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Oro desploma más de 10%: goldman sachs se mantiene firme en su apuesta

El oro ha sufrido su peor mes en más de una década, perdiendo más del 10% en marzo de 2026. Sin embargo, en medio del pánico vendedor, Goldman Sachs mantiene su objetivo de 5.400 dólares por onza para finales de año, desafiando la corriente y apostando por la resistencia de los inversores a largo plazo.

¿Una corrección temporal o el fin de la subida?

El precio del oro, que se cotiza actualmente en torno a los 4.567-4.769 dólares, se aleja considerablemente de su máximo histórico, alcanzado a finales de enero en aproximadamente 5.600 dólares. La venta masiva de marzo, impulsada por el conflicto entre Estados Unidos e Irán y el consiguiente aumento de las expectativas inflacionarias, ha sorprendido a muchos, pero los analistas de Goldman Sachs parecen imperturbables. Su mensaje es claro: la reciente caída no altera su análisis estructural.

Daan Struyven y Lina Thomas, analistas de Goldman Sachs, elevaron su objetivo de precio para finales de 2026 hasta los 5.400 dólares en enero, y han mantenido esa predicción a pesar de la turbulencia del mes pasado. La clave, según la entidad, radica en la solidez de las posiciones de los inversores privados, aquellos que han recurrido al oro como refugio ante riesgos macroeconómicos a largo plazo, como la sostenibilidad fiscal y las dudas sobre la independencia de los bancos centrales.

Lo que Goldman Sachs realmente dijo es que estas posiciones son “más pegajosas” que las apuestas tácticas que se deshicieron tras las elecciones estadounidenses de 2024, ya que las preocupaciones subyacentes no se resolverán en una fecha determinada. De hecho, Struyven y Thomas advierten que “los riesgos para la previsión mejorada están significativamente sesgados al alza, ya que los inversores del sector privado podrían diversificar aún más debido a la incertidumbre de las políticas globales”.

Tres pilares sostienen la tesis de goldman

Tres pilares sostienen la tesis de goldman

La confianza de Goldman Sachs se basa en tres pilares fundamentales: la compra de oro por parte de los bancos centrales, las entradas en los ETF de oro y la creciente demanda de lingotes físicos impulsada por la incertidumbre sobre la deuda pública y la política monetaria. En concreto, se espera que los bancos centrales de los mercados emergentes adquieran alrededor de 60 toneladas de oro al mes en 2026, diversificando sus reservas alejándolas del dólar estadounidense. China, por ejemplo, ha extendido sus compras de oro durante 15 meses consecutivos hasta enero de 2026, una señal inequívoca de la tendencia global.

Además, los ETF de oro occidentales han sumado unas 500 toneladas desde principios de 2025, superando con creces lo que las recortes de tipos de interés de la Reserva Federal podrían explicar por sí solos. Goldman Sachs anticipa una nueva rebaja de medio punto porcentual por parte de la Fed en 2026, lo que podría añadir unos 120 dólares por onza al precio del oro. Y, por último, la llamada “operación de rebaja” – la compra de lingotes físicos por parte de inversores con alto patrimonio neto y la adquisición de opciones de compra por parte de instituciones – refleja una preocupación a largo plazo sobre la deuda gubernamental y la credibilidad de la política monetaria.

Pero, ¿por qué la caída tan brusca en marzo? El conflicto con Irán provocó un fuerte aumento de los precios del petróleo y avivó las expectativas inflacionarias. Esto, a su vez, impulsó los rendimientos de los bonos del Tesoro y fortaleció el dólar, dos factores que históricamente han presionado a la baja el precio del oro, un activo que no genera intereses. La liquidación de reservas de oro por parte de los estados del Golfo para cubrir déficits presupuestarios también contribuyó a la presión a la baja.

Mientras que Goldman Sachs se muestra optimista, otros analistas son más cautelosos. UBS ha elevado su objetivo de precio hasta los 6.200 dólares para los primeros tres trimestres de 2026, con un escenario alcista de 7.200 dólares. Deutsche Bank mantiene un objetivo de 6.000 dólares, y JPMorgan llega hasta los 6.300 dólares. La diferencia en las previsiones refleja distintas expectativas sobre la magnitud de la demanda continua por parte de los inversores privados.

La caída de marzo ha sido dura, pero Goldman Sachs considera que no es más que un parpadeo en el camino. La solidez de los fundamentos estructurales, la compra constante por parte de los bancos centrales y la creciente demanda de refugio seguro sugieren que el oro todavía tiene mucho recorrido por delante. La pregunta ya no es si el oro subirá, sino cuándo.