Joby y Archer, hundidas tras la larga espera de la FAA: ¿hora de apostar o de huir?
Las acciones de Joby Aviation (JOBY) y Archer Aviation (ACHR) han sufrido un desplome superior al 50% en el último año, víctimas de una larga espera ante la Administración Federal de Aviación (FAA) para aprobar sus vehículos de despegue y aterrizaje vertical eléctricos (eVTOL). La incertidumbre regulatoria, sumada a la inflación y las expectativas de subidas de tipos, ha erosionado la confianza de los inversores.
Dos promesas, un futuro incierto
Tanto Joby como Archer se perfilan como pioneros en el mercado emergente de los taxis aéreos urbanos, ofreciendo alternativas más limpias y maniobrables que los helicópteros tradicionales. El S4 de Joby, con una autonomía de hasta 150 millas y una velocidad de 200 mph, compite con el Midnight de Archer, que alcanza las 100 millas con una velocidad máxima de 150 mph. La clave reside en la propulsión: el S4 emplea rotores de una sola inclinación para el ascenso y el crucero, mientras que el Midnight utiliza dos sistemas separados, lo que resulta en un diseño más pesado y menos eficiente energéticamente.
Joby, con su ambicioso plan de ‘transporte como servicio’, busca integrarse verticalmente, fabricando, operando y gestionando su propia red de taxis aéreos. Archer, por su parte, se centra en ser un fabricante de equipos originales (OEM), vendiendo la mayoría de sus aeronaves a flotas de terceros. La cadena de suministro de Joby se presenta como más sólida, gracias al uso de componentes de primera calidad, una ventaja que Archer aún no ha logrado consolidar.
Ambas compañías cuentan con el respaldo de importantes inversores, incluyendo Toyota, Delta Air Lines y Uber para Joby, y Stellantis y United Airlines para Archer. Sin embargo, la dependencia de estas alianzas también implica riesgos. Joby ha adquirido Blade Air Mobility, una subsidiaria que genera ingresos actuales, mientras que Archer depende de la captación de nuevos pedidos de OEM.

El FAA como factor determinante
La aprobación de la FAA es el principal obstáculo. Joby se encuentra más avanzado en el proceso de homologación, pero la demora sigue siendo preocupante. Los analistas estiman que, asumiendo la aprobación final, Joby podría generar ingresos de 113.9 millones de dólares en 2026, 221.1 millones en 2027 y 456.8 millones en 2028. Archer, por su parte, podría alcanzar los 10 millones de dólares en 2026, 85.9 millones en 2027 y 481.3 millones en 2028. Estas proyecciones, sin embargo, deben tomarse con cautela.
A pesar de la incertidumbre, las acciones de Joby cotizan a 15 veces sus previsiones de ventas de 2028, mientras que las de Archer se negocian a 7 veces esa cifra. Joby, con sus mayores ingresos actuales y su modelo de negocio más robusto, se presenta como una opción más segura, aunque su valoración es más elevada. En definitiva, la apuesta por estas empresas requiere una evaluación cuidadosa de los riesgos y las oportunidades, considerando la prolongada espera regulatoria y las tensiones macroeconómicas.