Syngenta lanza virestina: ¿el fin de la resistencia a herbicidas?
La batalla contra las malas hierbas, una amenaza silenciosa que devora miles de millones de dólares a la agricultura global, acaba de recibir un nuevo y prometedor contendiente. Syngenta, gigante químico de origen chino, ha anunciado la inminente llegada de Virestina a Sudamérica, un herbicida diseñado para doblegar a las gramíneas que han desarrollado resistencia a los tratamientos convencionales. La presión es enorme: la resistencia de las malas hierbas ya está diezmando cosechas de soja y algodón, y la situación podría empeorar.

Un nuevo enfoque en un problema ancestral
Durante décadas, la industria agrícola ha dependido de un puñado de herbicidas, como el glyphosate, ingrediente principal del Roundup de Bayer. Esta dependencia, sin embargo, ha provocado una evolución acelerada de la resistencia en las malas hierbas. Algunas especies, como el waterhemp y el palmer amaranth, ya pueden resistir hasta cinco químicos diferentes, lo que supone un coste anual de 33.000 millones de dólares para la agricultura estadounidense, según datos de la Universidad Estatal de Colorado.
Virestina, cuyo lanzamiento está previsto para junio en Argentina, el tercer mayor productor de soja del mundo, introduce una molécula inédita, metproxybicyclone, desarrollada con modelos de aprendizaje automático. A diferencia de otros herbicidas, Virestina ataca enzimas específicas de las gramíneas sin afectar a las de los cultivos, ofreciendo una selectividad prometedora. La estrategia de Syngenta va más allá: la compañía planea adaptar variedades de maíz genéticamente modificadas para que toleren el herbicida, ampliando así su espectro de acción.
Pero no es Syngenta la única empresa en la carrera por encontrar soluciones. Bayer, Corteva y otras gigantes del sector invierten fuertemente en investigación y desarrollo de nuevos herbicidas, un esfuerzo que ha estado estancado durante décadas. Bayer, por ejemplo, está trabajando en Icafolin, cuya llegada a Brasil está prevista para 2028.
La presión política complica el panorama. Mientras Syngenta destina alrededor de 2.000 millones de dólares anuales a I+D, grupos de presión ligados al movimiento “Make America Healthy Again” atacan la utilización de algunos herbicidas ampliamente utilizados, generando un clima de incertidumbre y dificultando la aprobación de nuevos productos, especialmente en Estados Unidos, donde los procesos regulatorios son más largos.
La resistencia de las malas hierbas no es un problema nuevo, pero su velocidad de propagación y la complejidad de las soluciones requieren un enfoque innovador. Los agricultores se enfrentan a una crisis creciente, y Virestina podría ser una herramienta clave en la lucha, aunque su éxito a largo plazo dependerá de la capacidad de Syngenta para anticiparse a las nuevas estrategias de resistencia que las malas hierbas desarrollarán, inevitablemente, en el futuro.
