Los asesinos del poeta

En fecha reciente la Cámara Federal de Casación Penal confirmó las condenas dictadas en el primer juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en la Provincia de Mendoza, entre otros el asesinato del poeta y militante montonero Francisco “Paco” Urondo y la desaparición de su esposa Lidia Ángela “Lili” Mazzaferro. De este modo quedaron firmes las condenas a prisión perpetua del ex comisario inspector Juan Agustín Oyarzábal, el ex oficial inspector Eduardo Smahá Borzuk, el ex subcomisario Alberto Rodríguez Vázquez y el ex sargento Celestiano Lucero. A doce años de cárcel fue sentenciado el ex teniente Dardo Pipaon. Durante la celebración del juicio quedaron fuera de juego los generales Juan Pablo Saá (fallecido) y Mario Lépori: el coronel Tamer Yapur y el ex oficial de inteligencia Armando Osvaldo Fernández, los últimos tres sobreseídos por problemas de salud.

De Mendoza a Rawson

El abogado Dr. Dante Vega, que actuó en Mendoza en su carácter de fiscal federal en el citado juicio que condenó a altos jefes del Ejército y de la Policía provincial por crímenes de lesa humanidad, entre ellos el del poeta “¨Paco” Urondo, participó también como representante del Ministerio Público Fiscal en el juicio recientemente desarrollado en Rawson, a través del cual los jueces integrantes del Tribunal Federal de Comodoro Rivadavia condenaron en primera instancia a tres de los marinos procesados:  Luis Emilio Sosa, Emilio Del Real y Carlos Marandino, sumando así su experimentado aporte a la causa.
Curiosamente, el sobreseído coronel Tamer Yapur, que en 1979 se desempeñaba como interventor federal interino de la Provincia de Mendoza, vetó el veredicto de un concurso nacional de libreto-guión y dirección general de la Fiesta Nacional de la Vendimia correspondiente a 1980, adjudicado por mayoría de votos de los miembros de la comisión organizadora del tradicional festejo a nuestro colaborador Eduardo Hualpa Acevedo. El alto funcionario del gobierno de facto nunca dio a conocer la razón de tan arbitraria medida. Hualpa ya había ganado entre 1962 y 1975 seis concursos vendimiales y había dirigido el espectáculo central en cinco oportunidades. Méritos no le faltaban.
Por su parte, Yapur ni siquiera pudo defender en juicio su dignidad de soldado.

El juicio por la masacre de Trelew

El 15 de octubre de 2012 se conoció la sentencia por la que se condenó a Luis Emilio Sosa, Carlos Amadeo Marandino y Emilio del Real, como autores de dieciséis muertes y tres tentativas de homicidio en la madrugada del 22 de agosto de 1972 en la Base Naval de Trelew. El Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia, condenó a algunos de los autores materiales allí sentados, mientras que absolvió al Jefe de la Base de Trelew, Rubén Norberto Pacagnini, y a quien estaba acusado pero por encubrimiento, Jorge Bautista. El Tribunal decidió –contra lo que pedían las acusaciones- que los condenados mantuvieran su situación de libertad, aspecto que generó masivo repudio del gran número de familiares que presenciaron la lectura de la sentencia. La pregunta que formuulaban a voz en jarro era “¿cuánto tiempo tenemos que esperar para verlos presos y en cárcel común?”
Tanto las defensas como las querellas y la Fiscalía cuestionaron mediante recursos que serán tratados por la Cámara de Casación Penal, la decisión del Tribunal, pero lo saliente de ese fallo que tiene más de 300 páginas es que por primera vez en la Argentina, se condena como hechos de lesa humanidad lo ocurrido durante la penúltima dictadura militar. Convencieron al Tribunal numerosos documentos militares que expresaban la doctrina de la seguridad nacional, apuntando al pueblo como enemigo del régimen, y los relatos –algunos de ellos estremecedores- de decenas de testigos que declararon en los cinco meses que duró el juicio oral. Familiares de los fusilados, militantes revolucionarios que estaban presos en la Cárcel de Rawson, abogados de los presos, periodistas, vecinos de Trelew y Rawson que conformaban la comisión de solidaridad con los presos, entre otros, fueron dándole sustento a la convicción que expresó la sentencia sobre la época: los hechos ocurridos en aquella madrugada de 1972 no fueron aislados, sino que se enmarcan en el plan represivo comandado desde las más altas esferas del poder central.
El caso de la masacre de Trelew no ha terminado. No sólo por la larga espera de las instancias recursivas, sino porque hay otros responsables que aun no han sido enjuiciados. La figura más saliente es sin duda el teniente Roberto Bravo, cuya extradición negó en el 2008 la Justicia estadounidense, pero que luego de la sentencia de condena a sus compañeros de fechorías, se intentará con nuevos bríos.
El aporte de Paco Urondo al esclarecimiento del caso fue notorio, ya que su libro forma parte de las pruebas, especialmente por las declaraciones que transcribió de los sobrevivientes Haidar, Berger y Camps, y otros documentos y datos publicados en “Trelew, la patria fusilada”.

 


 

 

El aporte de Paco Urondo al esclarecimiento de los fusilamientos de Trelew fue notorio. Su libro forma parte de las pruebas, sobre todo por las declaraciones que transcribió de los sobrevivientes Haidar, Berger y Camps, y por datos publicados claves publicados en “Trelew, la patria fusilada”.

Paco Urondo

El poeta combatiente

A más de 40 años de la ejecución de dieciséis crímenes de lesa humanidad, el más hondo dolor colectivo de madres, hijos, hermanos y demás familiares de las víctimas de la Masacre de aquel fatídico e imborrable 22 de agosto, clama aún por el firme y definitivo fallo de la justicia humana. En este contexto surge en nuestros días con caracteres nítidos y conmovedores el recuerdo del poeta santafesino Francisco Reynaldo Urondo.

por Eduardo Hualpa Acevedo

El poeta está unido entrañablemente a la Masacre de Trelew por ser el autor de “La Patria Fusilada”, primer grito de furor y desgarradora pena fundido en letras de molde. Su libro instauró la literatura consagrada a documentar la ejecución a mansalva de diecinueve presos políticos que el 15 de agosto de 1972, evadidos de la cárcel de alta seguridad de Rawson y encaminados por distintos medios al aeropuerto de Trelew, circunstancias fortuitas impidieron que alcanzaran a forzar la oportunidad de embarcar y huir mediante sorpresa y  fuerza en un avión de línea, del mismo modo que horas antes lo había hecho un primer y reducido lote de fugitivos. Al no poder cumplir este contingente rezagado con su plan de fuga, madurado tras agobiantes meses de prisión, los frustrados militantes se recluyeron en las instalaciones de dicha estación aérea donde fueron rodeados y arrinconados por tropas de la Marina y efectivos policiales que oportunamente habían sido alertados sobre la repentina evasión. Amenazados por los uniformados que en mayor número y bien parapetados portaban vigilantes armas, los recluidos fueron intimados a entregar las suyas,  además de los abrigos y objetos personales, en el marco de una dramática escena que contó con la presencia de representantes de la prensa local y calificados testigos. Previamente, a pedido de dichos prisioneros y a fin de asegurar las garantías legales de rigor, fueron convocados el juez federal de la jurisdicción y el médico Atilio Viglione, que constató y certificó el normal estado de salud de los detenidos.

De este modo se establecieron las condiciones del desarme y entrega, pactándose ante la autoridad judicial el inmediato reintegro de los presos políticos a la unidad penitenciaria de la que provenían. Pero las garantías acordadas resultaron absolutamente ignoradas por el capitán Sosa, jefe naval que comandó el operativo de recaptura. Arbitrariamente los diecinueve jóvenes combatientes fueron trasladados a la base “Almirante Zar”, en donde se los confinó sin ningún tipo de resguardo constitucional, contrariando lo que se había acordado con la anuencia del magistrado actuante. Lo ocurrido una semana después, durante la nefasta noche del 22 de agosto fue el corolario de los crímenes de lesa humanidad que anticiparon el Proceso Militar instaurado el 24 de marzo de 1976.

El siniestro presagio

Tal como Urondo relata en “La Patria Fusilada”, ‘fue en la noche anterior a nuestra salida de la cárcel de Villa Devoto, es decir, la noche anterior a la asunción del gobierno popular (encabezado por el presidente Cámpora ) que tuvieron lugar las entrevistas que realicé a los tres sobrevivientes de la Masacre: Alberto Miguel Camps ( 24 años ), Ricardo René Haidar ( 28 años ) y María Antonia Berger ( 30 años )”.  La primera edición de esta singular obra de “Paco” Urondo fue publicada por “Crisis” en 1973 y leída por centenares de jóvenes argentinos de ambos sexos que se enteraron por fuentes fidedignas lo que realmente había sucedido en Trelew aquella trágica noche y conocieron a través de los testimonios genuinos de los tres sobrevivientes la verdadera cara del gobierno de facto encabezado por el general Lanusse. Sin duda, una máscara siniestra que presagiaba el advenimiento de la “Triple A” y del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” que se extendería hasta el 10 de diciembre de 1983. La juventud batalladora de la época, opuesta con fervor al gobierno de facto, pudo entender gracias a la valerosa iniciativa de Urondo la verdad de lo que había pasado en el aeropuerto y la base aeronaval de Trelew, desmintiendo la “historia oficial” que pretendía instalar la versión de que la masacre se había producido por culpa de los “subversivos” que intentaron desarmar a los efectivos de la Marina y, apoderándose de sus armas, escapar de dicha unidad militar.

El combatiente

Francisco Reynaldo Urondo (“Paco” para sus camaradas ) nació en Santa Fe el 10 de enero de 1930. Asistió al Colegio Nacional “Simón de Iriondo” de la capital santafesina, donde pergeñó sus primeros poemas. En esta época inició una duradera amistad con el cineasta Fernando Birri, junto al cual participó de las actividades de El Retablo de Maese Pedro, grupo de artistas que recorrió su provincia natal brindando funciones de títeres en escuelas primarias.
En 1947 su padre, el ingeniero químico Francisco Enrique Urondo, se trasladó a Buenos Aires luego de haber sido cesanteado como profesor de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral. Continuó “Paco” sus estudios en el Colegio Nacional “Domingo Faustino Sarmiento” de la Capital Federal, interesándose particularmente por las Humanidades.
Al comenzar la década del ’50 Francisco se contactó con el grupo editor de la revista “Poesía Buenos Aires”. Asimismo, participó de las visitas que creadores santafesinos realizaron al poeta entrerriano Juan L. Ortiz ; entre ellos Miguel Brascó, Hugo Gola, Juan José Saer y Fernando Birri. En 1952 se casó con Graciela Murúa, con quien engendrará dos hijos: Claudia Josefina y Javier. El matrimonio se radicó un breve tiempo en Mendoza y pronto recaló en Tucumán con la intención de viajar por el noroeste argentino ofreciendo obras propias de títeres. Tiempo después, abandonando su trashumancia, Urondo se instaló con su familia en la Provincia de Buenos Aires a fin de iniciar una nueva etapa. En la localidad de Ituzaingó “Paco” se integró al círculo de escritores que fundara la revista ‘Poesía Buenos Aires’. Compartió allí ideas precursoras y muchas horas de trabajo intelectual junto a Jorge Móbili, Mario Trejo, Raúl Gustavo Aguirre, Edgar Bayley y los hermanos Fernández Moreno, hijos del “patriarca” Baldomero. En esta publicación vio impreso su primer poema: “Girostatos”.
Posteriormente obtuvo un trabajo como ‘lector’ en la Editorial “Losada”. Paralelamente se inició en el quehacer periodístico, compartiendo la secretaría de Redacción de la revista “Vigilia” con Rodolfo Alonso y Ernesto Guelperín.
En 1956 dio a conocer un conjunto de poemas en prosa titulado “Historia Antigua”, editado por el sello “Poesía Buenos Aires”.
De Ituzaingó pasó a residir en el microcentro de Buenos Aires, procurando intensificar su actividad literaria y periodística. Seguidamente ingresó a la oficina de prensa del rectorado de la Universidad de Buenos Aires.  En esos días ya convivía con la actriz Zulema Katz y sus hijos. Es también la época en que disfrutó de amigos estéticamente muy afines como el poeta Juan Gelman, los actores Emilio Alfaro y Federico Luppi, el director de cine Rodolfo Kuhn, el dramaturgo Roberto Cossa, el músico Juan Cedrón y nuevos rostros del cine, el teatro y la TV como Marilina Ross, Cristina Banegas y Alberto Fernández de Rosa. En cuanto a su vocación literaria, cabe mencionar que estrechó filas con figuras como eran Noé Jitrik, Miguel Brascó, Ramiro de Casasbellas, Alberto Vanasco, César Fernández Moreno, Edgardo Bayley y otros poetas y artistas con quienes compartió la edición de la revista cultural “Zona de la Poesía Americana”.

Al promediar esta década la actividad creativa de Urondo se tornó multifacética abordando la producción de guiones cinematográficos y televisivos, dramaturgia, narrativa, ensayo y  realización de espectáculos, todo ello sin abandonar la creación poética

La vertiente revolucionaria

Al enseñorearse en el país la dictadura del general Onganía, Urondo mostró una nueva faceta de su personalidad: su vocación política. Estrenó su primera obra de teatro, “Sainete con variaciones”, en ‘Gotán’, local dirigido por el ‘Tata’ Cedrón. Integraron el elenco su pareja  Zulema Katz, Federico Luppi, José Novoa, Luis Brandoni y otros reconocidos actores bajo la dirección de Luis Macchi.
En enero de 1967 Urondo participó en Varadero (Cuba) del ‘Encuentro de Escritores Rubén Darío’. Este mismo año su obra ‘Del otro lado’ fue distinguida con la única mención por el jurado del premio “Casa de las Américas”. En años subsiguientes su acreditado prestigio llevó a reiterar sus viajes a la patria de  José Martí, país que difundió sus obras.
Seguidamente las redacciones del diario “Clarín” y las revistas “Panorama”, “Primera Plana” y Crisis”, como años después el matutino “La Opinión”, lo contaron entre sus principales colaboradores. Llegó a ser una reconocida “firma” en los medios nacionales más acreditados.

Militancia combativa

A fines de la década Urondo profundizó su “praxis” ideológica, adhiriendo a la acción de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Posteriormente formó parte de Montoneros. Literariamente, la intensificación de su militancia política coincidió con un creciente desinterés por la ficción y la reorientación de su energía intelectual hacia el género testimonial. Se evidenció claramente este cambio de rumbo al publicar su ensayo “Los pasos perdidos”, que formula una reseña crítica de la generación revolucionaria surgida en los años que preceden al ‘Cordobazo’. Esta fue la etapa que coincidió con la publicación de “La Patria Fusilada”.
A la par de su actividad política y periodística “Paco” integró desde 1972 la agrupación gremial de prensa que aglutinaba a trabajadores peronistas de los distintos sectores de la llamada ‘Tendencia Revolucionaria”, de orientación camporista.

El acoso de las Parcas*

En mayo de 1976, ya instalada la última dictadura militar, la conducción de la organización revolucionaria a la que pertenecía decidió su traslado a la Provincia de Mendoza, adonde viajó con premura acompañado de Lili Mazzaferro, su mujer y su beba de meses, con la misión de rearmar en tierra cuyana el movimiento de resistencia popular fuertemente diezmado y disperso tras la acción implacable de la dictadura militar.
El 17 de junio de este mismo año, mientras se dirigía a una reunión de militantes junto a su pareja, su pequeña hija y una compañera de lucha, su auto fue sometido a una intensa persecución y fuego graneado por parte de una comisión policial que respondía a las órdenes de jefes y oficiales dependientes del comando del Tercer Cuerpo de Ejército. Acribillado el vehículo que los transportaba y sin probabilidad alguna de escape, “Paco” Urondo alcanzó a ingerir la pastilla de cianuro que llevaba siempre consigo, a fin de que los genocidas no lo atrapasen con vida. Antes de lanzar sus últimos estertores los sicarios de las Parcas lo remataron a balazos y culatazos.

Su cuerpo fue escarnecido, pero su alma está intacta. El alma de un poeta jamás desaparece.

* Las Parcas fueron engendros mitológicos propios de la imaginación popular de la arcana Grecia. Las tres terribles criaturas manipulaban los hilos del Destino de los seres mortales. Cualquier semejanza con las fuerzas que gobernaban la vida de los ciudadanos argentinos durante los regímenes de facto es pura casualidad. 

Sobre este artículo

Confines digital N°45 Junio de 2013

•Por Eduardo Hualpa Acevedo
Trelew

Especial para Confines - El extremo Sur

 

Junio 2013
2010 © Confines Arte y Cultura de la Patagonia| es una publicación de Editorial Revuelto Magallanes