Delta: el combustible es el nuevo rey, pero la demanda sigue siendo un desafío
Delta Air Lines ha publicado unos resultados sorprendentes, un 42% más de beneficio en el primer trimestre, un logro que disimula una realidad financiera compleja y, francamente, preocupante. La compañía, que se aferra a un rendimiento ajustado de 0,64 dólares por acción, se enfrenta a una tormenta perfecta de subidas de costes energéticos y pérdidas en inversiones que, a pesar de todo, la mantienen a flote.
Un combustible que ahoga las ganancias
La verdad es que el factor determinante sigue siendo el precio del combustible. Delta ha pagado, de media, 2,62 dólares el galón en el primer trimestre, un incremento del 7% respecto al año anterior. Y las proyecciones para el segundo trimestre son aún más desalentadoras: un promedio de 4,30 dólares el galón, con una explosión en los costes energéticos que podría superar los 2.000 millones de dólares. La estrategia para contrarrestar esta barbaridad es, cuanto menos, pragmática: reducir el crecimiento de la capacidad, mantener la oferta en el mismo nivel que el año pasado y, lo más importante, subir los precios. Un enfoque que, si bien puede paliar el dolor, no soluciona el problema subyacente.
La compañía sí tiene un rayo de esperanza: su planta refinería, que aportará un beneficio de 300 millones de dólares en el segundo trimestre. Pero esto es, en el mejor de los casos, una solución temporal. La realidad es que Delta se encuentra en una posición delicada.

Demanda robusta, pero con cautela
Si bien la demanda sigue siendo fuerte –con un aumento del 9,4% en los ingresos ajustados y un crecimiento del 14% en los billetes de primera clase–, la compañía se muestra cautelosa. La encuesta corporativa que cita Delta revela que el 85% de los encuestados prevé un aumento o estabilidad en el gasto de viaje en el segundo trimestre. Un dato que, en principio, debería ser motivo de celebración, pero que se ve empañado por la incertidumbre del precio del combustible. El CEO, Ed Bastian, ha sido claro:
