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Apple cumple 50 años mientras california pierde a sus gigantes

El viernes, mientras California celebraba el 50º aniversario de Apple, una sombra se cernía sobre la euforia: la fuga de empresas, desde Tesla hasta Chevron, que abandonan el estado en busca de climas más favorables. La alabanza del gobernador Newsom a la innovación de Apple contrasta con la dura realidad de una diáspora empresarial que amenaza el liderazgo tecnológico de California.

Un halago oportuno o una cortina de humo?

Un halago oportuno o una cortina de humo?

El gobernador Gavin Newsom, en una publicación en X, no escatimó elogios para Apple, calificándola como la encarnación del “espíritu californiano” y destacando su capacidad para “empoderar a las personas para que sueñen y hagan”. Un gesto, sin duda, pero uno que muchos interpretan como un intento de desviar la atención de la creciente sangría de empresas que huyen de la regulación y los costes operativos desorbitados del estado.

La verdad es que la lista de exiliados es extensa. Tesla, liderada por Elon Musk, se trasladó a Austin en 2021, citando “desafíos de escalamiento” y disputas por las restricciones de la pandemia. Pero la marcha de Tesla fue solo el principio. Chevron, un nombre arraigado en California desde los años 1870, abandonó el estado en 2024, alegando políticas que “eleven los costos y creen dificultades para los californianos”. McKesson, Oracle, Palantir, Charles Schwab, SpaceX, e incluso Playboy, se han sumado a la éxodo, buscando refugio en Texas, Florida y Tennessee.

La cifra habla por sí sola: mientras Apple prospera bajo el amparo de su leyenda, el estado que la vio nacer está perdiendo a sus pilares económicos. La emigración de estas empresas no solo implica la pérdida de empleos, sino también una fuga de talento e inversión que podría poner en peligro el futuro de California como centro de innovación global.

Pero la diáspora empresarial no es el único síntoma de malestar. Figuras prominentes del mundo tecnológico, como Sergey Brin, cofundador de Alphabet, y Peter Thiel, cofundador de Palantir, están reduciendo sus lazos con California, estableciendo oficinas y residencias fuera del estado. Un movimiento que, aunque individual, refleja un creciente descontento con el entorno empresarial californiano.

El caso de Apple, por tanto, se convierte en una paradoja. Un símbolo del éxito californiano, pero también un recordatorio de que incluso los gigantes pueden ser vulnerables a un entorno empresarial hostil. La pregunta que flota en el aire es si el estado, conocido por su espíritu emprendedor, logrará corregar el rumbo antes de que la fuga de talento y capital se convierta en un problema irreversible.