Danish crown desmantela sus filas: 800 empleos en juego y un cambio radical en su estrategia
El gigante danés de la carne, Danish Crown, se prepara para una reestructuración que dejará en la calle a 800 empleados en los próximos tres años. La noticia, confirmada por la cooperativa, marca un giro inesperado en su modelo de negocio y pone de manifiesto la presión competitiva en el sector.

Consolidación centralizada: la receta para ‘eficiencia’
La estrategia, descrita por el CEO Niels Ulrich Duedahl como una ‘consolidación de funciones clave’, implica una simplificación de la estructura organizativa. Se busca eliminar capas de gestión y fomentar una mayor integración entre las ocho unidades de negocio de la cooperativa –desde la industria y los alimentos hasta el comercio a granel y la producción de recortes–.
Duedahl argumenta que, hasta ahora, cada unidad operaba con una autonomía excesiva, generando duplicidades y una falta de estándares. “Necesitamos operar como un único grupo integrado a nivel de negocios y a nivel de países,” afirma. La meta: impulsar ‘mejoras de eficiencia’ de alrededor de 500 millones de coronas danesas (77.9 millones de dólares).
Pero la realidad es que este ‘cambio’ implica, en términos prácticos, una reducción significativa de la plantilla. La compañía no esconde que los despidos afectarán a mandos y personal administrativo, en un intento de reducir costos y optimizar recursos. La decisión responde, en parte, a la caída de beneficios registrada en el primer semestre, agravada por las disrupciones en la cadena de suministro provocadas por el áfricanizado porcina y la guerra comercial entre China y Estados Unidos.
La apuesta de Danish Crown se centra en establecer ‘estándares, sistemas y objetivos compartidos’ en todos sus mercados. La idea es eliminar la fragmentación y fomentar la colaboración, aunque el precio a pagar sea la pérdida de cientos de empleos y la reestructuración de equipos que llevaban años trabajando de forma independiente.
La empresa reconoce que la eliminación de estas capas de gestión y la reducción de su plantilla generarán ahorros significativos, pero la pregunta que queda en el aire es si estas ‘mejoras de eficiencia’ justifican el impacto social de esta medida.
