negocios

Trump desata un gasto militar histórico: ¿arma o deuda?

Washington - El presidente Trump ha presentado una propuesta de presupuesto de defensa de 1,5 billones de dólares para 2027, una cifra que pulveriza récords y dispara las expectativas en el sector armamentístico. El incremento, cercano al 44% respecto al año anterior, plantea interrogantes sobre la sostenibilidad fiscal y las implicaciones geopolíticas de una política de rearme tan ambiciosa.

El 'golden dome' y el f-47: prioridades clave

La propuesta, que contempla una inversión base de 1,1 billones y 350.000 millones adicionales para municiones y expansión industrial, se centra en proyectos estrella como el sistema de defensa aérea 'Golden Dome' y el desarrollo del caza de sexta generación F-47. Este último, cuya primera prueba de vuelo está programada para 2028, ya ha recibido un contrato superior a los 20.000 millones de dólares de Boeing bajo el programa Next-Generation Air Dominance. Pero, ¿realmente estos proyectos justifican un gasto tan elevado?

Lo que nadie cuenta es que, según la propia propuesta, este presupuesto de 1,5 billones podría reducirse a 1,28 billones en 2028 y a 1,35 billones en 2031 si no se aprueban fondos adicionales. Una volatilidad que refleja la fragilidad de las promesas electorales frente a la realidad presupuestaria.

Dominio marítimo y el

Dominio marítimo y el 'trump-class': ¿una nueva guerra fría?

El ambicioso plan también incluye una partida de 65.800 millones de dólares para la construcción naval, con el objetivo de adquirir 18 buques de combate y 16 buques de apoyo. La creación de la 'Flota Dorada', liderada por los fragatas de clase 'Trump', busca, según la Casa Blanca, “restaurar el dominio marítimo de Estados Unidos”. Un lenguaje que recuerda a la retórica de la Guerra Fría y que alimenta las tensiones con potencias rivales.

Pero la propuesta va más allá: se contempla un aumento significativo en la financiación del programa nuclear del Pentágono, así como inversiones históricas en inteligencia artificial, minerales críticos y seguridad fronteriza. La cifra habla por sí sola: más de 1,6 billones de dólares en recortes presupuestarios identificados previamente, gracias a la eliminación de programas considerados “obsoletos” o, según la Casa Blanca, “woke”.

Recortes polémicos: ¿modernización o retroceso?

La eliminación de iniciativas de diversidad, equidad e inclusión (DEI), la suspensión de los meses de concienciación cultural y la erradicación de programas relacionados con el cambio climático, incluyendo simulacros de guerra climática y la investigación sobre vehículos eléctricos, han generado una ola de críticas. Algunos analistas advierten que estos recortes, además de ser moralmente cuestionables, podrían perjudicar la capacidad del Pentágono para adaptarse a los nuevos desafíos del siglo XXI. Kratos Defense, por su parte, ha visto un notable repunte en bolsa tras una recomendación de compra de Jefferies, impulsada por la creciente demanda de misiles y drones.

La compañía espera alcanzar los 2,4 mil millones de dólares en ingresos para 2028, gracias a su división Kratos Government Solutions, que proyecta un crecimiento anual compuesto superior al 30%. La producción de drones Valkyrie, por ejemplo, se incrementará de ocho a 45 unidades anuales para finales de 2027.

Mientras, Northrop Grumman y TransDigm han experimentado ligeras caídas, y el nuevo operador de drones Swarmer ha sufrido un desplome del 28% en su debut bursátil.

En definitiva, la propuesta de presupuesto de defensa de Trump es un anuncio de intenciones que redefine las prioridades de Estados Unidos en materia de seguridad, pero también plantea serias dudas sobre su viabilidad económica y sus consecuencias geopolíticas. El verdadero desafío no reside en el gasto en sí, sino en la capacidad de Washington para equilibrar la ambición militar con la responsabilidad fiscal.