el consultor energético de Gulf Oil, lo admite: 'No estamos viendo ningún resultado real, porque todo el transporte —ya sea por buques estadounidenses o extranjeros— ha subido a finales de marzo'.

Las refinerías, libres de estas restricciones, están maximizando sus ganancias, mientras que los armadores, con la posibilidad de operar en rutas más largas y lucrativas hacia Asia, también se benefician. La consecuencia inmediata es una crisis de transporte en el Golfo de México y tarifas estratosféricas. La lógica del mercado, en este caso, se impone a la política.

La estrategia de Trump, que buscaba mitigar el aumento de los precios del combustible, ha sido, por lo tanto, un error de cálculo monumental. Un error que, además, se traduce en una pérdida de competitividad para la industria nacional y una oportunidad perdida para fortalecer la economía estadounidense.