Ford y rivian: la lucha por la rentabilidad que nadie está viendo
La narrativa habitual del mercado financiero, que premia a los que más ganan, es una trampa mortal. La batalla entre Ford y Rivian, aunque a primera vista se resuelva por las cifras de ingresos, revela una realidad mucho más compleja y, francamente, preocupante.
El ilusionismo de las ventas: ¿quiénes realmente ganarán?
Las cifras de Ford y Rivian, expuestas en el gráfico, muestran una disparidad flagrante. El gigante del motor de combustión supera con creces los ingresos de Rivian en cada trimestre. Pero esa diferencia, lejos de ser un indicador de superioridad, es un síntoma de un problema fundamental: ambas empresas están sangrando dinero. La verdadera pregunta no es quién tiene más ventas hoy, sino quién está construyendo un camino sólido hacia la rentabilidad.
Rivian, con sus acuerdos con Uber y Volkswagen, intenta diversificar sus fuentes de ingresos, una jugada que, de tener éxito, podría alterar el panorama. Sin embargo, la empresa aún se debate con un margen de beneficio negativo del 63% en el último trimestre de 2025. Un número alarmante, sí, pero que refleja la inercia de una empresa en plena fase de construcción, una espiral de inversiones que, si no se controla, la condenará a la quiebra.
Ford, por su parte, se enfrenta a un desafío diferente. Sus ajustes en la producción, priorizando los vehículos de combustión, y el lanzamiento de su división de baterías, son apuestas estratégicas que implican costes significativos. El margen de beneficio del -24% en el cuarto trimestre de 2025, aunque menor en porcentaje que el de Rivian, es un recordatorio brutal de que operar a una escala de 40 a 50 mil millones de dólares implica una presión financiera considerable.

La rentabilidad, no las ventas, es la clave
Lo que realmente importa para el inversor minorista no es la cifra de ingresos actual, sino la velocidad a la que las empresas reducen la brecha entre ventas y rentabilidad. Rivian, con su asociación con Volkswagen y Uber, debe demostrar que puede transformar esos acuerdos en flujos de ingresos recurrentes y sostenibles. Una progresión del 20% o más en el crecimiento de los ingresos, combinada con una reducción significativa en las pérdidas, sería una señal positiva. Ford, en cambio, debe demostrar que su transición hacia los vehículos de combustión mejora sus márgenes, una tarea que parece cada vez más difícil.
Ambas compañías están perdiendo dinero. La empresa que demuestre una trayectoria de rentabilidad creíble y acelerada en los próximos cinco años será la vencedora. No se trata de quién tiene más dinero ahora, sino de quién construirá el negocio más sólido y rentable.
Kevin Jackson, analista de Motley Fool, no apuesta por Rivian. Sus datos revelan una clara disparidad: Ford ostenta una facturación que multiplica por diez a la de Rivian, aunque ambas compañías operan con pérdidas.
La inversión en Rivian es un juego de azar con un potencial de recompensa muy alto, pero también con un riesgo igualmente elevado. El éxito dependerá de la capacidad de la empresa para ejecutar sus planes de diversificación y reducir sus costes.
