Taizhou: la china busca el petróleo en el pienso de los cerdos

Unos charcos de barro verdoso, con un olor penetrante, esconden la clave de una estrategia china para reducir su dependencia del soja: la fermentación de alimentos para el ganado.

La ‘solución’ del cerdo: una emergencia alimentaria

La ‘solución’ del cerdo: una emergencia alimentaria

En las llanuras de Taizhou, a dos horas de Shanghai, los agricultores como Gao Qinshan están apostando por una alternativa a la dieta tradicional de maíz, utilizando subproductos baratos –brans, vides de calabaza, y levaduras vinícolas– fermentados como el yogur. Una medida, impulsada por la volatilidad de los precios del soja, exacerbada por las tensiones comerciales con Estados Unidos y la inestabilidad global.

Gao, con 47 años y un negocio al borde del colapso, lamenta: “Los precios del soja se han vuelto tan inestables. La ganadería se ha vuelto inviable. Todos estamos buscando recortar costes.”

Pero la apuesta por la fermentación va más allá de la simple supervivencia. El gobierno chino, con una ambición estratégica, ha acelerado la investigación y el desarrollo de esta tecnología, imitando la búsqueda nacional de autosuficiencia en microchips e inteligencia artificial, como respuesta a las restricciones tecnológicas impuestas por Washington.

‘El objetivo principal ahora es reducir el consumo de soymeal’, afirma Fu Zhenzhen, analista de feed en Beijing Orient Agribusiness Consultants. “La razón principal es la guerra comercial con Estados Unidos.”

La inversión es masiva. Muyuan Foods, el mayor productor de cerdos del mundo, ha reducido su dependencia del soja en un 73% en seis años gracias a aminoácidos sintéticos derivados de maíz fermentado. Y gigantes como New Hope Liuhe están experimentando con fuentes proteicas alternativas, como las algas, y desarrollando feed sin soja. Incluso Louis Dreyfus, una casa comercial holandesa, está construyendo su primera planta de producción en Tianjin.

Sin embargo, el camino no es fácil. La falta de estándares y la preocupación por la salud animal y el sabor de la carne plantean desafíos. Algunos expertos advierten que la fermentación, si se aplica sin control, puede ralentizar el crecimiento de los cerdos y aumentar su vulnerabilidad a las enfermedades. “Hay una fuerte demanda de carne de mejor calidad, pero la industria se centra únicamente en reducir costes y cumplir con las exigencias del gobierno”, señala Ian Lahiffe, consultor agrícola en Beijing.

La situación es tan delicada que se requiere un enfoque integral. El gobierno está incentivando a toda la cadena de suministro, desde los productores de alimento hasta los consumidores. La apuesta por la fermentación, aunque prometedora, se enfrenta a la resistencia de una industria tradicional y a la necesidad de equilibrar la seguridad alimentaria con la calidad del producto.

La cifra es impactante: China, el mayor importador de soja a nivel mundial, gastó 52.7 mil millones de dólares en 2024, de los cuales 12 mil millones procedían de Estados Unidos. El consumo de soymeal en China podría disminuir hasta un 6.3% este año, gracias a la fermentación. Una estrategia audaz que, contra todo pronóstico, podría definir el futuro de la alimentación en el gigante asiático.