Rodrigo Malmsten

Un argentino en Bruselas

Pretendo indagar en las modalidades de conflicto entre el texto y el espacio en que éste se genera y sus estrategias de solución: la escritura sin patria, la ficción de la ubicación como ideal de pertenencia, la escritura del trasterramiento. Espero exponer algunas conexiones que mantiene la obra de Malmsten con estas áreas de investigación; son clave en la obra de Malmsten tanto la escritura – de teatro y de poesía –  como el movimiento, entre países, entre géneros, en los dos sentidos de la palabra, es decir, como en inglés, “gender” (masculino o femenino) y “genre” (género literario), y entre idiomas, ya que la obra de Malmsten se escribe en castellano, en francés y se ha traducido también al inglés y a otros idiomas. Es mi intención ofrecer una breve introducción a la figura y obra del poeta y dramaturgo Rodrigo Malmsten, y el contexto de esta obra dentro del actual panorama poético-teatral argentino.

por Ben Bollig

El poeta y antropólogo Néstor Perlongher escribió a principios de los 90 un importante artículo sobre la poesía contemporánea en Argentina, en el cual empleó la frase “el boom secreto” de la poesía. Bajo este rótulo, intentó describir el surgimiento de grupos, poetas y ediciones que habían aparecido como resultado imprevisto del violento fin de la militancia organizada durante los años 70. Como producto de la clausura de las opciones políticas en los años 70, y efecto de las necesarias tendencias a cierta auto-censura, bajo una dictadura paranoica y homicida, emergió a una escritura hermética y casi manierista, con cierta presencia del barroco cubano de Lezama Lima y  evidencia de un redescubrimiento del barroco del siglo de oro de Don Luis de Góngora, un neobarroco rioplatense, digamos, cuyos nombres más destacados incluyen a Osvaldo Lamborghini, al escritor uruguayo Roberto Echavarren, y al mismo Perlongher. Esta escritura, en abierta rebelión tanto contra la poesía llamada “social” o de compromiso político de los 60 como contra el sicoanálisis Lacaniano, intentó dar presencia al cuerpo, a lo físico, a los placeres, deseos, sonidos y flujos del cuerpo, en la sustancia del poema. Recopilado en la antología, o en palabra de sus compiladores, la “muestra” Medusario (1996), el neobarroco se convirtió en tendencia continental, difundidora de la filosofía del francés Gilles Deleuze, y abanderada de las diferencias de elección sexual, estilo de vida, y razas o etnicidad.

 

Objetivistas y nuevo boom

El espíritu del “boom” se mantuvo durante los años 90, pero se emergieron otros modos de escribir, nuevas pautas estéticas, y en particular una nueva mirada realista, en la llamada poesía objetivista o “del noventa”, cuyo órgano más importante de difusión fue el Diario de poesía. Escritores como Daniel García Helder y Martín Gambarotta quitaron de su poesía toda metáfora, y todo adorno, hasta que aun el adjetivo o el adverbio se llegaron a considerar excesivos. La importante antología, Poesía en la fisura (1995), incluyó poemas con un fuerte enfoque cotidiano, pero sin la subjetividad romántica encontrada en la llamada poesía “comunicativa” o “social” de los 60 y 70, mejor ejemplificada quizás en la poesía de Mario Benedetti. Se puede identificar en las poéticas de los 90 cierta reacción contra el barroquismo, durante una época en que en vez de la rigidez hétero-militar o hétero-guerrillero, el principal enemigo era el exceso del flamante sistema neoliberal, encabezado y encapsulado por un presidente multi-millonario aficionado de los autos Ferrari y las modelos de alta costura. 
Si las repercusiones micro-políticas de la dictadura de los ‘70 funcionaron, de forma quizás perversa, como precursor o hasta impulsor de la poesía de los ‘80 y ‘90, la crisis político-financiera de 2001 y sus efectos en la esfera cultural – cierre de editoriales, falta de recursos para organizaciones culturales, contracción del mercado editorial – serían el correlato de la llamada “poesía actual”. Nuevamente se habla de un “boom”, aunque esta vez para nada secreto: mucho se ha escrito sobre el alza de la producción poética en los últimos años y de las ventajas del género bajo condiciones de shock económico. La poesía no implica una infraestructura; los poetas, a diferencia de los novelistas, no piden mega-contratos para editar sus obras; los poemas circulan dentro de pequeños grupos prestándose con facilidad a las nuevas formas de circulación, por ejemplo, la sala “chat”, la página web o el ‘blog.
Otro elemento que con frecuencia resalta dentro de los circuitos de la poesía actual es la importancia del diseño y la artesanía, con libros hechos a mano, con dibujos propios o de artistas-colaboradores. Por ejemplo, la revista Plebella, importante sitio de debate sobre la producción poética actual y dirigida por la escritora Romina Freschi, además de sus llamativas tapas, incluye “flipbooks” y otros trabajos del artista Eduardo Zabala. Por otra parte, la revista El niño Stanton, que ofrece a sus lectores fotos firmadas y otras pequeñas obras de arte. Más allá de sus características como obra impresa, la poesía actual posee fuertes conexiones con la performance; por medio de la incorporación de elementos multi-mediáticos, música, baile y otras formas de corporalidad. Así, se podría afirmar que la práctica poética se desenvuelve dentro de una serie de actividades que podríamos llamar activismo cultural.

 

Los activistas

Quiero citar a dos ejemplos, para ilustrar estas observaciones. Primer ejemplo: la producción de Washington Cucurto, seudónimo de Norberto Santiago Vega (Buenos Aires, 1973). Cucurto trabaja en la editorial Eloísa Cartonera, organización que combina la actividad de los ubicuos cartoneros porteños con diseño, edición y venta de libros artesanales, y en la Casa de la Poesía. Su obra exhibe características formales del neobarroco – sintaxis exuberante, promiscuidad y atrevimiento léxicos - concentrándose en la cultura popular-baja, callejera y cumbiantera, en particular, como una reacción crítica contra el desarrollismo contemporáneo.
El segundo poeta, Sergio Raimondi (Bahía Blanca, 1968), es director del innovador museo del Puerto Ingeniero White, proyecto que combina actividades educativas, comunitarias, y culturales. Su poesía, en particular su primera colección, Poesía civil (2001), responde a una imprecación de Theodor Adorno: no sólo escribir con la industria moderna como tema, sino igualarla.  Por ello, encontramos en su obra una minuciosa exposición de las tecnologías y las condiciones político-económicas que subraya el carácter épico de la experiencia cotidiana del trabajo. Como Cucurto, Raimondi demuestra su innovación como poeta, y que sin innovar, la tradición se convierte en kitsch de un día a otro. Simultáneamente, su trabajo como activistas culturales pone de relieve la importancia de la poesía dentro de una serie de prácticas de resistencia política. 

 

El “caso” Malmsten

Rodrigo Malmsten forma parte de una nueva generación de poetas argentinos, nacidos en los años setenta; más allá del antes citado Washington Cucurto, cabe mencionar como otros representantes de esta nueva promoción a Fabián Casas, Gabriela Bejerman y a Martín Rodriguez. A pesar de la enorme variedad de sus obras, estos escritores tienen en común una profunda formación en las tradiciones poéticas nacionales e internacionales, cierta distancia respecto a las dicotomías y sectas que dominaron la poesía de los 80 y 90, y una fuerte tendencia provocadora, contra los estilos oficiales, y contra la zona de confort donde puede residir la poesía lírica. Tienen en común, de cierto modo, una resistencia contra el mismo lirismo; en el caso de Cucurto en el empleo de una serie de seudónimos, personajes y fachadas que lindan con lo absurdo; o en el caso de Bejerman por su presencia multi-mediática, en vivo, en disco, y en línea. En el caso de Malmsten, la inestabilidad de la voz, sus cambios de posición, género, y forma, dejan al lector en la posición del público de una obra de Antonin Artaud, rodeado, inseguro, amenazado.  Su obra expresa y presenta una serie de rupturas y abismos, cortes en los poemas, y riesgos para las voces oídas.
Malmsten recupera la figura del artista, y de una obra que funciona como gesamptkunstwerk: todas las artes juntas. Es actor, director, escritor, y productor de obras de teatro e instalaciones, pero sus trabajos en distintos géneros no entran en cajones separados – su teatro es poético, y sus poemas emplean una serie de técnicas teatrales. Hay que mencionar aquí la presencia de la poesía del gran dramaturgo alemán Heiner Müller en la producción poética de Malmsten.
El primer poemario de Malmsten, Esqueletos transparentes, fue editado en 2009 en Buenos Aires por Mansalva, uno de los más importantes difusores de la nueva literatura argentina, y sello de escritores ya establecidos como Arturo Carrera, y los más nuevos, como Diego Memet. Dijo Juan Lezcano de este poemario: “Cada poema de Esqueletos transparentes es como un parlamento dramático escrito para la escena, porque en sus páginas se escucha una voz que declama los versos, con ese retintín que resuena en el libro igual que lo haría entre las gradas de un teatro. La poesía de Malmsten es dark y barroca, y busca una sensibilidad nueva. Sus lectores ideales podrían ser jóvenes emos, con sus caras empolvadas de blanco y sus pelos que se derrumban como catedrales góticas sobre sus andróginos rostros. Porque leer este libro también es perderse en el teatro del cuerpo, para verlo a Rodrigo Malmsten desenterrar, como un sepulturero shakesperiano, el hueso de la poesía, una y otra vez”. (Contratapa, Esqueletos…)
Las observaciones de Lezcano son de mucho valor, ya que vinculan la obra de Malmsten con el estilo como arma política, como señala el sociólogo británico Dick Hebdidge en su libro sobre el Punk, Subculture. The Meaning of Style [Subcultura. El significado del estilo], en el cual subraya las provocaciones y “ruidos” de las nuevas tribus urbanas como rebelión contra la harmonía ensordecedora del consenso cotidiano. Además, esbozan una línea a la obra de Roberto Echavarren, importante poeta del neobarroco, y en cuya obra ensayística se ha estudiado la relación entre teatro, rock, y lo andrógino.  Cabe subrayar el tema de la ambigüedad sexual en la poesía de Malmsten: de cierto modo, escribe desde una posición de neutralidad, que pasa por una serie de experiencias corporales y sentimentales que a veces aparecen en voz masculina, a veces femenina.
Otro crítico, Facundo Di Genova, dice de Esqueletos transparentes: “Ahí lo veo a Rodrigo Malmsten, saliéndose con la suya una vez más, haciendo imposible lo posible. Lo veo, lo escucho, lo leo. Qué me pasa no sé. Está ahí, como diría Steiner, en lo más hondo del caos primitivo, sintiéndose cómodo en él. Es papel ahora Malmsten, es carne imposible. Es un vivo muriente, Malmsten, astuto y tonto. Muere en la suya haciendo imposible lo posible. Renace, muere, y vuelve a renacer. Está loco. Se sale con la suya una vez más. Me gusta. Es música”. (Contratapa, Esqueletos…)
Di Genova nos ofrece una línea de fuga a otra tradición, esta vez teatral, en vez de musical, la tradición del surrealista-disidente, el francés Antonin Artaud, y su escritura del riesgo, del teatro del cuerpo y de la voz, y de la posibilidad de perderlo todo por el arte. Los temas del cuerpo, el sexo, el género, y la violencia están muy marcados en Esqueletos transparentes, de forma sumamente provocadora.

 

Teatro e instalaciones

Un elemento de mucha importancia en la obra de Malmsten es lo multi-mediático. En el mes de septiembre en Bruselas presenta una instalación, Femme-Eau-Enfant/Vrouw-Water-Kind [Mujer/Agua/Niño].  Quizás su trabajo más conocido, la obra de teatro Kleines Helnwein (2001), emplea las obras del controvertido artista plástico, Gottfried Helnwein, colaborador del músico Marilyn Manson, no sólo como tela de fondo, sino para profundizar su investigación de la violencia que reside en el corazón de la sociedad actual. La obra ganó una larga lista de premios, y le mereció el título de “enfant terrible” en la prensa nacional e internacional, y fue calificada de “fascinante y repugnante” por representantes de la prensa porteña, que dijo también que “ofrece una visión pesimista y hasta apocalíptica de su país y de la sociedad en general”. Pero más allá de estos comentarios periodísticas, veo en la obra un complejo diálogo con la tradición teatral; hay cierto toque del grotesco criollo en esta obra, no necesariamente en su versión cómica de los años 30, sino en la revisión que hace Griselda Gambaro de la tradición grotesca argentina, en obras como Los siameses, o su obra casi imposible de meter en escena, Información para extranjeros, en los dos casos un grotesco político, de crítica social. Además, Malmsten es uno de los autores contemporáneos que dan nueva significación a la tragedia jacobeana, de la época de Jacobo I de Inglaterra, con su corporalidad, hipérbole, y extraordinaria violencia, una tradición a que contribuyó hasta William Shakespeare, como en la poca producida y ultra-violenta Titus Andrónicus. La controvertida dramaturga inglesa Sarah Kane, que se quitó la vida a los 28 años, en su opera prima, Blasted, intentó examinar la conexión entre la violencia cotidiana que lleva a los hombres a cometer actos de violencia, y las guerras y crímenes de lesa humanidad a escala internacional. A pesar de la escandalizada reacción de la crítica inglesa a una obra que pone en escena violaciones, asesinatos y la profanación de cadáveres, después de su muerte la reputación de Kane ha ido creciendo, en particular fuera de Inglaterra. En Alemania y en América Latina, su obra ha sido de bastante influencia. Kane observó que, “el teatro no tiene memoria, por eso es el más existencial de los artes … vuelvo con la esperanza de que alguien en algún cuarto a oscuras me muestre una imagen que se grabe en mi mente.” Las imágenes de Malmsten sí se graban en la mente, no sólo por la fuerte carga visual, sino por los variados efectos sonoros, la multiplicidad de voces, como coro griego para el siglo veintiuno.  Otro aspecto de su obra es la presencia de distintas formas literarias; por ejemplo el empleo del haiku en Esqueletos, escritos todos en francés; su versión pluri-vocal de la poesía lírica, con un llamativo uso de las mayúsculas; o una serie de elementos teatrales. La metáfora en Malmsten es otro campo experimental, una forma de transición de la experiencia al cuerpo y del cuerpo al arte plástica, como en este ejemplo: “EN ESE LUGAR / DONDE HOY SE INSCRIBE EL INFINITO / CON EL CUELLO DEL SOL RECIÉN CORTADO” (Esqueletos 48)
Por más obvio que parezca, cabe destacar la presencia de Malmsten en Bruselas. Como muchos argentinos, Malmsten vive lejos de su tierra; a pesar del éxito de sus primeras obras teatrales, Malmsten se vio obligado a salir de su país para trabajar y producir como artista. Este es otro movimiento que marca las letras argentinas, una tendencia diaspórica que data de los primeros años de la independencia, e incluye textos fundadores, como El matadero  de Echevarría, y que aun en la época pos-dictatorial sigue vigente. Pero un poeta que se encuentra tan lejos de su país todavía puede encontrar sitio para compartir su obra con el público, la patria momentánea del artista.

 

 

MI CUERPO

                                                                                                      a Marosa di Giorgio

MI CUERPO, TAMBIÉN MI VOZ,

LAS CUENCAS DE LA TARDE O DE LOS HUESOS

EL OLOR A CARAMELO, A GLICINA O AQUEL COLOR GASTADO

DE HIGOS SUAVES COMO

NARANJAS,

            SIGUEN JUGANDO EN MI PIEL

                        PERO SE DESPRENDEN LENTAMENTE COMO UN SOL                      (CANSADO

CUANDO LA NOCHE SE DIBUJA ENTERA ENTRE LAS RAMAS

                        EN ESE ENTONCES MI CUERPO OLÍA

                                                                        A MAR

                                                                        A SOL

                                                                        A TIERRA

                                                                        A OJOS

                                                                        A GARGANTA DESOLADA

Y MI PADRE ERA, BAJÍSIMO, COMO EL OJO DE UN CARACOL

                                   COCINABA DELICIOSOS PLATOS

                                                NEGROS

                                                ROJOS

                                                AZULES

            CON HILOS VOLUPTUOSOS

            QUE GIRABAN COMO ESFERAS DE CRISTAL 

 

            INCANSABLEMENTE ENTRE MI BOCA Y GIGANTESCOS TENEDORES

UN BUEN DÍA GIRÓ SU CABEZA HACIA NOSOTROS

            APUNTÓ SU GRAN NARIZ

            HACIA NUESTRAS MANOS

            Y NOS MATÓ

 

de Esqueletos Transparentes (editorial Mansalva)

 

 

 

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°36 Marzo de 2011

•Por Ben Bollig
Leeds (Reino Unido)

Especial para Confines - El extremo Sur

 

Marzo/Abril de 2011
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