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Texas instruments: el gigante análogo que desafía la fiebre de la ia

Mientras Silicon Valley se desgañita por la inteligencia artificial, Texas Instruments (TXN) está demostrando que la solidez reside en los cimientos. La empresa, a menudo recordada por sus calculadoras, se ha convertido en un actor esencial en el auge de la IA, aunque de una manera que pocos comprenden, y su acción presenta una oportunidad de inversión poco evidente.

El músculo oculto de los centros de datos

La clave está en los chips análogos. Sí, esos componentes que muchos dan por obsoletos en la era digital son, en realidad, el corazón que bombea energía y datos en los centros de datos que alimentan la IA. Según la propia Texas Instruments, las ventas a estos centros de datos han crecido un impresionante 70% en el último año. La necesidad de gestionar eficientemente la electricidad y las señales en estos entornos de alto consumo es crítica, y ahí es donde la experiencia de TI brilla con luz propia. Los servidores de IA requieren una gestión energética y de señales de alto rendimiento, áreas en las que Texas Instruments posee una ventaja competitiva.

Pero hay un detalle que escapa a muchos: Texas Instruments no solo fabrica estos chips, sino que también controla gran parte de su producción. A diferencia de las empresas “fabless” que dependen de terceros como Taiwan Semiconductor Manufacturing, TI posee y opera la mayoría de sus instalaciones de fabricación, una decisión estratégica que le otorga una independencia y control de costes envidiables. La reciente puesta en marcha de una nueva planta de fabricación de 300 milímetros en Sherman Oaks, Texas, refuerza esta apuesta por la autosuficiencia y garantiza una producción estable a largo plazo.

Un dividendo que seduce a los inversores

Un dividendo que seduce a los inversores

Más allá de su posición estratégica, Texas Instruments es una máquina de generar dividendos. La empresa ha aumentado su dividendo durante 22 años consecutivos, con un incremento del 4% previsto para 2025. El rendimiento actual del dividendo se sitúa en un atractivo 2.9%, y en la última década, la compañía ha incrementado su dividendo en un asombroso 273%. Esta consistencia, aun en años de importantes inversiones en capital, como los 4.700 millones de dólares invertidos en 2025, es una señal de la solidez financiera de la empresa.

La inversión de 30 millones de dólares en la nueva planta en Texas no solo busca reducir la dependencia de fundiciones externas, sino también protegerse de posibles aranceles. Mantener la producción en suelo estadounidense es una ventaja competitiva en un contexto geopolítico complejo. Con una reducción prevista en el gasto en capital de entre 2.000 y 5.000 millones de dólares anuales, Texas Instruments está liberando flujo de caja, lo que debería traducirse en un mayor crecimiento de las ganancias y, naturalmente, del dividendo.

El balance de 2025 refleja esta solidez: ingresos de 17.700 millones de dólares, un aumento del 13%, y un incremento del 4.8% en las ganancias por acción, hasta los 5.45 dólares. La empresa, además, planea alcanzar una producción interna del 95% de sus obleas para finales de la década, optimizando costes y garantizando la calidad de sus productos gracias al uso de obleas de 300 milímetros, que permiten fabricar un 40% más de chips que las de 200 milímetros.

La reciente caída de la acción de Texas Instruments, un retroceso del 0,73%, representa una oportunidad para inversores pacientes. Mientras el mercado se concentra en la euforia de la IA, TI está optimizando costes y aumentando su capacidad de producción. La convergencia de estos dos factores augura un sólido crecimiento tanto en el precio de la acción como en el dividendo, demostrando que a veces, la verdadera innovación reside en dominar los fundamentos.