La casa de Ana Ajmátova

Poemas de Ajmátova •Versiones de José Luis Reina Palazón ___________________   Ana Ajmátova, seudónimo de Ana Andreievna Gorenko, nació en Odessa en 1989. Sus principales trabajos publicados fueron Atardecer (1912), El Rosario (1914), Anno domini MXMXXI (1922), Sauce (1940) y Poema sin héroe (1962). Su obra Réquiem, escrita entre 1935 y 1940, recién fue editada en la Unión Soviética en 1987, luego de que recibiera importantes distinciones y premios internacionales. Falleció en Domodedovo, pueblo cercano a Moscú en 1966.   De Réquiem I Al alba te llevaron, como a un entierro tras de ti mi salida, en la oscura alcoba los niños lloraron, ante el santo quedaba la vela derretida. En tus labios el frío de un icono. Sudor de muerte en la frente no olvido. Como las mujeres de Streliezki pregono bajo las torres del Kremlin mi alarido 5 Diecisiete meses grito, a la casa te reclamo, al verdugo ayer suplico, por ti mi hijo y mi espanto. Todo se enreda sin nombre ya no sé diferenciar quién es la bestia o el hombre, si la ejecución he de esperar. Sólo las flores polvorientas, incensario, tintineo, huellas a cualquier y a ninguna parte. A los ojos me mira lanzada y de un pronto desastre me amenaza una estrella gigante. 6 Las semanas en un vuelo acaban, De lo ocurrido no sé dar razón. Cómo, hijo mío, en la prisión las noches blancas te miraban cómo ellas vuelven a verte con ojo ardiente de azor, de tu alta cruz en redor hablan y sobre la muerte.     La casa de Ana Ajmátova Un museo de la memoria Durante el pasado mes de junio tuve ocasión de realizar un viaje a San Petersburgo, la antigua Leningrado, la fastuosa ciudad que los monarcas rusos erigieron a imagen y semejanza de las grandes construcciones europeas en la costa del Neva.>>> por Javier Cófreces ◄>>> Una sencilla guía turística comprada en el metro (escrita en todos los idiomas menos en español), recomendaba contemplar el esplendor de los palacios y edificios diseñados por artistas y arquitectos famosos, admirar la pomposidad de las catedrales y el colorido de las cúpulas con forma de cebolla en los templos ortodoxos. El folleto también sugería, aunque con tipografía más pequeña, visitar la casa de la poeta Ana Ajmátova, transformada en museo desde 1989, en conmemoración del centenario de su nacimiento. La escritora, convertida en símbolo de la resistencia de las mujeres rusas ante las violaciones de los derechos humanos, inevitablemente evoca el paradigma encarnado en nuestro país por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. El asesinato de su marido, el escritor Gumilev y el encarcelamiento de su hijo Lev propiciaron su rebeldía ante un régimen que apresaba, torturaba y desterraba a los opositores. Fruto de aquel sufrimiento quedó el legado poético de Ajmátova y su desgarrador Réquiem. Luego de recorrer la vivienda repleta de objetos, fotografías, papeles y libros que acompañaron el padecimiento de la escritora escribí un poema. Pretendí evocar en su lenguaje el punto más emotivo de mi “periplo soviético”, el arribo a un sitio más conmovedor que el Palacio Hermitage, la Catedral de San Isaac, el Almirantazgo y el Templo de San Salvador Sobre la Sangre, entre otras atracciones turísticas que la antigua Leningrado ofrece a sus visitantes.   Visita a la casa de Ana Ajmátova •Por Javier Cófreces ____________________________________   Cómo es que preguntaste Desde El sótano del recuerdo ¿Dónde es mi casa, dónde mi cordura? Ana Ajmátova Pocos pasos mediaban entre la habitación que ocupamos una semana de junio en San Petersburgo y la antigua casa que habitara Ana Andreievna Gorenko convertida en museo desde la Perestroika Sólo había que cruzar el canal Fontanka no muy lejos de su unión con el Neva. Al pórtico se accede desde un parque pulmón de manzana con típico diseño soviético. Una puerta sencilla conduce a los recintos del hogar que contuvo a la poeta enferma. Sumida en la angustia del terror a Yezhov el fusilamiento de su esposo y el encarcelamiento de su hijo. Los años blindados oscurecieron las noches blancas de Leningrado y dieron luz al famoso Réquiem que susurraba la mujer más famosa de la ciudad junto a otras madres que visitaban hijos presos y torturados: De ellas me acuerdo siempre por doquier Ni en las nuevas desgracias las olvidaré Y si me amordazan la boca de tormento atrita Por la que un pueblo de cien millones grita Que sea posible que ellas en su pensar me eleven En la víspera del día que a la tierra me lleven.   Sobre este artículo Publicado en Confines N°4 Octubre de 2007 •Por Javier Cófreces en San Petersburgo Especial para Confines - El extremo Sur   Octubre de 2007 Quiénes somos | Contacto | Publicidad | Derechos y reproducción | Desarrollo web | Arriba ↑ 2010 © Confines Arte y Cultura de la Patagonia| es una publicación de Editorial Revuelto Magallanes