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La guerra en oriente medio ya golpea tu cesta de la compra

El próximo viaje al supermercado podría dejarte boquiabierto, y no solo por la inflación general. El recrudecimiento del conflicto entre Irán y otros actores en la región está generando un efecto dominó en los precios de los alimentos básicos, un problema que se agudizará en las próximas semanas.

El geopolítico 'efecto dominó' en la alimentación

Jon Bahl, CEO de Linnworks, experto en comercio electrónico, advierte sobre las consecuencias de las tensiones geopolíticas: “Las disrupciones en regiones clave de comercio inevitablemente generan ondas expansivas en las cadenas de suministro globales, afectando especialmente a sectores como el alimentario, el retail y la moda, que dependen de un abastecimiento internacional constante y una gestión de inventario muy ajustada”. La clave está en entender que, a menudo, la escasez no es física, sino una consecuencia directa de las restricciones comerciales impuestas por los gobiernos para proteger a sus propias poblaciones, lo que amplifica la subida de precios.

Arjan Singh, fundador y socio director de Corporate War Games, añade: “Cuando los puertos se cierran o los envíos se retrasan, el suministro global se tensa casi de la noche a la mañana”. La experiencia de Singh, asesorando a empresas en la elaboración de sus planes de entrada al mercado, revela la fragilidad de un sistema globalizado que, ante cualquier crisis, se ve sometido a una presión extrema.

Tres alimentos básicos en la mira

Tres alimentos básicos en la mira

El trigo, el aceite vegetal y el maíz son los primeros en sufrir las consecuencias de la inestabilidad. Singh alerta sobre una posible subida del 40% o más en los precios de productos elaborados con trigo, como el pan, la pasta o los cereales. Pero la amenaza va más allá de la escasez física; la imposición de barreras comerciales por parte de los países afectados puede exacerbar la situación.

El aceite vegetal, con su producción concentrada en pocas regiones, es otro producto vulnerable. Cuando un proveedor clave se ve afectado por el conflicto, la falta de alternativas rápidas dispara los precios. La reciente volatilidad en el precio del aceite de girasol es un claro ejemplo: “Los fabricantes de alimentos se ven obligados a buscar sustitutos, creando un efecto dominó en toda la categoría. El precio del aceite de girasol o vegetal puede duplicarse, debido a un aumento repentino de la demanda ante una oferta limitada”.

Finalmente, el maíz, un ingrediente esencial en la alimentación humana y el pienso animal, también se enfrenta a un futuro incierto. Singh subraya que el impacto del maíz no solo afecta a los alimentos procesados, sino que repercute en toda la cadena de producción de proteínas. “Una subida inicial del maíz puede ser considerable, pero el verdadero impacto se siente después: mayores costes para criar ganado, que a su vez se traducen en precios más altos para el consumidor”. Los precios de la carne y los lácteos, por lo tanto, tienden a aumentar más lentamente, pero a mantenerse elevados durante períodos más prolongados.

La situación se complica aún más por el aumento de los costes operativos para los agricultores: combustible, fertilizantes y, ahora, pienso. Estos gastos adicionales se trasladan inevitablemente al consumidor final. A diferencia de los cereales, donde los precios pueden fluctuar rápidamente, los precios de los alimentos ricos en proteínas son más “pegajosos”, tienden a mantenerse altos durante más tiempo, debido a la complejidad de recuperar la producción y estabilizar el suministro.

Ante este panorama, la prudencia es clave. Comprar en mayor cantidad, planificar las comidas y mantenerse informado sobre la evolución de los precios son estrategias que pueden ayudar a mitigar el impacto de la crisis. Pero la realidad es clara: la guerra en Oriente Medio ya está encareciendo nuestra cesta de la compra, y no hay señales de que esta tendencia vaya a cambiar pronto.