Ai: el fin del trabajo? openai urge a impuestos radicales

La inteligencia artificial amenaza con desmantelar las industrias laborales a una velocidad sin precedentes. Sam Altman, CEO de OpenAI, ha lanzado una advertencia escalofriante: la automatización, impulsada por tecnologías como ChatGPT, podría provocar una crisis de desempleo masiva, obligando a los gobiernos a replantearse fundamentalmente sus sistemas fiscales.

Un cambio de paradigma económico inminente

OpenAI, la empresa detrás de la revolución de la IA, no se limita a predecir el problema. Propone soluciones audaces, incluyendo la introducción de nuevos impuestos que podrían rediseñar la Economía global. Entre ellos, un ‘robot tax’ que gravaría el uso de la automatización, la revalorización de los impuestos sobre las ganancias de capital y la exploración de jornadas laborales más cortas como respuesta a la pérdida de empleos.

La situación es alarmante. Según Altman, los ingresos fiscales derivados del trabajo asalariado podrían verse erosionados, poniendo en riesgo programas de bienestar social. El sistema tributario actual, que depende en gran medida de los impuestos sobre la renta y los beneficios, es vulnerable a la disrupción causada por la IA.

Impuestos inusuales: ¿el futuro de las finanzas?

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La propuesta de OpenAI va más allá de los impuestos tradicionales. La empresa aboga por la creación de fondos soberanos de inversión en IA, al estilo de los fondos soberanos de Noruega o Arabia Saudita, para garantizar que los beneficios de esta tecnología se distribuyan equitativamente entre la población. También sugiere la reducción de las jornadas laborales, pasando a un modelo de 32 horas o incluso a un sistema de cuatro días, con la inversión de las ganancias generadas por la IA en mejoras para los trabajadores.

Las cifras son impactantes. En el Reino Unido, los impuestos sobre la renta y la seguridad social representan el 42% de los ingresos fiscales totales, mientras que los impuestos sobre las ganancias de capital, las sociedades y el patrimonio apenas alcanzan el 4%. Esta disparidad se agravará con el avance de la IA, lo que obligará a los gobiernos a buscar nuevas fuentes de ingresos. El capital, en forma de dividendos o plusvalías, se convertirá en el principal objetivo de la fiscalidad.

Una resistencia esporádica

Una resistencia esporádica

Aunque la idea de un “robot tax” ha sido objeto de debate, incluso siendo rechazada por la Unión Europea en 2017, la preocupación por el impacto de la IA en el mercado laboral está creciendo. Estudios recientes, como el de la Universidad de Virginia, sugieren que las economías podrían pasar a una “post-labor Economía”, donde los impuestos sobre el valor añadido y los impuestos digitales reemplazarán a los impuestos sobre la renta. El temor a la obsolescencia profesional, alimentado por declaraciones como las de Dario Amodei de Anthropic – quien anticipa la desaparición de la mitad de los empleos de nivel inicial – está generando una creciente desconfianza en la tecnología.

La percepción pública de la IA es sombría: solo un 25% de los británicos tienen una visión positiva, en comparación con un 38% con una percepción negativa. Sin embargo, la presión para adaptarse a esta nueva realidad es ineludible. La apuesta de OpenAI, aunque radical, refleja la urgente necesidad de anticipar y gestionar las consecuencias de la inteligencia artificial en el futuro del trabajo y la Economía.