Miguel A. Sabatini
El Hartazgo (2009) Selección

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Una primavera en el infierno

Una primavera en el infierno
solo como un perro, con las paredes
listas a la huella animal,
a cuál de estas minas le gustará Chopin,
o a lo sumo Jethro o los Rolling,
a vos no te gustan mucho, digamos,
sabés, vos sos media tinta,
escribís y pintás y les tocás Chopin a las minas
y ellas se complacen en mirarte mover los dedos
y después bostezan, vos sos media tinta, loco,
empezás un poema cuando estás loco
por ella y te lo guardás porque ella está
loca por Neruda y sus 20 poemas
y vos estás loco por el dodecafonismo
y la serialidad y la seriedad y las muecas
que hacés asesinando a Chopin y
Chopin en primavera es un infierno,
los dedos se mueven atacados de sexo,
atacando las teclas de las caras
blanco y negro de las minas,
su palidez con sexo adentro, sus cuerpos
con sexo afuera, sus dedos con uñas comidas
y tus dedos con uñas cortadas para las teclas,
seriedad, viejo, con tu media tinta,
no es hora de paciencia y espera,
los dioses te van a asistir sin Chopin
y en el fondo ortogonal allí en el piso
donde Pollock tira las pinturas te complace
toda ilusión del infierno, sangre, huellas,
letras, sonidos, furia; la tela no es
un orgasmo, el final no existe ahí,
es una media tinta eterna,
un flujo de mujer,
una cascada de alcoholes y vinos,
un retrato de la soledad primaveral,
primavera infierno sexual con
voces de mujeres mozartianas,
ángeles de sueños incumplibles,
carretera de búsquedas ardientes,
oh amor, viene hacia mí,
hacia mi media tinta,
mi paladar seco de sol,
mis manos llenas de pintura,
sin pianoforte, sin pluma fuente,
sin sueños de Morfeo,
sin sueños morfológicos.
Desnudo.

 

Prueba de estado

Tus alas me traen el placer infinito,
vuelan por la sala principal 3x4,
cama dos plazas, sauna,
sillones, mesita ratona, cenicero, acá
se puede fumar después de hacerlo,
llevarse una petaca, pedir champagne,
tu rostro menudo está junto a mí,
desde el espejo del cielorraso parecemos
tan lejos, vos tan blanca y yo
tostado por el sol,
mis hombros te superan,
lo grande y lo pequeño,
tan pequeña mi respiración,
tan grandes tus gritos,
escuchamos otros gritos,
preferimos no saber
(el secreto se guarda entre todos),
de pronto nos vamos, no sabés
que mi amor está en otro lado,
es un secreto que guardo solo,
yo conduzco y no te miro,
tengo cuidado de los otros vehículos,
es de día: el sol nos hace
un blanco perfecto

 

 

 

 

Poeta, profesor de pintura, músico y heladero, el artista de Cutral Có iluminó el camino del grupo “Celebrios”. Humilde y filoso, afirma que “El único miedo es a ser mediocre, un mal poeta. Leo mucho porque mi ilusión es llegar a ser bueno”

Miguel Sabatini

Uno no debería decir: “voy a escribir un poema”

Vine a Cutral Có para conversar con Miguel Ángel Sabatini (1), creador múltiple, siempre al margen del “circo” de las crueles provincias. Por teléfono me dice que ya tiene todo. Pienso en el quincho preparado para la entrevista, el Gancia, los hielos, limones cortados y un par de ceniceros. Entrar a la guarida de Miguel es un placer. El quincho te recibe de frente con La Gran Parrilla, mientras que el resto de los muebles cambia de lugar con el tiempo y el uso. Por ejemplo, la mesa apunta a la ventana o se acuesta a lo largo según esté Miguel pintando o escribiendo. A la derecha del quincho hay una puerta que comunica con el taller donde se guardan los elementos para pintar, las herramientas, los cuerpos de la batería que supo tocar su hija y el piano. Además de poeta y pintor, Miguel también es aficionado a la música: un encantado de Chopin. Así es que en la guarida siempre hay buen clima. Sus amigos más cercanos, entre ellos los poetas Raúl Mansilla, Pablo Betesh y Sebastián González, han sido obsequiados con enormes polloks sabatinianos de 180cm x 150cm.

entrevista por Tomás Watkins

Nos acomodamos. Sirvo dos gancias con limón y hielo, prendo un cigarrillo y le cuento un par de cosas como para distendernos. Miguel escucha y cada tanto asiente: —ah… mirá vos. Sabatini es, ante todo, un gran tipo, con la amplitud que la idea permita; respetuoso, jamás pronuncia juicios a priori, no se enoja aunque a veces debiera. En los encuentros de escritores, apenas aparece un micrófono se corre a un costado cuando nota que otros, más verborrágicos, se desesperan por hablar. Pero estas virtudes no le restan ironía ni humor. Sus anécdotas, minimalistas y noctámbulas, parecen salidas de alguna película de Kusturica. Mientras pienso que a muchas de ellas no podría consignarlas en este espacio, empiezo a grabar.

 

Te fuiste a Buenos Aires de pibe. ¿A qué edad volviste a Neuquén?

• En el ’62 vuelvo a Cutral Có, como a los 19, y me ocupo en diferentes actividades. Por ejemplo, pintaba letras de carteles de comercio. A los 38 empecé en la docencia como profesor de dibujo, pintura y grabado. Una década más tarde, más o menos, me convierto en el Director del CIArt. Nº5 (Centro de Iniciación Artística Nº 5) de Plaza Huincul.

 

¿Cuál es tu percepción acerca del impulso de leer o escribir poesía?

• Las dos acciones son parte de una misma condición: necesitar la poesía. Yo siempre leía el Diario de Poesía, La Guacha, todas esas revistas. Sin leer, el tiempo pasa y uno está como “amorfo de lecturas”. Un día me cae Carlos Blasco con un libro de Tierra Firme, de un autor del cual ahora no recuerdo el nombre, pero fue leer algunos poemas y respirar nuevamente.

 

Habitualmente alternás entre poesía, pintura y música. ¿Qué vínculos hay entre las dos primeras?

• A veces he tratado de encontrar una relación sólida entre ellas pero es muy difícil. Es complejo tratar de hacer la pintura a partir de la poesía o la poesía a partir de la pintura; son dos expresiones diferentes.

 

¿Pueden ser complementarias?

• Pueden complementarse en cierta manera pero son cosas diferentes. En la técnica, por ejemplo, la pintura se distancia. Cuando me dedicaba a los letreros conocí a muchos pintores y de ellos aprendí mucho. Todo me sirvió. Aparte, también fui a estudiar unos meses con la pintora Dora de la Torre, una porteña que sabía hacer exposiciones con Raquel Forner; era de la época de Carlos Alonso, digamos.

 

Pero tuviste altibajos con el lienzo.

• Sí. Pasé mucho tiempo sin pintar mientras estuve en la docencia. De todas maneras dando clases mantenés frescos los conocimientos. Hace dos años empecé a pintar de nuevo porque encontré una manera de expresarme de forma abstracta y más sincera, con técnicas como el chorreado sobre el piso, la utilización de aerosoles, la espera por hacer cada color. En sí, las pinturas se terminan en poco tiempo, y hay todo un lapso que utilizo para esperar a que me llegue una idea, un matiz, un color, la forma.

 

¿En la poesía hay espera, como en la pintura? Estoy pensando en “El hartazgo”, ese libro que escribiste en 2008. En él te referís salteadamente a la pintura y al contexto de la escritura.

• Hay momentos en que detengo la pintura y me pongo a escribir poesía. Antes tenía, me parece, más facilidad para escribir; ahora escribo y critico al mismo tiempo. Aunque últimamente no he estado corrigiendo demasiado, porque es como si uno se fuera acostumbrando a usar la palabra justa.

 

¿En pintura existe la palabra justa?

• Sí, en la pintura también existe. Es cuando finalizar. En lo que sí se tocan la pintura y la poesía es en la premisa de contar con una estructura. Necesitan equilibrio, una base. Son edificaciones, obras arquitectónicas.

 

Fumo los cigarrillos sin terminarlos, pinto
un pedazo de cuadro, escribo un POEMA por
partes, escribo por costumbre, me entreno en la
es cri tu ra, soy un deportista que NUNCA
va a correr la prueba,

efectúo la acción vanidosa de crear,
deseo tener la enfermedad completa de
crear

 

Recuerdo una grabación que hizo Raúl Mansilla, en la que vos contabas que habías practicado, durante mucho tiempo, tiro al blanco.

• Sí. Es un deporte que requiere mucha técnica. Vos contás, entre un disparo y otro, con un minuto, un minuto y medio. Dentro de ese tiempo tenés que aguantar la respiración unos ocho segundos, permanecer inmóvil y disparar; si te pasás de esos segundos se puede perjudicar el tiro porque no te va oxígeno al cerebro y no ves bien, se pone todo borroso. Además, hay otros factores como el viento, la luz, en fin, uno debe dedicarse al estudio de un mecanismo que debe ser igual para cada tiro. Son dos minutos por disparo, entre tiros de prueba y de competición son como 170 disparos, estás cinco horas tendido, de pie y arrodillado, inmóvil con calor o con frío. Estás al aire libre y se te ocurre una filosofía, un espacio donde no hay jarana y se torna una competencia con uno mismo. El tiro con carabina es un buen deporte para templar el temperamento.

 

Esto, llevado a la poesía, es interesante.

• Esa conducta con el tiro es ejemplar. Una de las cosas que yo hacía era anotar, llevar un diario acerca de si ese día hubo sol, cuán fuerte estuvo, si se levantaba un vapor de la tierra que te lleva el blanco para arriba, entonces el tiro sale hacia abajo. En la poesía y en la pintura se requiere de la misma concentración.

 

¿Tenés alguna receta o fórmula de trabajo?

• Yo prefiero escribir y pintar en silencio. Sin música. Aunque a veces suena Chopin, para distraerme o para tener otros sentidos despiertos.

 

¿Cuáles han sido tus mejores momentos como artista?

• En pintura estuve en el catálogo de un salón patagónico, y después dejé de participar por un tiempo largo. El mayor logro en poesía ha sido estar leyendo junto a mis compañeros de Celebriedades (2) y ser escuchado por el público, que en general son poetas.

 

¿Alguna vez tuviste miedo de rozar la locura?

• No. ¡Ojalá! Ojalá uno rozara la locura porque saldrían mejores cosas. No. El único miedo es a ser mediocre. Un mal poeta. Si soy un mal pintor no me interesa, pero si soy un mal poeta sí, le doy más atención a eso. Leo mucho porque mi ilusión es llegar a ser bueno.

 

¿Conociste al poeta Mariani?

• Sí, tuve la suerte de conocerlo en una Feria del libro en Zapala, creo que era el año 2000. Le compré un libro y al mismo tiempo le entregué una plaqueta con algunos poemas míos. Al rato apareció por mi stand y me felicitó. A partir de allí nos encontramos en otras ferias, me llamaba cariñosamente Miguelito y me convidaba con su tradicional trago, el "café vienés" (Fernet puro rebajado con muy poco café).

 

¿Qué pensás de las cuestiones de pertenencia, de los rótulos que se ponen debido al lugar de enunciación? Por ejemplo, “literatura patagónica”.

• Yo pienso que a veces estoy situado en Buenos Aires y a veces acá. Escucho a Piazzolla y me siento allá, y estando en la Capital veo un desierto en la tele y me dan ganas de volver. Se experimenta el desarraigo, sos medio cosmopolita, eso. Pienso que la situación está dentro de uno. Fijate que una parte de mi poesía trata sobre las mujeres y otra sobre algo que no llegamos a conocer, que es la elucidación de la vida y la muerte, sobre Dios, sobre el infinito. O sea que los lugares en cierta manera no influyen. Además, siempre traté de que mi poesía no contenga imágenes de lugares que yo conozco pero otra gente no. Para qué.

 

El contexto no debería encorsetar al poeta, para vos.

• No, al menos no de forma demasiado conciente. Uno tiene que dedicarse a escribir. A pesar de haber nacido en un lugar, capaz que se educó en otro lado. En cierta manera, yo estoy contento con lo que me tocó en suerte.

 

¿Cómo intentarías definir la poesía?

• Qué aprieto. Podríamos decir que la poesía es una especie de proyección. El poema es la expresión escrita de esa proyección, formulada con ritmo y belleza. Un sistema de comunicación del ser humano. La lógica nos conduce a la certeza de que la poesía no es el poema pero reside involuntariamente en lo que se escribe. Ya no sucede como antes, cuando los trovadores memorizaban los textos. Bah, muchas definiciones son al pedo, ¿no? Porque definir no tiene nada que ver con crear. Además, hay un límite que no se puede franquear a propósito. Uno no debería decir: “voy a escribir un poema”.

 

¿Cómo te predisponés para escribir?

• Bueno, yo opino como tantos otros que hay que hallar la primera frase. Después, lo demás. Si la frase es muy buena, mejor todavía. Como te decía antes, prefiero sin música, pero a veces elijo música clásica. En ocasiones pongo el informativo o escucho a la gente hablar, porque quizás te tiran una palabra que vos necesitabas y la utilizás en el proceso. Yo siento admiración por muchos poetas, sin envidia ni nada por el estilo sino que me alegro de que haya buen material para leer. Uno no está en una competencia. Y me callo la boca, bueno, con los malos poetas, viste. Guardo silencio.

 

Sabatini accede al terreno febril de la creación, a esa zona oleaginosa de la mente eruptiva, y vuelve, sin alevosías, para contarlo. Afortunadamente para nosotros.

 

Nota

1. Miguel Sabatini (Cutral Có, 1944). Poeta, profesor de pintura y heladero. Es Director del CIArt. Nº5 de Plaza Huincul. Ha escrito los siguientes libros: Poemas rectangulares, Breve historia de amor, Los libros de Osiris 1 y 2, Poemas de clase media, El poema de amor de Nino, ExistOencia, Las palabras, Las escaleras, Acoso textual, Diferentes caminos (Primer Premio Poesía FEN 2002), Sonetos non sanctos, El hartazgo y La mujer rubia de la playa. La mayor parte de su obra permanece inédita.

2. El grupo Celebriedades surgió en Neuquén en marzo del 2003. Toma su nombre del libro Celebriedad, del poeta ecuatoriano Edwin Madrid. Su espectáculo de poesía, música y humor fue presentado en Argentina y Chile. El grupo (Raúl Mansilla, Carlos Blasco, Sebastián González, Juanse Villarreal, Cristian Carrasco, Pablo Betesh, Miguel Sabatini y Tomás Watkins) lanzó El barco ebrio, su emprendimiento editorial artesanal, en 2005, con el primer poemario de Sabatini en formato libro: Acoso textual.

 

 

 

 

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°35 Febrero de 2011

•Entrevista de Tomás Watkins
Cutral Có - Neuquén

Especial para Confines - El extremo Sur

 

Febrero/Marzo de 2011
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