Gen z: la crisis del crédito y el fondo de emergencia
La generación Z está inundando el mercado de tarjetas de crédito a un ritmo sin precedentes, desafiando las tendencias generacionales y revelando una realidad económica preocupante.
Un aumento alarmante en las solicitudes
Según FICO, más del 25% de los adultos de entre 18 y 29 años de la generación Z ha abierto al menos una tarjeta de crédito en el último año, superando a cualquier otra edad. Esta voracidad por el plástico no es solo un capricho; es una respuesta desesperada a la realidad económica actual.

El presión financiera: deudas y falta de ahorro
El informe de FICO expone un patrón claro: la generación Z recurre a las tarjetas de crédito para sobrevivir. Un alarmante 48% de los jóvenes se ha visto obligado a utilizar el crédito para cubrir gastos esenciales tras la pérdida de empleo o reducción de ingresos en el último año. Esta cifra se eleva al 43% entre los millennials, en comparación con el 25% de la generación X y el escaso 7% de la baby boomer. La lógica es simple: tener una tarjeta de crédito es, para muchos, convertirse en una especie de colchón financiero, una medida desesperada para evitar el desastre.

Un futuro nublado: bajando las tasas de ahorro
Pero la situación es aún más grave. Más de seis de cada diez jóvenes de la generación Z han reducido o suspendido sus ahorros para la jubilación en los últimos meses, según un estudio independiente. La presión de los alquileres, la deuda estudiantil y los salarios estancados les impide contribuir al futuro. La media de sus salarios de entrada, sumada a la carga de las deudas, es una receta para el fracaso financiero. Como señala Olga Pankova, las puntuaciones de crédito de la generación Z están cayendo, situándose en 678, tres puntos por debajo de la media nacional de 714, y clasificándose en el rango de “competente” a “justo”.
La deuda cardíaca: un problema en crecimiento
El promedio de saldo en las tarjetas de crédito de la generación Z es de 3.493 dólares, según Experian. La reanudación de los pagos de los préstamos estudiantiles ha tenido un impacto negativo, provocando la pérdida de 62 puntos en la media de las puntuaciones de crédito desde enero de 2025. Es una espiral descendente que amenaza con condenar a una generación a una vida de precariedad financiera. La situación es, en palabras de J. Victor Conrad, “crushing”.
Más allá de las tarjetas: ¿dónde buscar solución?
La respuesta no es un secreto: la diversificación de inversiones, el ahorro automático y la educación financiera son claves. Pero, en este contexto, la necesidad de un cambio sistémico es evidente. La generación Z se enfrenta a un desafío que va más allá de las decisiones individuales; exige una revisión de las políticas económicas y sociales que perpetúan la desigualdad y la precariedad.