Ing despeja el camino: cese de la venta de sus operaciones rusas
El gigante británico ING ha retirado definitivamente el plan de vender sus operaciones en Rusia a Global Development, una empresa rusa vinculada a un inversor de Moscú. Un movimiento que, lejos de ser una mera formalidad, refleja una reevaluación estratégica radical de su presencia en el mercado ruso.
Una decisión impuesta por la realidad
La decisión, anunciada formalmente, se basa en la imposibilidad de obtener las aprobaciones regulatorias necesarias para completar la transacción. Según ING, la perspectiva de un comprador capaz de cumplir con los requisitos legales se ha desvanecido. Una situación, en definitiva, que expone la fragilidad de las operaciones financieras en un contexto geopolítico tan volátil.
La entidad financiera holandesa, que ha estado reduciendo progresivamente su exposición en Rusia desde febrero de 2022 – cortando la relación con nuevos clientes y separando la unidad rusa de sus sistemas globales – considera que, tras una exhaustiva revisión, la alternativa para salir del mercado ruso implicaría un impacto financiero comparable al acuerdo original, que se situaba en torno a 7 basis points de su CET1 ratio.

La realidad económica: un coste oculto
Aunque ING no ha detallado las implicaciones exactas, la información sugiere que abandonar Rusia a través de otros canales conllevará una dilución del capital que, si bien no será catastrófica, sí representará un coste significativo. Un coste que, en este momento, parece preferible a continuar operando en un entorno tan incierto y penalizado.
La salida de Citi de Rusia, con la venta de su subsidiaria AO Citibank a Renaissance Capital, sirve como un presagio sombrío. Un escenario que confirma que la retirada de las instituciones financieras occidentales de este país es un proceso irreversible. Y que, aunque la operación de ING no se materializará en su forma original, el impacto en el sector bancario ruso será considerable.
La exposición offshore de ING, que había disminuido en casi un 90% hasta alcanzar 0,6 mil millones de euros, cubierta por acuerdos ECA o CPRI, subraya la determinación de la entidad de minimizar su vínculo con el país. Un cierre definitivo que, aunque anunciado, implica un reconocimiento implícito de que la estrategia inicial era, en última instancia, inviable.