Un recorrido anacrónico de poetas, y la noche, el balón pie y sus traducciones al castellano. Un banquete de transeúntes adorados posterior a su partida, donde sus obras lograron una fecunda posteridad en el mundo de las letras.

Viejos malditos

Traducidos en la Patagonia

Estábamos con Charlie Bukowski en la esquina de mi barrio, lo puteaban, le pedían champagne y no había más que un faro roto por algún piedrazo de algún mocoso que quería ver un estallido donde no lo había, como esa nirvanesca difamación de torbellinos sonoros de la canción Tourette’s. Yo me hacía el desentendido mientras los gorritos de fútbol de Newbery, arrinconaban a mi beodo amigo contra el paredón que blandía un “Lobo manda".

por Federico Mehrbald
traducciones de Ignacio Pérez

Justo, Verlaine atinó a decir unas palabras desacertadas, pero el momento de una posible gresca se nos iba figurando en las manos a cada uno de nosotros. Diantres, que si sigo así sosteniendo esta botella nos van a romper las piernas, pensé. Gritaron “Puto” y Rimbaud se puso -dice la jerga-, más colorado que nariz de payaso, y Verlaine lo miró de reojo, al igual que alguien que sedujera a una quinceañera con sortilegios. No voy a mentirles esta vez, vi varias lágrimas pero no voy a decir quien ama a quién.
Luego nos fuimos por otras fronteras y terminamos fumando cigarros en la placita cerca de la jefatura de policía. Sí, era en el barrio donde todos saben que la plaza es vigilada por los muchachos encargados de mantener el orden. Baudelaire me decía que no me caiga, que en unas horas si los antecedentes no se decantaban, y no tocábamos “el pianito”, estaríamos en una casona de la costa tomando un hada verde.
Respirando intoxicados, durmiendo en vida como si fuera un sueño, envenenaban con los ojos las cosas que observaban. Raspaban el espacio en blanco de los libros abiertos y los cementerios se los chupaban; mientras el mundo típicamente malvado sostenía sus manos miedosas ellos se reían.
Mallarmé nos despertó al amanecer entre los albores y las botellas rotas, y con envases medio llenos de líquidos fermentados que ya sólo sirven para cocinar. El sol brillaba en lo alto de la meseta cerca del Marqués de Tilly, donde todos los naufragados estiraban sus cuerpos dentro de la bruma hogareña. El picadito del domingo empezaría en una hora. Tiempo suficiente para despabilarnos y ponernos a tono para el encuentro. Jugábamos contra un combinado de otra zona, donde se encontraba Gérard De Nerval; quien había sufrido graves trastornos nerviosos, como la bipolaridad, el sonambulismo y  la esquizofrenia. Por ese asunto pasó varias temporadas en un infierno –los hospitales psiquiátricos-, en donde lejos de curarse, se ensanchaba su locura leyendo libros de ocultismo.
François Villon, era otro de nuestros rivales, un suburbano devoto de los excesos, que cayó preso por robo en una ocasión y fue condenado a la horca. Para esquivarle a ese destino, escribió una balada pidiendo clemencia y la pena de muerte se le permutó por el destierro. También estaba el Conde de Lautréamont, el extraordinario centro delantero franco-uruguayo, maestro infernal de letras y emblema símil charrúa del equipo, que junto a Villon se disputaban la capitanía de los malditos y el supuesto origen simbolista.

 

▼Secciones

 

 

STÉPHANE MALLARMÉ / POEMAS

 

 

El azar
De Una partida de dados jamás abolirá el azar

ERA EL NÚMERO NADA
de la memorable crisis
si no se hubiera
el acontecimiento llevado a cabo con vistas a todo resultado nulo
humano
HABRÁ TENIDO LUGAR
SINO EL LUGAR
una elevación corriente vierte la ausencia
inferior chapoteo cualquiera como para dispersar el acto vacío
abruptamente que si no
por su mentira
hubiera fundado
la perdición
en esos parajes
del baldío
en que toda realidad se disuelve EXCEPTO
QUIZÁS
en la altitud
tan lejos como un sitio fusiona con más allá
fuera del interés
en cuanto a él señalado
en general
según tal oblicuidad por tal declividad
de fuegos
hacia
debe ser
el Septentrión también Norte
fría de olvido y de obsolescencia
no tanto
que no enumere
sobre alguna superficie vacante y superior
el choque sucesivo
sideralmente
de una cuenta total en formación
velando
dudando
rodando
brillando y meditando
antes de detenerse
en algún punto último que la consagre
Todo Pensamiento emite una Tirada de Dados.

 

 

ARTHUR RIMBAUD / POEMAS

 


Mala sangre
De Una temporada en el infierno

De mis ancestros conservo los ojos celestes, el cerebro estrecho y la imprudencia la lucha. Me visto tan bárbaramente como ellos. Pero yo no me engraso la cabellera.
Los galos eran los desolladores de animales, los destrozadores más ineptos de su tiempo.
De ellos tengo; la idolatría y el amor por el sacrilegio; -¡ah! Todos los vicios, cólera, lujuria -magnífica la lujuria-; sobre todo, mentira y pereza.
Me horrorizan todos los oficios. Patrones y obreros, todos campesinos e innobles. La mano con pluma vale lo que la mano con arado. -¡Qué siglo de manos!- Yo nunca tendré mi mano. Después, la domesticidad trae problemas. La honestidad de la mendicidad me acongoja. Los criminales hieden como los castrados; yo estoy intacto y no me atrae.
Pero, ¿Quién me ha dado ésta lengua tan pérfida que es guía y salvaguarda hasta aquí de mi pereza? Sin servirme para valer de mi cuerpo, y más ocioso que un sapo, he estado en todas partes. Ni una familia europea ha dejado de conocerme. Se entiende que hablo estirpes como la mía, que parecen extraídas de la Declaración de los Derechos del Hombre. -¡He conocido personalmente a todos los hijos de buenas familias!

 

Mañana
De Una temporada en el infierno

¿No transité una vez una juventud amable, heroica, fabulosa, para ser escrita sobre hojas de oro? -¡Mucha suerte! Por aquel crimen, por aquel error, ¿Merezco mi agotamiento actual? Ustedes que pretenden que hay animales capaces de sollozar entristecidos, que hay enfermos que desesperan, que hay muertos que duermen mal, experimenten hacer el relato de mi caída y mi somnolencia. Yo ya no puedo explicarme sino mediante los continuos Pater y Ave María. ¡Ya no sé hablar!
No obstante, hoy creo haber finalizado el relato de mi infierno. Era innegablemente el infierno; el antiguo, aquel donde el hijo del hombre abrió las puertas.
En el mismo desierto, en la propia noche, siempre mis ojos tienen la revelación de la estrella de plata, siempre, sin que se conmuevan los Reyes de la vida, los tres magos, el corazón, el alma, el espíritu. ¿Cuándo iremos, más allá de las playas y los montes, a saludar el nacimiento del trabajo nuevo, la perspicacia nueva, la huida de los tiranos y los demonios, el fin de la superstición, a adorar -¡los primeros!-
La navidad sobre la tierra?
¡El canto  de los cielos, la marcha de los pueblos! Esclavos, no maldigamos la vida.


 

 

CHARLES BAUDELAIRE / POEMAS

•Traducciones de Ignacio Pérez

 

La belleza
De  Las flores del mal

Bella soy, oh mortales, como una pétrea
Flor.
Y mi seno, que a todos por turno ha
Torturado,
Fue hecho para inspirar al poeta un
Amor,
Tal como la materia, inmortal y callado.

Reino en el azur como incomprendida
Esfinge;
Al blancor de los cisnes, uno un corazón
Frío;
Detesto el movimiento que las líneas refringe,
Y como jamás lloro, jamás tampoco río.

Los poetas, delante de mis gestos imperiales,
Que parecen copiados de piedras
Inmortales,
Consumirán sus días del estudio
En las huellas;

Porque para tan dóciles amantes fascinar,
Puros espejos tengo que hacen
Las cosas bellas:
¡Mis ojos, anchos ojos de eterno rutilar!

 

El albatros
De Las flores del mal

Por divertirse, a veces, suelen los marineros
Cazar albatros, grandes pájaros de los
Mares,
Que siguen, de su viaje lánguidos
Compañeros,
Al barco en los acerbos abismos de los
Mares.
Pero sobre las tablas apenas los arrojan,
Esos reyes del cielo, torpes y
Avergonzados,
Sus grandes alas blancas míseramente
Aflojan,
Y las dejan cual remos caer a sus costados.

¡Qué zurdo es y qué débil ese viajero alado!
Él, antes tan hermoso, ¡Qué cómico en el
Suelo!
¡Con una pipa uno el pico le ha
Quemado,
Remeda otro, renqueando, del inválido el
Vuelo!

El poeta es como ese príncipe del
Nublado
Que puede huir de las flechas y el rayo
Frecuentar
En el suelo, entre ataques y mofas
Desterrado,
Sus alas de gigante le impiden
Caminar.


 

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°35 Febrero de 2011

•Presentación de Federico Mehrbald
•Traducciones de Ignacio Pérez

Especial para Confines - El extremo Sur

 

 

Febrero/Marzo de 2011
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