El flete regresa a la fiebre del covid: ¿es sostenible?

El mercado del transporte de mercancías está exhibiendo síntomas alarmantes: precios desbocados y una escasez de capacidad que recuerdan a los peores momentos de la pandemia. Un reciente estudio revela que la situación ha alcanzado niveles extremos, superando incluso los picos de la euforia logística de 2021.

La capacidad se diluye, los precios se disparan

La capacidad se diluye, los precios se disparan

El Logistics Managers’ Index (LMI) de marzo pintó un panorama sombrío. Con una lectura de 39.2 para la capacidad de transporte y un escalofriante 89.4 para los precios, la brecha se amplió hasta los 50.2 puntos, el mayor diferencial positivo desde noviembre de 2021. La capacidad ha retrocedido durante cuatro meses consecutivos, mientras que los precios se dispararon a su ritmo más rápido desde marzo de 2022, impulsados en parte por la escalada de tensiones en Oriente Medio.

Pero la guerra de Irán no es la única causa. Lo que nadie cuenta es la creciente presión regulatoria: requisitos de dominio del inglés, restricciones para conductores no domiciliados, una ofensiva contra los proveedores de dispositivos de registro electrónico (ELD) y cierres forzosos de escuelas de conductores. Estas medidas han reducido drásticamente la disponibilidad de camiones, exacerbando la escasez.

La aceleración de los precios fue especialmente notable en la segunda mitad de marzo, pasando de 81.9 a 94, mientras que la capacidad se desplomaba de 44.4 a 36. Las empresas más pequeñas (menos de 1,000 empleados) lideran la escalada de precios, con un índice de 92.7, superando en 8 puntos el sentimiento de las grandes corporaciones.

La utilización del transporte (62.9) experimentó un leve incremento, pero las expectativas futuras son desalentadoras: los gestores logísticos anticipan un mercado extremadamente tenso en los próximos 12 meses, con lecturas de 34.9 para la capacidad, 67.9 para la utilización y un sorprendente 93 para los precios. El índice OTRI (Outbound Tender Rejection Index), un indicador clave de la capacidad de camiones, confirma la tendencia a la baja, reflejando un mercado de cargas cada vez más ajustado.

Las empresas han reducido sus inventarios a niveles mínimos, apostando por estrategias “justo a tiempo” en lugar del “justo por si acaso” de la pandemia. El índice de inventario se sitúa en 54.8, muy por debajo del 73.8 de marzo de 2022. Las grandes empresas, como los gigantes minoristas, lideran esta reducción, mientras que las pequeñas luchan por mantener niveles de stock adecuados.

El coste de los inventarios se dispara (76.2), con un aumento de 8.4 puntos con respecto a febrero, debido al incremento de los tipos de interés y los alquileres de almacenes. Incluso las empresas más pequeñas, con niveles de inventario estables, están sintiendo el golpe. La escasez de inventarios obliga a las empresas a buscar soluciones logísticas, pero también las sitúa en una encrucijada, atrapadas entre los aranceles que limitan las decisiones de inventario y los altos costes de combustible que incentivan la consolidación de cargas.

La situación actual es un cóctel explosivo: un mercado de transporte con signos de efervescencia y unos inventarios peligrosamente escasos. Podrían surgir problemas de desabastecimiento, y la demanda podría verse afectada por el aumento de los costes. Las cadenas de suministro se han vuelto más flexibles en los últimos cuatro años, pero nadie puede predecir con certeza cómo este escenario único afectará a la industria logística.

El índice LMI general se sitúa en 65.7, superando los niveles de febrero y marcando su ritmo de crecimiento más rápido desde mayo de 2022. La capacidad de almacenamiento también se está reduciendo, lo que agrava aún más la situación. El panorama global revela un ambiente altamente inflacionario.