Beneficios de la seguridad social para hijos: ¿quiénes califican?
¿Qué ocurre si un padre fallece o queda discapacitado? Sus hijos podrían tener derecho a una ayuda económica de la Administración de la Seguridad Social. Una opción que muchos desconocen y que puede marcar una diferencia significativa en su futuro.

¿Quiénes pueden recibir estos beneficios?
Para ser elegibles, el hijo debe tener un padre que esté jubilado y reciba beneficios de la Seguridad Social, o que tenga una discapacidad reconocida y reciba prestaciones. También se considera el fallecimiento del progenitor, siempre que este haya cotizado lo suficiente.
La edad también importa. Si el hijo es menor de 18 años, o está entre 18 y 19 años y cursa estudios de educación básica o secundaria a tiempo completo, tiene posibilidades. Además, si tiene una discapacidad que se originó antes de los 22 años, también podría calificar. Existen excepciones para hijos adoptados, nietos dependientes o retoños dependientes.
¿Cuánto dinero pueden recibir?
La cantidad que un hijo puede recibir depende de la situación del padre o madre. Si el progenitor está jubilado o discapacitado, el hijo puede recibir hasta la mitad de la prestación que el padre o madre haya acumulado a lo largo de su vida laboral. Por ejemplo, si la pensión del progenitor al alcanzar la edad de jubilación (FRA) es de $2.000 al mes, el hijo podría recibir hasta $1.000. En caso de discapacidad, la cifra podría ser de $800.
Si el progenitor fallece, los hijos pueden tener derecho a una pensión de viudedad equivalente al 75% de su prestación. Esta cantidad se calcula teniendo en cuenta el historial laboral del progenitor, pero existen límites familiares. La Administración de la Seguridad Social establece un tope que oscila entre el 150% y el 180% de la pensión mensual del progenitor. Esto significa que, si el progenitor recibe $2.000 al mes al alcanzar la FRA, la Familia podría recibir entre $3.000 y $3.600. Si la cantidad a la que tienen derecho supera este límite, la Administración ajustará proporcionalmente las pensiones de cada persona.
La planificación de la jubilación se vuelve más urgente cuando se tienen hijos. Pensar en el futuro de la Familia implica considerar no solo la propia jubilación, sino también qué ocurriría en caso de enfermedad o fallecimiento.
La cifra habla por sí sola: millones de familias dependen de estos beneficios para asegurar su bienestar. Una protección que, a menudo, se subestima.