Tesla: ¿despegue final o aterrizaje forzoso?
La apuesta de Tesla por la inteligencia artificial, la autonomía y la robótica se intensifica, pero la empresa se enfrenta a un problema de oxígeno: necesita seguir vendiendo coches para financiar su ambiciosa transición. Un delicado equilibrio que, según Bloomberg, está bajo presión.
Cifras que preocupan a wall street
Las entregas del último trimestre rondaron las 372.160 unidades, un incremento del 11% respecto al año anterior. Un dato positivo, sí, pero inferior a las cifras de casi 500.000 unidades que Tesla ha alcanzado en trimestres recientes. Los vientos en contra, incluyendo las reacciones políticas a las declaraciones de Elon Musk y las interrupciones en la producción del Model Y, han dejado su huella. Pero la realidad es que el mercado de vehículos eléctricos se enfría a nivel global, los incentivos fiscales en Estados Unidos se han esfumado, y la competencia se agudiza.
Gene Munster, analista, apunta a la necesidad de estabilidad en las cifras sin la ayuda de los créditos fiscales. Y en eso reside la clave: ¿puede Tesla demostrar esa solidez sin el impulso artificial de las ayudas gubernamentales?

Un rayo de esperanza en china
Si bien Europa permanece en un estado de letargo, China emerge como un contrapunto. Las exportaciones desde Shanghai se dispararon un 91% en febrero, según datos preliminares del sector. Un dato que, sin embargo, no disipa las dudas sobre la sostenibilidad de la demanda a largo plazo.

La mirada se desplaza a la robótica
Lo que nadie cuenta es que la atención de los inversores se está desplazando de las entregas trimestrales hacia las apuestas a largo plazo de Tesla: los taxis autónomos (Cybercab), el robot humanoide Optimus y, en general, su ambiciosa hoja de ruta en robótica. El coche, cada vez más, se ve como un mero medio para financiar estos proyectos.
Tras alcanzar máximos históricos en diciembre, las acciones de Tesla han experimentado un enfriamiento. Garrett Nelson, de CFRA, lo resume con contundencia: “No se trata tanto de las entregas, sino de la imagen global. De anuncios como el de la Terafab y de este derroche en inversiones que está llevando a cabo Tesla. Esa expansión desmedida de gastos está lastrando la confianza en la empresa.”
La cifra habla por sí sola: Tesla está quemando efectivo a un ritmo alarmante. La pregunta no es si la empresa puede innovar, sino si puede hacerlo sin ahogarse en sus propios gastos.