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Guerra en oriente medio: ¿el detonante de un desplome bursátil?

El mercado ha entrado en un terreno movedizo. En menos de un mes, el Dow Jones, el Nasdaq y el S&P 500 han caído por debajo de sus máximos históricos, mostrando señales de corrección que, de confirmarse, podrían desencadenar un escenario mucho más grave: un desplome bursátil. Y la chispa, parece ser, ha venido de Oriente Medio.

El cierre del estrecho de ormuz, una bomba de relojería

La reciente escalada del conflicto entre Irán e Israel, con la virtual clausura del Estrecho de Ormuz, ha provocado una disrupción energética sin precedentes en la historia reciente. El estrecho, por donde transita aproximadamente el 20% de la demanda mundial de petróleo, se ha convertido en un punto crítico de vulnerabilidad. El precio del combustible ya se ha disparado, y la incertidumbre se cierne sobre la economía global.

La historia, irónicamente, ofrece una pista. Según un análisis de Carson Group, desde la Segunda Guerra Mundial, se han producido 43 eventos geopolíticos relevantes. La mayoría, se desvanecieron como niebla. Pero hay un patrón recurrente: los choques energéticos suelen ser los catalizadores de caídas bursátiles significativas. Recordemos el embargo petrolero de la OPEP en 1973, que provocó una caída del 45% en el S&P 500, o la invasión de Kuwait por Irak en 1990, que hundió el índice en territorio negativo en cuestión de semanas.

Pero la situación actual es aún más delicada. El mercado, ya de por sí sobrevalorado según el índice Shiller, se sostenía gracias a las expectativas de recortes en los tipos de interés por parte de la Reserva Federal. La escalada de la inflación, directamente relacionada con la crisis energética, podría obligar a la Fed a endurecer su política monetaria, lo que agravaría aún más la presión sobre las bolsas.

¿Una oportunidad para los inversores a largo plazo?

¿Una oportunidad para los inversores a largo plazo?

La volatilidad es inherente a los mercados financieros, y las correcciones son una parte inevitable del ciclo. Los datos históricos de Bespoke Investment Group revelan que, en promedio, los mercados se recuperan de las caídas del 20% en tan solo 286 días. Las subidas, por otro lado, suelen durar más, alrededor de dos años y nueve meses. La clave, como siempre, reside en mantener la calma y adoptar una perspectiva a largo plazo.

Si bien la posibilidad de un desplome bursátil bajo la administración Trump es real, la historia también nos enseña que los momentos de mayor turbulencia pueden generar oportunidades para los inversores pacientes. Las caídas abruptas, lejos de ser el fin del mundo, suelen ser el principio de nuevas oleadas alcistas. La pregunta no es si caerá, sino cuándo y cómo reaccionar ante la caída.

La perseverancia, como siempre, será la virtud de los ganadores. Las cifras hablan por sí solas: en el último siglo, las acciones han superado a todas las demás clases de activos. Y aunque las tormentas son inevitables, también lo es la calma que las sigue.