Delta alza el vuelo: ¿resiliencia o tormenta de combustible?
Delta Air Lines ha abierto la temporada de resultados con una presión palpable: el encarecimiento del combustible, impulsado por la escalada de tensiones en Oriente Medio, amenaza con frenar el impulso del sector aéreo. La aerolínea, que liderará los informes esta semana, se enfrenta al desafío de mantener las expectativas a pesar de un escenario macroeconómico cada vez más turbulento.

El espejismo de la demanda robusta
A principios de marzo, Delta y American Airlines ofrecieron un panorama optimista, con datos de reservas y un fuerte apetito por los viajes que parecían contrarrestar el impacto del aumento de los precios del combustible. Ambas compañías incluso revisaron al alza sus previsiones de ingresos para el primer trimestre. Sin embargo, la calma era, quizás, solo la antesala de una tormenta. La reciente advertencia de Morgan Stanley, que ha rebajado sus estimaciones para todo el sector, pone de manifiesto la fragilidad de este optimismo.
Los analistas de Morgan Stanley, bajo el liderazgo de Ravi Shanker, han planteado la posibilidad de un nuevo ciclo de “resiliencia en las ganancias” si el sector logra mantener el tipo; pero a la vez, recortan las proyecciones, anticipando un “freno importante” en el segundo trimestre. Sus modelos, basados en un precio de referencia del combustible de 4 dólares por galón (que esperan que disminuya a 2,80 dólares en el cuarto trimestre), sugieren que los beneficios podrían verse seriamente afectados.
La escasez de almacenamiento de combustible para aviones es un factor agravante. A diferencia del diésel o la gasolina, el queroseno de aviación requiere instalaciones de almacenamiento especializadas (de acero inoxidable o revestidas con epoxi) debido a su alta peligrosidad y propensión a la contaminación. Según June Goh, analista de Sparta Commodities, la combinación de una capacidad de almacenamiento limitada y la reducción de la producción de refinerías asiáticas, agravada por la situación en el Estrecho de Ormuz, crea un cóctel explosivo que podría disparar los precios y encarecer significativamente los viajes.
Delta, sin embargo, cuenta con una baza que la diferencia: la refinería Monroe Energy en Trainer, Pensilvania, adquirida en 2012. Esta instalación, que ha recibido una inversión de 100 millones de dólares para maximizar la producción de queroseno, garantiza un suministro estable para las operaciones de Delta en la costa este, incluyendo sus centros de operaciones en Nueva York. Pero incluso esta ventaja podría no ser suficiente para compensar el impacto global de la crisis.
Las previsiones para 2026 son, en el mejor de los casos, inciertas y dependen en gran medida de la evolución de los precios del combustible. Morgan Stanley advierte que los pronósticos actuales podrían tener que ser revisados o ampliados considerablemente para reflejar la volatilidad del mercado, llegando a ser, según la firma, “prácticamente irrelevantes”.
El mercado ya ha reaccionado. Las acciones de American Airlines han caído más de un 28% este año, mientras que United Airlines y Southwest Airlines también han sufrido pérdidas significativas. La pregunta que se hacen los inversores es si el sector aéreo puede mantener su capacidad de adaptación ante este nuevo desafío.