Trump desata el caos en el sector energético: el waiver jones act no acelera el flujo de petróleo
El experimento de Donald Trump, alargar la exclusión de buques estadounidenses a la navegación entre puertos nacionales, ha resultado un fracaso estrepitoso. Los datos son tajantes: no ha impulsado la producción ni el transporte de petróleo, sino que, paradójicamente, ha disparado los beneficios de las refinerías y ha exacerbado los problemas en el suministro a mercados clave.
Una estrategia que beneficia a pocos, daña a muchos
La medida, impulsada para mitigar el pico de precios tras la crisis en Medio Oriente, se basaba en la premisa de que la escasez de buques bandera estadounidense, limitados por la Ley Jones, era la principal culpable de los altos costes en California, Hawái y otras regiones sin acceso a oleoductos desde el Golfo de México. Pero la realidad es que, en lugar de aumentar el flujo interno, las refinerías han aprovechado la situación para exportar a Asia y Europa, incluso revirtiendo rutas tradicionales con destino a Europa.
Según Kpler, las importaciones de crudo y productos refinados entre puertos estadounidenses se mantuvieron prácticamente estancadas en marzo, con apenas 1.37 millones de barriles diarios. El envío desde el Golfo de México a los mercados costeros se redujo a 770,000 barriles diarios, una caída significativa respecto a los 826,000 barriles del mes anterior. Una situación que revela la fragilidad de la estrategia del Ejecutivo.
El efecto ha sido brutal. Las gasolinas en Europa se han disparado, con futuros que superan los 200 dólares el barril, mientras que en Estados Unidos, el precio del diésel ultra bajo azufre se mantiene por debajo de los 185 dólares. Una brecha que evidencia la capacidad de las refinerías para obtener mayores márgenes exportando, dejando atrás a los consumidores estadounidenses.
Tom Kloza, consultor energético de Gulf Oil, lo resume con una ironía amarga: «Con increíbles oportunidades de arbitraje en varios continentes, no estoy seguro de cuándo podrían llegar algunos barcos para llevar producto desde el Golfo Costero a la Costa Este».

La fiebre del contenedor y el precio del transporte
Pero la historia no termina ahí. La demanda de buques en el Atlántico ha aumentado vertiginosamente, con refinerías asiáticas dispuestas a pagar fortunas por ellos. Esta situación ha provocado un incremento vertiginoso de las tarifas de transporte, un efecto secundario inesperado de la política de Trump. La situación del mercado de petroleros en el Golfo de México se ha tornado insostenible, con un aumento dramático de los costes y una oferta limitada.
La Ley Jones, que exige que la navegación entre puertos estadounidenses sea realizada exclusivamente por buques propiedad de empresas estadounidenses, se había convertido en un obstáculo para la competitividad del sector energético estadounidense. Y, en lugar de eliminar ese obstáculo, Trump lo ha amplificado, generando confusión y pérdidas económicas.
La conclusión es clara: el waiver Jones Act no ha sido una solución al problema de los precios de la gasolina. Ha sido, en cambio, una oportunidad para que las refinerías estadounidenses luchen sus cuentas, mientras los consumidores estadounidenses siguen sufriendo las consecuencias de una política energética desinformada. Un error de cálculo que, sin duda, dejará una huella imborrable en el sector energético americano.
