Pomuch: Donde los Muertos Respiran al Aire Libre

Un cementerio singular en campeche

En la villa campechana de Pomuch, en el sureste de México, existe una tradición inusual: los difuntos del pueblo se pasean libremente. Se dice que andan entre el polvo levantado por el viento, casi como si se pudieran respirar. Esta costumbre podría parecer un mito de "pueblo mágico" o una alegoría a la obra de Juan Rulfo, pero es una realidad palpable, envuelta en un profundo apego a las raíces y la memoria.

El polvo y los recuerdos

El polvo que cubre el rostro y las manos en el Día de Muertos tiene un origen especial: contiene partículas de restos humanos erosionados por el viento a lo largo de los años. Esta fina capa se deposita sobre objetos cotidianos, como botellas de cerveza o aguardiente, impregnando el ambiente con la presencia constante de los antepasados. Es una manifestación palpable de su permanencia, sempiterna entre quienes habitan el pueblo.

La tradición de la exhumación

En Pomuch, según la tradición local, los restos de los difuntos son exhumados a los dos o tres años de su fallecimiento. Este ritual permite a las familias mantener a sus seres queridos presentes en la vida cotidiana, testigos perpetuos de la villa. Esta práctica, lejos de ser una costumbre pagana, es una extrema muestra de amor filial y una forma de reafirmar la identidad a través de quienes los precedieron.

El viaje a pomuch: pan, fe y peregrinación

El camino a Pomuch comienza en Mérida, recorriendo unos 150 kilómetros hacia el noreste en dirección a Campeche. La carretera, aunque en proceso de modernización, ya aporta su cuota de polvo. El destino atrae a viajeros por dos razones principales: para adquirir el pan tradicional del estado o para presenciar la peculiar costumbre de ver a los muertos "respirando al aire libre". También se puede observar a peregrinos como los Antorchistas Guadalupanos, que recorren largas distancias a pie para llegar al santuario de la Virgen de Guadalupe.

Rituales y recuerdos en el cementerio

El cementerio de Pomuch es un lugar único, donde los huesos se exhiben fuera de las tumbas, sin las restricciones de las tradiciones judeocristianas. Se combinan oraciones en maya y español, invocando a santos y a la Virgen para acompañar a los difuntos en la otra vida. Entre el aroma del cempasúchil y el lodo de las casas rurales, se escuchan conversaciones, llantos y los flashes de las cámaras, incomodando a algunos lugareños.

Guardianes de la memoria y la erosión del tiempo

En el pasado, figuras como José Euán, conocido como “el Campechano”, eran guardianes del cementerio, viviendo entre los sepulcros y desarrollando una conexión profunda con la muerte. Hoy en día, personas como José Alfonso Hernández Aké continúan con la labor de exhumar y limpiar los restos, manteniendo viva la tradición a pesar del paso del tiempo y la influencia de la modernidad. La juventud, a menudo, se desconecta de estas prácticas ancestrales, poniendo en riesgo la continuidad de esta singular costumbre.