Gigantes coreanos replantean sus apuestas en ee.uu. tras desplome de ventas de eléctricos
La ambición desmedida de las baterías coreanas en el mercado estadounidense de vehículos eléctricos (VE) se enfrenta a una dura realidad. Inversiones multimillonarias, planes de expansión y alianzas estratégicas con fabricantes automotrices de primer nivel se ven ahora comprometidas por un colapso en la demanda y un cambio abrupto en las prioridades de la industria.
La promesa del ira y la caída en picado de las ventas
Hace apenas unos años, las tres principales empresas surcoreanas de baterías – LG Energy Solution (LGES), SK On y Samsung SDI – apostaron fuerte por Norteamérica, inyectando cerca de 45.000 millones de dólares entre 2021 y 2025. El incentivo era claro: la Inflation Reduction Act (IRA) de Biden, con sus generosas deducciones fiscales para la producción de baterías y componentes, prometía un terreno fértil para su crecimiento. La expectativa era capitalizar el auge de los VE en Estados Unidos, pero la realidad ha sido otra. El fin de las ayudas directas al consumidor a finales de 2023, implementado durante la administración Trump, golpeó duramente las ventas, que se desplomaron un 28% en los primeros dos meses de 2026.
Pero hay un detalle que agrava la situación: la demanda se ha trasladado masivamente a los vehículos híbridos eléctricos (HEV), que si bien utilizan baterías, estas son mucho más pequeñas y menos cruciales para su funcionamiento que las de los VE puros. La lógica del mercado ha cambiado, y los fabricantes automotrices han reaccionado.

El ajuste de cuentas de los grandes
La evidencia es contundente: GM, Ford, Stellantis y Honda han anunciado pérdidas multimillonarias en sus balances, derivadas de la revaluación de sus estrategias de VE. Honda, por ejemplo, ha admitido una pérdida de 16.000 millones de dólares, principalmente por la cancelación de tres modelos de VE que estaban programados para su producción en EE. UU. GM, por su parte, ha reservado 8.000 millones, mientras que Ford ha reconocido más de 19.000 millones en recortes. Stellantis, con una pérdida de 26.000 millones en la segunda mitad de 2025, encabeza la lista.
Lo que nadie cuenta es el efecto dominó en la industria de las baterías. La retirada de los fabricantes de automóviles de sus joint ventures con las empresas coreanas, o la transferencia de la propiedad de las plantas conjuntas, es la consecuencia directa de esta reevaluación. Stellantis ha anunciado su salida de la joint venture NextStar Energy en Canadá, y sopesa seriamente abandonar StarPlus Energy en EE. UU. GM, por su parte, ha vendido su participación en la planta de Ultium Cells LLC en Lansing, Michigan, y ha reducido sus compromisos de compra.
La situación es tan compleja que incluso las alianzas más sólidas se están desmoronando. Ford y SK On han decidido disolver su joint venture BlueOval SK, dividiendo los activos. Honda, también, contempla la disolución de su alianza con LGES, L-H Battery Company, tras su drástica reducción de la apuesta por los VE.
De los ve a los sistemas de almacenamiento: una nueva oportunidad
Ante este panorama, las empresas coreanas están adaptándose. Cada vez más fabricantes están redirigiendo sus operaciones de baterías hacia el suministro de sistemas de almacenamiento de energía (ESS), un mercado con un potencial inmenso. Desde la estabilización de la red eléctrica hasta el apoyo a proyectos de energía renovable, pasando por robots y centros de datos con inteligencia artificial, las aplicaciones son infinitas. La cifra habla por sí sola: las baterías para ESS se perfilan como un refugio estratégico ante la incertidumbre del mercado de VE.
La falta de claridad regulatoria a largo plazo, con las políticas ambientales polarizadas entre los dos principales partidos políticos de EE. UU., dificulta la toma de decisiones a largo plazo. Mientras tanto, las empresas surcoreanas deben navegar por un terreno movedizo, demostrando su capacidad de adaptación en un mercado en constante evolución. La apuesta por los VE en Norteamérica, lejos de ser una victoria segura, se ha convertido en una lección de humildad y una llamada a la reinvención.
