Tensiones irán-ee.uu. sacuden el mercado petrolero: ¿nueva crisis inminente?
El crudo ha desafiado las expectativas, y la mano de Donald Trump, por primera vez en semanas, no ha logrado apaciguar la creciente ola de incertidumbre. La escalada de tensiones entre Washington y Teherán ha enterrado las esperanzas de un alto el fuego, impulsando los precios a niveles que recuerdan a la crisis de 2008, cuando el mundo se tambaleaba al borde del abismo financiero.
El estrangulamiento del estrecho de ormuz: un factor clave
El barril de WTI ha superado hoy la barrera de los 140 dólares, un precio que no se veía desde hace casi dos décadas. La amenaza de Irán de imponer un peaje a los buques que transitan el Estrecho de Ormuz, la arteria vital para el suministro energético global, ha encendido las alarmas. La situación es tan tensa que incluso la OPEP+, a pesar de los recortes de producción por parte de sus miembros de Oriente Medio debido a la interrupción de la navegación en Ormuz, está considerando un nuevo incremento de 206.000 barriles diarios para mayo de 2026, una medida desesperada ante un panorama que se aprieta cada vez más.
Pero no todo son malas noticias. China, el mayor importador de petróleo del mundo, ha ordenado a sus refineras independientes, conocidas como “teapots”, mantener los niveles de producción, aunque esto implique operar a pérdida. La intervención del gobierno chino busca evitar una mayor escasez y evitar una espiral inflacionaria. La Administración Trump, por su parte, ha flexibilizado las condiciones para la liberación de petróleo estratégico, permitiendo a los compradores devolver el crudo hasta noviembre de 2027, una medida que podría aliviar temporalmente la presión sobre los precios.

Otras señales de alarma en el mercado energético global
El panorama energético global está plagado de complicaciones. La Guardia Costera Sueca ha incautado el petrolero Flora 1, presunto miembro de la “flota fantasma” rusa, tras un vertido de 12 kilómetros de hidrocarburos frente a la isla de Gotland. La situación ha provocado una investigación ambiental y pone de manifiesto los riesgos asociados a estas operaciones encubiertas. Bangladesh, dependiente de las importaciones de energía, ha recurrido a medidas drásticas, como la reducción de las horas de trabajo y el cierre temprano de centros comerciales, para racionar el consumo.
Además, la planta de Cheniere Energy en Sabine Pass, una de las mayores instalaciones de licuefacción de gas natural licuado (GNL) de EE.UU., ha reducido su producción a la mitad debido a una avería. A esto se suma el alza vertiginosa de los precios del azufre, que está afectando a las empresas mineras de todo el mundo, especialmente a las productoras de níquel en Indonesia. China, paradójicamente, está reexportando volúmenes récord de GNL a sus vecinos, mientras que Rusia ha prohibido la exportación de gasolina hasta julio, lo que restringe aún más el suministro global.
Los productores de cobre, que habían prometido recortes en la producción, parecen decididos a mantener o incluso aumentar sus niveles, frustrando las expectativas del mercado. Y, como si fuera poco, Venezuela ha logrado superar la marca de un millón de barriles diarios de exportación de crudo, impulsada por la demanda de refinadores indios y el creciente interés por los crudos pesados.
Las señales son inequívocas: la volatilidad en el mercado energético está lejos de remitir.