Presentación del nuevo libro de la poeta y ensayista neuquina. “la lengua es un medio de producción que le sirve a la proletaria para inventar palabras ‘con las hilachas del silencio espeso de la incerteza, el miedo y la violencia’, sostiene Burton.

Valeria Flores

Una (lectura) deslenguada

¡Oh, maldita serpiente flexible, hechicera, escurridiza y ágil!...
Estoy harto de veras de seguirte siempre como cándido corderillo. ¡Hechicera, yo he cantado por ti hasta hoy; desde ahora, debes tú gritar por mí!
 F. Nietzsche, “Así habló Zaratustra”

por Gerardo Burton

En el barrio porteño de Núñez, donde yo crecí, deslenguadas eran las chicas que abandonaban el modelo de niña que juega con muñecas y no se junta con varones. La deslenguada era la que usaba el léxico de los pibes, peleaba como ellos, jugaba al fútbol y se ensuciaba las rodillas (todos usábamos pantalones cortos en esa época).
La deslenguada era también, si se exacerbaba su deslengüe y desaforaba sus ademanes, la machorra, la marimacho, la varonera. Era, por lo general, una excelente compañera de juegos. Todo comenzaba, como se ve, por el lenguaje.

Y aquí recuerdo cuando Octavio Paz, en “El laberinto de la soledad”, comienza a explicar la figura de la Malinche en la cultura mexicana. Dice Paz que “en nuestro lenguaje diario hay un grupo de palabras prohibidas, secretas, sin contenido claro, y a cuya mágica ambigüedad confiamos la expresión de las más brutales o sutiles de nuestras emociones y reacciones. Palabras malditas, que sólo pronunciamos en voz alta cuando no somos dueños de nosotros mismos. Confusamente reflejan nuestra intimidad: las explosiones de nuestra vitalidad las iluminan y las depresiones de nuestro ánimo las oscurecen. Lenguaje sagrado, como el de los niños, la poesía y las sectas”. Y sigue: son las palabras que usan los adolescentes cuando quieren presumir de “hombres”; son las palabras “categóricas” pese a su ambigüedad y sus significados variantes. Son las malas palabras. Yo podría agregar que existe también un lunfardo, esa zona donde es más fértil la creación de lenguaje. Aquí va también la proletaria para apropiarse no ya de sentido, sino de los medios de producción que, dice, le han sido arrebatados. Por eso, la proletaria es, según sus palabras una “mal criada de las huestes plebeyas”.
Valeria Flores pone en escena su diálogo con textos diversos: ensayo, narrativa, filosofía, sociología y poesía, siempre poesía. La interpelación de esos textos es respondida por una intervención de Flores que crea un teatro virtual sin máscaras donde el protagonista es el lenguaje en su profundo y originario sentido de configurador de la cultura, del pensamiento, de los sentimientos. La proletaria cumple el papel antagónico, que consiste en romper el ciclo de eterno retorno hacia los orígenes y marchar hacia lo nuevo del pensamiento. El origen es un mito que la proletaria del lenguaje se esforzará en hacer fracasar, al menos como está planteado oficialmente.
Y me pregunto: siempre se habló del Otro y del Uno. ¿No sería ya tiempo de hablar de Otra? ¿No habría que hablar de Una? ¿O desde Una? El planteo quizás fuera el mismo. Quizás no.
En uno de los prólogos de este volumen, Mónica D’Uva afirma que “el gesto adecuado es la traición” y, párrafos después, dice que la proletaria del lenguaje “debe hacer la revolución” para revertir ese arrebato del que fue víctima.
Aquí hay un primer estupor que produce este libro ante la mirada observadora y complaciente del progresismo glamoroso: hay una suerte de belleza fascinante que caracteriza toda crítica revolucionaria y que se encuentra en la “cornisa de la cordura”. Hasta ahí todo va bien y está dentro de lo aceptable. Pero ocurre que todavía no se es consciente de lo revulsivo que subyace en esa revolución a la que se quiere sólo estética. La trampa de la proletaria es que la belleza también es una herramienta de poder y de toma del poder.
Parece haberse plantado y pronunciar, como Zaratustra ante la danza de la vida, un grito bélico: “¡Oh, maldita serpiente flexible, hechicera, escurridiza y ágil!... Estoy harto de veras de seguirte siempre como cándido cordero. ¡Hechicera, yo he cantado por ti hasta hoy; desde ahora, debes tú gritar por mí!”
Es un llamado desgarrado a los orígenes, de donde viene la carencia. Ante la realidad de la herida, se construye un lenguaje como se construye un poder porque el deslengüe no da identidad pero la edificación del lenguaje sí. La lengua es un medio de producción que le sirve a la proletaria para inventar palabras “con las hilachas del silencio espeso de la incerteza, el miedo y la violencia”.
Con esas hilachas sólo puede generarse el poema, un poema que, como dice Adrienne Rich, “rompe un silencio”. Esa ruptura deja, entonces, dos preguntas en el aire y en la roca: ¿qué voz rompe el silencio, y qué tipo de silencio se está rompiendo?
Monique Wittig y Sande Zeig hablan de “la lengua original de las letras y las cifras”, previa a la diversificación babélica. Refieren a una supuesta “edad de oro”.
Sin embargo, si de edades de oro se trata, en el lenguaje antes de este lenguaje y de los mitos antes de los mitos actuales, conviene seguir el hilo hacia el principio paleolítico donde se celebraban ritos populares en honor de la Luna o la Musa. No es entonces descabellado abrevar en Robert Graves, poeta y maestro de poetas, que describe a la Diosa Blanca buscada por poetas y trovadores como “una mujer bella y esbelta con una nariz ganchuda, un rostro cadavérico, labios rojos como bayas de fresno, ojos pasmosamente azules y larga cabellera rubia; se transforma súbitamente en cerda, yegua, perra, zorra, burra, comadreja, serpiente, lechuza, tigresa, sirena... Sus nombres y títulos son innumerables”. Quizás ella esté al final de la búsqueda de la proletaria del lenguaje.

 

* Texto leído en la presentación de “Deslenguada. Desbordes de una proletaria del lenguaje”, por Valeria Flores, Ediciones Ají de Pollo, el 29 de noviembre de 2010.

 

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°33 Noviembre de 2010

•Por Gerardo Burton
Neuquén

Especial para Confines - El extremo Sur

 

Noviembre de 2010
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