Un libro padecido
Por Jorge Boccanera

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Podría decirse que de atrásalante en su porfía, nuevo libro de Juan Gelman, es un libro padecido, más que escrito, por quien se debate en la espesura del vacío. La búsqueda del sí mismo que atraviesa toda esta obra fluctúa en un “atrásalante; movimiento en el cual el poeta interroga a vez que se interroga. La sucesión de planteos y replanteos enfocan un punto movible, cuestión que se descentra en el ejercicio de la interpelación. Y precisamente el tono del libro está dado por la gestualidad que asume esa interpelación que se vuelve  demanda, advertencia, exhortación. Alguien clama en medio del tumulto: “¿Qué somos sino eso?”, “Hay que taparse los extraños!”, “¡Que paren la mutilación”. A ratos el monólogo interior deja paso a un formato de diálogo con interlocutores a la mano: “Soy otro dice usted?”, “Vean , vean…”, “Óiganme todos…”, “¿A dónde vamos, hijaeputa…“,  “Abran sus pechos, camaradas…”. En esa dirección apuntan también algunos títulos de poemas: “Síseñor”, “Déjenla en paz”. “Apurémonos”,
El sosiego entonces, atravesado por una franja exasperada. Como si ese lenguaje escueto, despojado -que caracteriza toda la última producción de Gelman- resultara en  jirones, hebras de un furor que trasunta intensidad, vestigios de una lucha interna. Todo el ser está en juego al momento de crear; luego, en la pausa entre un azar y otro, la mano anota: “El poema que pasa/ con un monstruo que no deja dormir”.

 

El poeta minero

Como quedó dicho, el núcleo principal de “de atrásalante en su porfía”, es una búsqueda del sí mismo que deviene arqueo de sombras. En esa especie de balance escribe Gelman: “Hay que subir/ paredes del amor/ por la escalera de uno/ y devolver las joyas”.
El poeta trabaja como un minero en zonas subterráneas, escarba con preguntas,  procura un centro entre fuerzas contrarias con la sola certeza de que: “Serse es una aventura”. Y si bien este libro está atravesado por las obsesiones del autor -el amor, la infancia, el exilio, la memoria, la poesía- su anclaje estriba en versos que inquieren una y otra vez en un ejercicio de prospección a fondo: “¿Cuándo/ se podrá decir/ que hemos estado en nuestro ser?” (…) “El que siempre me revisa el ser/ es otro, disperso”.     
También el tema de la fugacidad –las más de las veces un tiempo trastocado- cala hondo en versos siempre originales: “La lengua lame horas que/ mueren en su saliva cuando/ la mano del organillero/ mueve el instante”. 
El afán de justicia, el tema de la revolución y la miseria que “duerme con un temblor negro en la cabeza”, dan cuenta de la posición siempre cuestionadora de Gelman y también de los sueños perdidos: “El espectáculo del mundo está triste” (…): “¿a dónde fueron las noticias/ que inventaban humano al ser humano?” (…) “La sangre de las ideas manchadas/ mancha la sangre”
Ya desde el título, de atrásalante en su porfía revela otra de las marcas de la poesía gelmaniana: la lucha de contrarios.  Versos tomados del texto “El nudo” (“La puntada sin nudo hace/ nudo con lo imposible”) no dejan duda sobre el manejo de las figuras de pensamiento del autor de  Com/posiciones, Valer la pena y País que fue será, entre otros títulos.
Las torsiones de lenguaje forman parte de las sacudidas de este “atrásalante”: el terror convertido en verbo (“miedar”), y el uso de términos como “mesmamente”, “aujeros”, “Y de áhi?”, “vinió”, “sabió”, “rojidonde”, “terránima”, “plurivida”, etc. Y como siempre el tango, un elemento característico de esta poesía, que aparece en un fraseo canyengue como en el poema “Carancanfunca”. La canción ciudadana aparece además en un ejercicio de intertextualidad: el inicio del poema “Tango” (escribe Gelman: “¿Dónde estás corazón, que oigo/ tu trasluz, tu disfraz,/”) utiliza el primer verso de la pieza de Luis Martínez Serrano y Augusto Berto titulada precisamente “¿Dónde estás corazón?” (1930). También hay giros que remedan “la vergüenza de haber sido/ el dolor de ya no ser” de “Cuesta abajo”, uno de los puntos fuertes del trabajo compositivo de la dupla Gardel- Lepera.
Como en aquel texto “Confianzas”en el que el poeta encara su quehacer pese a todo, en este nuevo libro Gelman se sienta a la mesa y concluye con estos versos: “Nunca vuelve al sí mismo, sale/ de lo real a la verdad/ de lo real y canta”.
de atrásalante en su porfía muestra, una vez más, los muchos registros de una poesía siempre contundente que armada entre la idea y la intuición, arroja aquí y allá imágenes que restallan en un punto que es borde, justamente donde se reúne la imaginación de la conciencia y la conciencia de la imaginación.

 

 

El gran maestro argentino dialoga con su biógrafo jorge Boccanera. Reflexiona sobre las imposturas de los que “son víctimas de un ataque ideológico senil” y dispara sobre “los profetas del pasado”.

Habla Gelman

"Te encontrás a Hamlet en cualquier barrio porteño"

Uno de los ejes principales del útimo libro de Juan Gelman de atrásalante en su porfía, editado por Seix Barral, es la búsqueda del sí mismo. El poeta trabaja como un minero en zonas subterráneas, escarba con preguntas, se sacude las sombras, busca un centro entre fuerzas contrarias con la sola certeza de que: “Serse es una aventura”. Si bien este libro está atravesado por las obsesiones del autor -el amor, la infancia, el exilio, la justicia, la memoria, la poesía- su anclaje estriba en versos que preguntan una y otra vez: “¿Qué soy, quién soy/ y nunca me lo van a decir?”. Estas líneas que invocan a modo de balance “la ceguera de haber sido”, colocan al libro en un cruce entre el circunloquio de Hamlet y los versos de Lepera de “Cuesta abajo”.

por Jorge Boccanera

Señala Gelman que: “Los dos primeros versos tienen que ver con la historia de los padres, que pocas veces te la cuentan y no sabés bien de dónde venís, eso que te hizo y que no empieza con ellos, sino con lo que les hicieron. El otro dice de otro modo lo mismo que Lepera”.
En esa dirección el poema “La máquina” despliega la duda trágica de Hamlet; el circunloquio donde interroga al “alma noble” que debe optar entre el “porfiado rigor” o “rebelarse contra un mar de desdichas”. ¿Pero cuáles son las opciones en de atrásalante en su porfía?
“Me parece que son exactamente ésas. En cuanto a Hamlet, pocos saben lo que realmente dijo”, señala Gelman al tiempo que ofrece su propia versión, por ciento de sello porteño:
“Ser o no ser, el grave fato es ése./ Si es más noble sufrir en el marote/ las cachetadas de la suerte grela/ o ajustarse los leones como un macho/ y hacerles frente con la guardia alzada/. Crepar, apoliyar y de apoliyo/ gambetearle a la vida, esa fayuta./ Qué cosa grande qué es el apoliyo”… Te encontrás a Hamlet en cualquier barrio porteño”.

 

Tango

El tango es una constante en la poesía de Gelman, y no sólo por sus motivos y letras, cantores y compositores, sino por un fraseo canyengue, según lo muestra el texto “Carancanfunca”. ¿Es esto posible en una poesía con diversos registros culturales? El poeta responde: “Puede y es. Pero más que el tango es la nostalgia. No son cosas muy diferentes”.
Otro poema, titulado precisamente “Tango”, inicia con el verso de una canción “Dónde estás corazón” de 1930, con autoría de Serrano y Berto. Esa línea - “¿Dónde estás corazón, que oigo…”- atraviesa de algún modo todo el libro: “Tal vez –acota el autor-, pero sin corazón no hay poesía. Aunque no se oiga su palpitar”.
El título de atrásalante en su porfía -tomado del poema “Sí” del libro “Cólera buey” que Gelman escribió en 1963- remata con un deseo de totalidad: “empezando de a dos/ completos en el resto”. Vale decir que la búsqueda del sí mismo y el sentido de completud lleva en esta obra varias décadas. El poeta se toma su tiempo para responder y habla con un dejo de resignación y de ironía: “Alguna vez quise que ‘la asamblea del mundo fuera un niño reunido’ (el verso pertenece al libro “El juego en que andamos”, de 1959. N. de R.). No me hacen caso”.
Aquel poema “Sí”, hablaba de un corazón castigado “de través/ de atrás adelante en su porfía”; pero ese  “emperrado” corazón que “amora”, persevera;  no ha dejado ni de volar ni de amorar: “Y qué remedio queda. Como recordó la Ajmátova, el poeta no vive para escribir, escribe para vivir”.

 

El lenguaje roto

Las torsiones de lenguaje, los neologismos y  las palabras valija al estilo Girondo –“rojidonde”, “terránima”, etc- forman parte del lenguaje de de atrásalante en su porfía: “Es una vieja tradición de la escritura en castellano, aunque poco practicada. Lope de Vega dice en un soneto: ‘Siempre mañana y nunca mañanamos’. Cervantes, Quevedo, Góngora, neologizaron a gusto. Por lo demás, los pueblos se la pasan inventando palabras todo el tiempo. Desde que empezaron a hablar”.
Atraviesan el libro temas como la injusticia, la derrota, la miseria y una revolución que, escribe Gelman “paró en algún lado”; se impone así la pregunta de cómo sigue ese tránsito interrumpido?: “La verdad, es que no sigue. Por ahora. Me decía un amigo francés que en el 68 la muchachada de París gritaba ‘la imaginación al poder’ y que ahora exige la jubilación al poder’. Ya se le va a pasar”.
En este último libro al igual que en el anterior, Mundar, hay versos cuyos destinatarios serían aquellos que el poeta considera conversos: “sabios del muy después”. Si en Mundar habla de los “miserables que olvidan/ lo que viajaron de sí al otro”, en este nuevo libro escribe: “fingieron/ no ver los sueños de su sangre/ que le costaban sangre”.
“Es así, y no estoy hablando de invertebrados como Rodolfo Galimberti. Hay gente que soñó y luchó y ahora se pasó a la ‘teoría de los dos demonios. Son víctimas de un ataque ideológico senil. Hay otros que no se quisieron mojar el culo  y ahora dicen ‘nosotros ya sabíamos’. Son los profetas del pasado”.

Fases Destacadas

“Me decía un amigo francés que en el 68 la muchachada de París gritaba ‘la imaginación al poder’ y que ahora exige la jubilación al poder’. Ya se le va a pasar”.

“Hay gente que soñó y luchó y ahora se pasó a la ‘teoría de los dos demonios. Son víctimas de un ataque ideológico senil. Hay otros que no se quisieron mojar el culo  y ahora dicen ‘nosotros ya sabíamos’. Son los profetas del pasado”.

“William Blake, Paul Celam, René Char, Ángel González son compañeros. Y no son los únicos. Me acompañan el estar. No sé qué sería de mí sin la poesía de ésos y otros grandes”.

“Como decía don Luis Cardoza y Aragón, ese gran poeta y escritor olvidado. Los opuestos viven en tensión porque se aman. O al revés”.

“Ser o no ser, el grave fato es ése./ Si es más noble sufrir en el marote/ las cachetadas de la suerte grela/ o ajustarse los leones como un macho/ y hacerles frente con la guardia alzada/. Crepar, apoliyar y de apoliyo/ gambetearle a la vida, esa fayuta./ Qué cosa grande qué es el apoliyo”.

                                                               De de atrásalante en su porfía.

 

 

Los contrarios

Ya desde el título de atrásalante en su porfía revela una de las marcas de la poesía gelmaniana: la lucha de contrarios; el tema encuentra posiciones diferentes: la del poeta francés André Breton para quien los opuestos se reúnen en armonía y la del poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, para quien conviven en tensión. Gelman dice opinar: “Como decía don Luis Cardoza y Aragón, ese gran poeta y escritor olvidado. Los opuestos viven en tensión porque se aman. O al revés”.
Como en otras obras suyas, el autor de Gotán, Cólera Buey y País que fue será, entre muchos títulos, dialoga en esta nueva obra con otros poetas -William Blake, Paul Celam, René Char, Ángel González- a quienes designa con una palabra plena de significado “compañeros”: “Lo son –concluye Gelman- y no los únicos. Me acompañan el estar. No sé qué sería de mí sin la poesía de ésos y otros grandes”.

 

 

 

 

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°34 Diciembre de 2010

•Por Jorge Boccanera
Buenos Aires

Especial para Confines - El extremo Sur

 

Diciembre de 2010
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