Etf: la nueva batalla fiscal en wall street
La industria de los fondos ha estado tranquila durante demasiado tiempo, pero una silenciosa revolución está a punto de estallar. La jubilación de una patente clave abre las puertas a una nueva era de eficiencia fiscal que podría cambiar la forma en que millones de inversores gestionan sus carteras. ¿Estamos ante una burbuja de IA o una oportunidad real?
El origen de la estrategia dual: vanguard y el cambio de juego
El camino hacia esta disrupción comenzó en 1993 con la introducción de los ETFs en Estados Unidos. Durante años, estos fondos operaron como productos independientes hasta que, en 2000, la SEC permitió a Vanguard crear un modelo de doble clase. Este movimiento, que patentaron en 2001, consistía en integrar una versión ETF a un fondo mutuo existente, compartiendo el mismo portafolio. Permitía a los inversores elegir cómo interactuar con el fondo, ya sea a través de la volatilidad del mercado de valores o de la gestión más tradicional de un fondo mutuo.
Ahora, con la expiración de esa patente en 2023, la competencia se desata. Más de 90 gestores de activos, incluyendo algunos sin experiencia previa en ETFs, han solicitado a la SEC la aprobación para replicar este modelo, y 48 ya han recibido el visto bueno. Dimensional Fund Advisors fue el primero, pero F/m Investments, un gestor de renta fija de Washington D.C. con 18.000 millones de dólares bajo gestión, ha tomado la delantera al lanzar el primer fondo de doble clase fuera de Vanguard.

La ventaja fiscal: un cambio radical en la gestión de impuestos
La clave de este cambio no reside en la estructura en sí, sino en las implicaciones fiscales. Los fondos mutuos, por su naturaleza, suelen generar plusvalías al vender activos para cubrir los rescates de los inversores. Estas plusvalías se distribuyen a todos los accionistas, incluso a aquellos que no han vendido sus participaciones, generando una carga fiscal innecesaria. Los ETFs, en cambio, permiten a los inversores vender sus participaciones directamente en el mercado, sin desencadenar una obligación fiscal para el resto de los participantes del fondo. Este aspecto, simple pero poderoso, es el que está impulsando el interés en los fondos de doble clase.
La diferencia es palpable. Mientras que los fondos mutuos pueden generar impuestos en cualquier momento, dependiendo de las operaciones realizadas, los ETFs ofrecen una mayor eficiencia fiscal, permitiendo a los inversores gestionar sus obligaciones tributarias de manera más flexible.

Dominio vs. crecimiento: ¿el fin de los fondos mutuos?
Si bien los ETFs han experimentado un crecimiento meteórico en los últimos años, con entradas de capital que superaron los 1,5 billones de dólares el año pasado, los fondos mutuos siguen siendo un actor importante en la industria, gestionando cerca de 31,4 billones de dólares. Pero la llegada de los fondos de doble clase podría acelerar la tendencia a la baja. Como señala Jon Maier de J.P. Morgan Asset Management, la integración operativa y el cumplimiento regulatorio presentan desafíos, pero la posibilidad de una “reacción en cadena” es real. La aprobación de BlackRock, JPMorgan, Fidelity y State Street por parte de la SEC es una señal inequívoca de que este cambio no es una moda pasajera.
Paul Atkins, presidente de la SEC, ha destacado que esta pequeña modificación estructural podría beneficiar a millones de estadounidenses, citando la distribución de 175.000 millones de dólares en plusvalías por parte de los fondos mutuos en 2024. La cifra habla por sí sola.
Pero la infraestructura también plantea un problema: no existe un mecanismo automatizado para intercambiar participaciones entre fondos mutuos y ETFs, lo que obliga a los administradores a recurrir a procesos manuales. Sin embargo, una vez que los grandes actores establezcan una base sólida, es probable que otros sigan su ejemplo. La batalla por el futuro de la gestión de activos ha comenzado, y la eficiencia fiscal será la clave de la victoria.