Ford se aferra a los combustibles, rivian apuesta a la revolución: ¿quién ganará la guerra de las baterías?

La batalla por la supervivencia en el mercado automotriz eléctrico está lejos de ser un cuento de hadas. Mientras Ford, con su inmenso volumen de negocio, se refugia en la transición gradual hacia los motores de combustión, Rivian se lanza a un juego de alta montaña, apostando por la innovación y la diversificación, aunque con un coste considerable.

Una realidad incómoda: ambas empresas, en números, están perdiendo dinero

Los balances revelan una verdad incómoda: tanto Ford como Rivian están en números rojos. La diferencia, sin embargo, radica en la forma de perderlo. Ford, con un volumen de facturación de entre 40 y 50 mil millones de dólares trimestralmente, registra una pérdida neta del 24% –un porcentaje relativamente menor, pero alarmante considerando su escala–, mientras que Rivian, con apenas unos miles de millones, enfrenta un agujero del 63%. Esta disparidad, lejos de ser un simple dato, es la clave para entender la verdadera dinámica de la competencia.

Rivian, lejos de esconder sus problemas, está explorando vías de diversificación. La reciente alianza con Uber para el despliegue autónomo y la colaboración con Volkswagen en el desarrollo de software son señales claras de que la compañía no se limita a construir coches, sino que busca expandir su ecosistema y reducir su dependencia de la venta directa de vehículos.

La apuesta de ford: un cambio de rumbo costoso

La apuesta de ford: un cambio de rumbo costoso

Ford, por su parte, se centra en consolidar su posición en el mercado tradicional, priorizando la producción de vehículos de combustión y lanzando un nuevo centro de baterías. Esta estrategia, aunque sólida a corto plazo, implica inversiones significativas y conlleva un riesgo considerable, ya que la demanda de vehículos eléctricos sigue siendo volátil.

El dato que lo cuenta todo: Ford genera entre 40 y 50 mil millones de dólares anuales, mientras Rivian apenas unos mil millones. Pero la pregunta no es quién gana más hoy, sino quién logra cerrar la brecha de rentabilidad más rápido. La clave estará en la capacidad de Rivian para escalar su producción, reducir sus costes y diversificar sus ingresos, y en la habilidad de Ford para adaptarse a la creciente demanda de vehículos eléctricos sin comprometer sus márgenes.

El futuro del sector se decidirá, no por la cantidad de vehículos fabricados, sino por la credibilidad de sus modelos de negocio. Y, en este momento, Rivian se muestra como el underdog con una narrativa más atractiva.