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Figma: el brillo se desvanece, ¿una trampa para inversores?

La euforia en torno a Figma, la plataforma de diseño colaborativo, parece estar perdiendo fuelle. Tras un debut bursátil prometedor y un crecimiento vertiginoso, las acciones de la empresa se están alejando de su pico inicial, y la realidad es que la promesa de multiplicar tu inversión por cien parece, cuanto menos, exagerada.

¿Qué hace figma y por qué generó tanto revuelo?

Figma ha conquistado a diseñadores, desarrolladores de aplicaciones y empresas gracias a su herramienta que permite la creación y edición simultánea de interfaces visuales. Es cierto que su modelo se asemeja al de Slack, Monday.com o incluso a soluciones de Google y Microsoft, pero su interfaz de prototipado ha sido, hasta ahora, un diferenciador clave. La empresa ha logrado atraer a más de 15.000 clientes de pago y facturó más de mil millones de dólares el año pasado, un aumento del 41% respecto al año anterior. Pero, ¿es suficiente?

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La ausencia de un 'moat' defensivo: el talón de aquiles de figma

El problema fundamental de Figma reside en su vulnerabilidad. En el frenético mundo de la tecnología, la innovación es constante, y las empresas más poderosas no tardarán en replicar su funcionalidad. Microsoft, Adobe con su Adobe XD, Penpot y otras alternativas de código abierto ya están acechando. ¿Dónde está la barrera que impida a estas gigantes integrar la funcionalidad de Figma en sus propios productos? La respuesta, lamentablemente, es que no existe. Se puede patentar un proceso, registrar una marca, pero no se puede patentar una idea.

La cifra habla por sí sola: Figma, a pesar de su crecimiento, continúa aumentando sus pérdidas a medida que incrementa sus gastos en investigación y desarrollo y en marketing. La empresa parece estar comprando crecimiento, en lugar de construirlo de manera sostenible. Esto no es precisamente una receta para el éxito a largo plazo.

Un mercado cap de 11.000 millones de dólares es una apuesta arriesgada. Si bien es posible que Figma logre mantenerse relevante a corto plazo, la probabilidad de que sus acciones experimenten un crecimiento exponencial, capaz de transformar una inversión de 10.000 dólares en una fortuna de siete cifras, es ínfima. La mejor estrategia, en este caso, podría ser asegurar una parte de las ganancias actuales y alejarse antes de que la competencia ahogue a la empresa.

La lección es clara: no todos los 'hypes' tecnológicos se traducen en oportunidades de inversión duraderas. Una empresa puede ser innovadora, tener un producto atractivo y crecer rápidamente, pero si carece de una ventaja competitiva sostenible, su futuro es incierto. En este caso, la prudenticia es el mejor consejero.