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Boeing: ¿valor oculto tras el infierno de seguridad y la deuda?

La compañía de Seattle se enfrenta a un abismo. Más allá de los persistentes problemas de seguridad que empañan su reputación, la carga de costes y la incertidumbre regulatoria amenazan con convertir a Boeing en un castillo de arena.

Un negocio en crisis, con un futuro incierto

Las alertas sobre la seguridad de sus aviones, desde los 737 MAX hasta el 777X, han provocado una caída del 18% en su cotización desde los últimos resultados. Pero la historia es mucho más compleja que una simple reacción del mercado. La FAA impuso una cuota de producción, los retrasos en la certificación de los nuevos modelos y la adquisición de Spirit, que ha encarecido sus cuentas, han generado un consumo desmesurado de efectivo.

La pandemia, con los cierres de vuelos y la consiguiente caída en la demanda, exacerbó la situación, llevando a un aumento de la deuda y una erosión de sus ingresos. La compañía, que se tambaleaba, se vio sumida en un círculo vicioso de problemas.

La llegada de ortberg: ¿un respiro real o una mera pausa?

La llegada de ortberg: ¿un respiro real o una mera pausa?

El nombramiento de Kelly Ortberg como nueva directora ejecutiva ha supuesto un intento de estabilización, con una producción de 42 aviones 737 MAX al mes, apuntando a 47 para mediados de año. La apertura de una nueva línea de producción en Everett, además de la existente en Renton, es una señal de que la empresa está intentando recuperar el ritmo. Sin embargo, la confirmación de Jesús Malave, CFO, sobre un retraso en la reapertura de la línea de producción del 737 MAX en Everett, y las dificultades para alcanzar los márgenes de la división de aviones comerciales (BCA) – que no volverán a ser positivos hasta 2027, son un recordatorio de los desafíos que aún enfrenta.

Los retrasos en la certificación del 737 MAX-7 y -10, así como del 777X, se han extendido hasta 2026 y 2027, respectivamente. Malave ha matizado que la gestión espera mantener estas fechas, pero la presión para cumplir con los plazos es enorme. La compañía también ha tenido que reajustar la producción de los 787 Dreamliner, lo que implicará una entrega de aproximadamente 90 a 100 aviones este año, en lugar de los 20 inicialmente previstos.

Inversión cautelosa: una compra a regañadientes

Inversión cautelosa: una compra a regañadientes

En definitiva, Boeing se encuentra atrapada en una espiral de problemas. La recuperación de la rentabilidad, la resolución de las cuestiones de seguridad y la consecución de los objetivos de producción son cruciales para devolver la confianza a los inversores. Hasta que no se demuestre un control de calidad efectivo y se alcancen los plazos de certificación de los nuevos modelos, la acción de Boeing merece una postura de cautela. No es el momento de apostar por un resurgimiento inmediato.