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Opep cede: aumenta la producción, pero el hormuz lo complica todo

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) anunció ayer un incremento de 206.000 barriles diarios en su producción. Una cifra que, sobre el papel, parece significativa, pero que choca frontalmente con la realidad geopolítica del Estrecho de Ormuz: la producción adicional, de momento, es un espejismo.

La amenaza de trump y el bloqueo estratégico

La decisión, que muchos anticipaban, surge en un contexto de máxima tensión en el Golfo Pérsico, donde la escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha estrangulado el paso de más del 20% del petróleo mundial. La retórica belicista del presidente Trump, con amenazas directas a Irán y plazos ultimátum para reabrir el Estrecho, no hace más que agravar la situación. La advertencia de “enfrentarse al infierno” si no se cumplen sus demandas es, cuanto menos, preocupante.

La cifra habla por sí sola: en marzo, la producción de la OPEP se desplomó hasta los 21,57 millones de barriles diarios, el nivel más bajo desde junio de 2020, con pérdidas estimadas en 7,2 millones de barriles diarios. Países como Kuwait, Irak, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, pilares fundamentales de la organización, han visto cómo sus exportaciones se paralizan, obligándolos a reducir la producción. La situación ha provocado que el precio del barril de Brent se disparara a 120 dólares el mes pasado, aunque ha retrocedido ligeramente hasta los 109,73 dólares, mientras que el West Texas Intermediate, con una prima inusual, se cotiza en 111,20 dólares.

Ataques y recortes: la crisis se profundiza

Ataques y recortes: la crisis se profundiza

Pero hay un detalle que la mayoría parece ignorar: los ataques iraníes a la infraestructura petrolera de países vecinos, como Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Kuwait, continúan. La reciente oleada de agresiones, reportada ayer por UPI, indica que la estabilidad en la región es, por ahora, una quimera. Mientras tanto, Venezuela y Nigeria son las únicas excepciones dentro de la OPEP, mostrando un ligero aumento en su producción, aunque su impacto global es limitado.

La estrategia de la OPEP parece clara: mantener una postura flexible, lista para aumentar la producción en cuanto la situación en Ormuz lo permita. Sin embargo, la persistencia de la crisis y la intransigencia de Washington sugieren que esa posibilidad está, en el mejor de los casos, lejana. El mercado observa, con cautela, cómo la geopolítica sigue dictando el precio del petróleo, demostrando una vez más que la política y la economía están, inextricablemente, unidas.

La incertidumbre reina. Y mientras los geopolíticos hablan de “tomar el petróleo” y los traders ajustan sus posiciones, las refinerías mundiales se preparan para un futuro de precios volátiles y suministro incierto. El riesgo de una interrupción total del flujo petrolero a través del Estrecho de Ormuz, aunque improbable, sigue siendo una espada de Damocles sobre la economía global.