Carlyle y kkr, a construir data centers para el ejército en medio de turbulencias financieras
El gigante de la inversión carlyle Group, junto con KKR, ha sido seleccionado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos para construir dos centros de datos de gran escala en bases militares. Un proyecto que, según estimaciones, rondará los 2.000 millones de dólares por instalación, impulsado por la creciente dependencia del Ejército en inteligencia artificial, particularmente en el contexto del conflicto en Irán.

Un salto tecnológico con un coste considerable
Lo sorprendente no es la inversión en infraestructura, sino el contexto en el que se produce. El Ejército, que prestará arrendamientos a largo plazo pero no aportará capital, se beneficia de la experiencia de firmas privadas como Carlyle y KKR en la construcción de ‘hyperscale computing capabilities’. La iniciativa se enmarca en una expansión acelerada del uso de la IA por parte del Ejército, con implicaciones directas para el conflicto actual.
Pero hay un detalle que merece atención. La operación se desarrolla en un momento de creciente incertidumbre en los mercados financieros. BMO Capital ha reducido su objetivo de precio para The Carlyle Group Inc. (CG) de 65 a 58 dólares, alertando sobre presiones de redención en fondos de cobertura (BDCs) y tensiones crediticias en el sector de la financiación de activos. Las fluctuaciones del mercado, exacerbadas por la expansión de los diferenciales de crédito y las persistentes preocupaciones sobre el fraude, están generando dudas sobre las prácticas de subrogación y las salvaguardias en caso de pérdidas.
En paralelo, las alternativas de gestión de activos enfrentan desafíos significativos. Los fondos de cobertura están sufriendo redenciones, el crédito en finanzas especiales se resiente y la inteligencia artificial está provocando disrupciones que impactan en la rentabilidad. La volatilidad del mercado añade una capa de complejidad a las potenciales valorizaciones. En este contexto, la decisión del Ejército de externalizar esta inversión tecnológica a gigantes como Carlyle y KKR adquiere una nueva dimensión.
Aunque la firma reconoce el potencial de CG como inversión, considera que otras acciones relacionadas con la inteligencia artificial ofrecen un mayor potencial alcista y un menor riesgo de caída. Y para aquellos inversores que busquen oportunidades en este sector, una de las opciones menos exploradas podría ser una acción de pequeña capitalización que, además, se beneficiaría de las tarifas de Trump y la reindustrialización en curso.
La cifra habla por sí sola: la inversión de 2.000 millones por centro de datos representa un compromiso considerable, pero también una apuesta estratégica por la tecnología y la infraestructura de vanguardia en un entorno geopolítico cada vez más volátil. La elección de Carlyle y KKR no es casualidad; es una decisión pragmática, impulsada por la necesidad de contar con la experiencia de los sectores privado en la construcción de capacidades de computación masiva.
