Cosecha en riesgo: agricultores norteamericanos reducen gastos ante turbulencias
La maquinaria agrícola se queda sin compradores, y la primavera de siembra se avecina con la sombra de la incertidumbre. En Regina, Saskatchewan, los distribuidores de equipos agrícolas están cerrando una temporada de ferias decepcionantes, con agricultores que priorizan la supervivencia a la inversión.

La guerra comercial golpea el corazón del campo
La raíz del problema es multifactorial: precios disparatados de maquinaria, fertilizantes y combustible, sumados a un excedente global de granos que ha hundido los precios de los cultivos. Pero, como señala Chad Jones de Degelman Industries, la verdadera magnitud de la crisis se aprecia en la decisión de los agricultores de aplazar la renovación de sus equipos. “Quizás no compren esa cosechadora de un millón de dólares, pero sí un implemento de 100.000”, comenta Jones, rodeado de sus máquinas de color amarillo. La cifra habla por sí sola: las ventas de maquinaria de alto valor han caído entre un 30% y un 40% en Estados Unidos durante marzo, según datos de la Association of Equipment Manufacturers (AEM).
Pero el factor determinante, aquel que ha exacerbado la situación, es la guerra comercial impulsada por el expresidente Donald Trump. La dependencia de la maquinaria agrícola de grandes cantidades de acero, a menudo importado, ha hecho que los aranceles se traduzcan directamente en un aumento de los precios. La ironía es palpable: mientras Trump pide a los fabricantes que bajen los precios, son sus propios aranceles los que los disparan. La administración planea imponer un arancel del 25% sobre el valor de los productos importados que contienen acero y aluminio, una medida que, paradójicamente, dejará el arancel del 50% vigente para aquellos productos predominantemente fabricados con estos materiales, como las cosechadoras y tractores.
John Deere, uno de los gigantes del sector, estima que los aranceles le costarán 1.200 millones de dólares en 2026, y aún no ha podido trasladar todos los costes a los agricultores. Leigh Anderson, economista de Farm Credit Canada, describe la situación: “Estaban ante una rentabilidad muy ajustada, incluso potencialmente negativa para la próxima temporada de siembra, lo que ha llevado a decisiones más lentas en cuanto a la renovación de equipos”. En la feria de Regina, la apatía era palpable; pocos agricultores se acercaban siquiera a examinar los tractores y la maquinaria pesada.
La estrategia de los agricultores es clara: priorizar las necesidades básicas sobre los deseos. Como afirma Eideberg de AEM, “se ha producido un cambio en el comportamiento de compra, desde ‘quiero’ a ‘necesito’”. Reducir los costes de producción es la clave, y la solución más inmediata, según Eideberg, sería “rebajar significativamente los aranceles que están afectando a los fabricantes y los aranceles de represalia que están golpeando a los agricultores”. El cierre de China al mercado de la soja estadounidense ha exacerbado la situación, creando enormes excedentes y deprimiendo los precios en todo el continente.
La espera continúa, mientras agricultores y fabricantes se enfrentan a una tormenta perfecta de factores económicos y políticos. La industria agrícola, tradicionalmente un motor de crecimiento, se encuentra ahora en una encrucijada, a la espera de señales que permitan vislumbrar un futuro más estable. La pregunta no es si sobrevivirán, sino cómo lo harán.
