Obras citadas

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La migración y el activismo cultural pueblan la poesía de Washington Cucurto, hecha de migraciones secretas, trabajo sexual y bailes de cumbia. Interviene políticamente y demuestra que  la poesía encuentra su éxito en lo que en otros géneros literarios se describiría como fracaso.

La máquina de Cucurto

Te estoy hablando, pelotudo

El desplazamiento, la migración y la poesía son claves en una de las obras más conocidas de Washington Cucurto, seudónimo de Norberto Santiago Vega (Quilmes, 1973), La máquina de hacer paraguayitos (1999/2005). El libro de Cucurto incluye en la página anterior a la portada una pieza intrigante, una copia de un comprobante fronterizo a nombre de Norberto Vega expedido por la Dirección general de Migraciones del Ministerio del Interior de Paraguay, válido durante treinta días desde el 23 de enero de 2000, sellado en Encarnación y firmado por Zunilda C. Riveros.

por Ben Bollig

Norberto Santiago Vega es el El nombre completo real de Cucurto y, casualmente, la mujer de Vega es paraguaya. Si uno de los aspectos principales del neoliberalismo es un mayor control y regulación de la fronteras, en particular en las fronteras de los puntos que no aportan beneficios para los capitalistas, La máquina comienza con un delicado acto equilibrista en y sobre la frontera: un argentino de la periferia de Buenos Aires (Quilmes) cruzando hacia el norte, a un país vecino más pobre, en dirección opuesta al camino que normalmente frecuentan muchos de sus personajes, pero cruzando no por uno de los pasos fronterizos turísticos tradicionales preferidos por los nuevos ricos de los años de Menem, por ejemplo Iguazú, sino por Encarnación, el paso con Posadas en la provincia de Misiones, un paso asociado con el contrabando y el comercio semi ilegal o ilegal. Este viaje se hace bajo el nombre real del autor, no con su seudónimo, y la evidencia de dicho viaje es un documento oficial robado (los comprobantes normalmente se devuelven a la salida del país). El nombre del signatario, Zunilda, es un nombre femenino típico paraguayo cuyos orígenes germánicos tienen aires tanto exóticos como de clase alta, que al mismo tiempo evoca la historia oculta de la inmigración a Paraguay de alemanes nazis y supremacistas de la clase aria. De este modo, los dos nombres en el sello sugieren una serie de luchas de poder inscritas en términos nacionales, de clase y género. Se da un juego en el que la inventiva y genialidad de la persona que cruza la frontera, robando u ocultando su verdadera identidad y desafiando a los representantes de la autoridad, se enfrenta a la imposición de estas obligaciones impuestas por la fuerza controladora del estado.

Una cosa es robar un trozo de papel; otra muy distinta robar una obra completa. La máquina comienza con el siguiente epígrafe:

Lo que escribo es tuyo.
            Pero ahora es mío.
            Porque yo te lo robé.
            (2005b: 9)

La primera línea resulta, a la vez, una dedicatoria típica de una obra al lector, y una afirmación del estatus del lector como figura esencial para la interpretación y la existencia de la obra, una posición que recordaría mucho a los intentos de la crítica literaria del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial por minimizar la intención del autor al escribir una obra como factor decisivo en la interpretación de dicha obra (Roland Barthes es quizás la figura más representativa en este campo, pero hay innumerables ejemplos en el mundo francófono así como en otras tradiciones). El uso de puntos para dividir las líneas de un modo que no encaja del todo bien con los dictados del buen estilo reafirma el conflicto entre las proposiciones y así mismo apunta a una característica distintiva del estilo de Cucurto, como se ha indicado anteriormente. El enfrentamiento entre la interpretación de la poesía del autor y la interpretación del lector se elimina a continuación con la afirmación sobre la estética del robo que domina la obra de Cucurto. De un regalo pasamos a una declaración de autoría y después volvemos al robo con un nuevo entendimiento sobre el regalo original: el autor no regalaba la obra al lector, sino que era del lector en primer lugar, y ahora se la ha robado; lo que Cucurto escribe siempre habría pertenecido antes a otra persona y el proyecto de Cucurto se basa en el robo. Sin embargo, esto sólo recalca lo que se puede llamar la acumulación cultural primitiva presente en la literatura, por la que la autoría de palabras, frases y fenómenos que circulan libremente en una cultura son tarde o temprano reclamados bajo el nombre de un autor; la imposibilidad de identificar el “yo” (Cucurto, Vega, ¿otra persona?) enfatiza esta incertidumbre. Como un plagiador confeso, Cucurto está llamando la atención sobre las estructuras de poder que sostienen la autoría.

 

La Dominicana

La máquina es una colección que explora en detalle cuestiones de migración y marginación en Buenos Aires; en particular en la figura de la Dominicana, una mujer de la República Dominicana a la que se dirigen muchos de los poemas de la obra o, en algunos casos, desde cuyo punto de vista están escritos. Aparece por primera vez en “Día tras día un trío de mujeres”:

Y tú, dominicana del demonio, que lo único que
                        haces es dejarme chupado como un higo.
                        Pasas las mañanas escuchando salsa,
merengue, chachachá. ¡Que tu Willie Chirino!
¡Que tu Jerry Rivera! Si yo fuera Willie
Chirino te daría salsa de patadas, un
Merengue de escupidas. Tú y tus tres primas
libidinosas, que impúdicamente imponen al
centro de la mesa a sus novios senegalíes y
marroquíes […]
Si no fuera porque
                        cuando paseas por Corrientes enloqueces
libreros a granel, ¡uf!, judíos harapientos,
dueños de los libros hermanos de la dicha.

(2005b: 15-16)

De nuevo, una serie de referencias literarias locales (la escena ambientada en un conventillo y los harapientos vendedores de las novelas de Roberto Arlt, por ejemplo El juguete rabioso (1926); un “pichiciego” (16), el animal metafórico principal de la novela de Rodolfo Fogwill sobre el conflicto de las Malvinas, Los pichiciegos (1983)) pelean por espacio con las figuras musicales populares, incluyendo al salsero cubano Willie Chirino y su homólogo portorriqueño  Jerry Rivera, ambos ostentando versiones anglicistas al estilo Ricky Maravilla. Se presenta un mundo de literatura, sexo, violencia, migración y trabajo mal pagado, pero lo que más llama la atención es la creación de la voz de Cucurto; el uso de la segunda persona del singular “tú” en lugar del vernáculo “vos” es una característica de su condición de extranjero, a la vez que una serie de interjecciones y exclamaciones rompen el curso de la narración a favor de las intervenciones expresivas de Cucurto, a menudo de carácter violento o sexual. Inventar con el lenguaje es la característica más típica de Cucurto, siguiendo pensamientos o conexiones tanto metonímicas como metafóricas. En su lenguaje (el de Cucurto) todo es posible; tal y como afirma en la fotocopia de una nota escrita a mano con la que se abre su obra reciente El amor es mucho más que una novela de 500 páginas (2009:2), “La literatura debe ser un espacio, ok, creación, un lugar, ¿un mundo? donde todo es posible.”

 

La migración a Buenos Aires

La migración hacia Buenos Aires tiene una significación especial en el mundo que se representa en las obras de Cucurto; tal y como Solberg describe en su importante estudio comparativo sobre la inmigración a comienzos de siglo XIX a Argentina y a Chile: “all the ills of the cities were laid on the shoulders of the foreign born” (1970:94) [“todos los problemas de las ciudades caían sobre los nacidos extranjeros”], en particular los problemas de prostitución y crimen (101). Otero y Pellegrino (203) argumentan que en Buenos Aires la concentración geográfica de los inmigrantes es relativamente baja (81). En Buenos Aires, “the conventillos encouraged a kind of ‘melting pot’ at the bottom of the social pyramid” (102) [“los conventillos fomentaban una especie de ‘melting pot’ en lo más bajo de la pirámide social”]. Los autores hablan de un “postmigratory social space” (105) [“espacio social postmigratorio”] presente en Buenos Aires en el que se pueden encontrar “new multiethnic networks” (109) [“nuevas redes multiétnicas”]. La elección de una emigrante Dominicana como figura central y frecuente narradora de la obra de Cucurto es de gran relevancia. Es curioso que a pesar de la importancia que se le da a la inmigración europea a fines del siglo XIX / principios del siglo XX en estudios sobre la historia y la cultura de Argentina, inmigraciones más recientes han atraído mucho menos interés, quizás en parte debido a su existencia dentro de lo que Jones describe como “the informal, illegal or vernacular city” (2006:242) [“la ciudad informal, ilegal o vulgar”], que es quizás lo que mejor se recoge en el poemario de Cucurto de 2007 Hatuchay, con sus descripciones fotográficas del barrio de Once, y el mercado repleto de zapatos brasileños, mano de obra industrial y doméstica paraguaya, supermercados coreanos, comida china o italiana, y prostitutas dominicanas o del norte de la Argentina (20-21). La migración dominicana a Argentina es un caso particularmente curioso; la “biografía” de Cucurto explica que él llegó a Buenos Aires a principios de los años 70, una fecha coincidente con la época de emigración masiva de la República Dominicana. Ramona Hernández, en su estudio sobre migración de la República Dominicana perfila las causas del “Dominican exodus” (2002:24) [“éxodo dominicano”] que se dio a partir de la caída del dictador Rafael Leónidas Trujillo en 1962. Mientras Trujillo había estimulado el crecimiento de la población e instaurado un estricto control sobre la expedición de pasaportes, la intención del presidente Joaquín Balaguer era la de estimular un cambio en la actividad económica de la República de la agricultura hacía los sectores comercial e industrial a través del aumento de la inversión extranjera así como permitiendo la salida del país a una gran cantidad de la población. Como un gobernante autoritario, con más intensidad incluso a partir de los años 70, las acciones de Balaguer incluían “expelling undesirable voices that attacked the regime” (39) [“echar del país a aquellas voces indeseables que ataquen al régimen”] pero también la expedición indiscriminada de pasaportes a todo aquel que los solicitara con el fin de aliviar la presión demográfica. En parte como resultado de estas políticas y otras, en particular relacionadas con el crecimiento del turismo, la República Dominicana, ha pasado a ocupar un papel destacado en el comercio sexual internacional; en primer lugar, tal y como observa Amalia L. Cabezas, la República tiene una de las industrias sexuales per cápita más importantes del mundo (1999:110); y en segundo lugar, las mujeres dominicanas desempeñan un papel predominante en la migración internacional relacionada con el trabajo sexual (112). Tal y como apunta Padilla:
While Cuba was the primary Caribbean destination for sex tourists to the region prior to Castro’s revolution [...] the Dominican Republic became one of the region’s primary destinations – as well as the most important “exporter” of female sex workers both within and beyond the Caribbean [...] following President Balaguer’s incentives to foreign tourism investment in the late 1960s and 1970s. (2007: 228)

[“Mientras Cuba había sido el destino caribeño preferido por los turistas sexuales en la región antes de la revolución de Castro […] la República Dominicana se convirtió en el destino principal de la zona – además de en el exportador más importante de trabajadoras sexuales tanto dentro como fuera del Caribe […] tras los incentivos a la inversión de turismo extranjero del presidente Balaguer a finales de los años 60 y durante los 70”]

Esto forma la gran mayoría del trabajo extranjero que, mediante remisiones, dio cuenta de más o menos una cuarta parte de la moneda extranjera de la República en los años 80 (Kempadoo, 2004:164); tan importantes son los trabajadores sexuales y las migraciones relacionadas con el sexo en la República Dominicana que Kempadoo llega a argumentar que la sexualidad opera como “a potentially transformational dimension of the region” (205) [“un aspecto que puede potencialmente transformar a la región”].

 

El poeta dominicano

El personaje de Cucurto como poeta de la República Dominicana también resulta intrigante; no es un país famoso por sus poetas como lo son muchos de sus vecinos más cercanos (Cuba y Nicaragua siendo los ejemplos más típicos) y en dos recientes antologías de poesía latinoamericana es un país de algún modo insuficientemente representado (en la antología de Ortega (2001) aparecen tres poetas, dos en ZurDos (2005)). Es más, uno de los poetas más conocidos de la República es el antiguo presidente Joaquín Balaguer, cuyo régimen es, se podría afirmar, la causa ficticia por la que Washington Cucurto abandona la República. En la década de los 70 el régimen de Balaguer permitió los escuadrones de la muerte que fueron responsables de los asesinatos de cantidad de figuras de la oposición, y en 1971 “for nine months a group of junior officers known as La Banda [...] attacked left-wing organizations and individuals and even shot up schools with the connivance, it seemed, of the police” (101) [“durante nueve meses un grupo de jóvenes oficiales de policía conocido como La Banda [...] atacó a organizaciones e individuos de izquierdas e incluso destrozaron a tiros algunas escuelas, según parece, con el beneplácito de la policía”]. A pesar de su carrera política, que se prolongó hasta los noventa, Balaguer encontró tiempo para publicar una serie de poemarios. Así, Cucurto toma uno de los clichés más comunes sobre la identidad e inmigración Argentina y lo matiza para crear un retrato de una migración plebeya y en gran parte escondida, pero que permite una unión constante entre literatura, política y sexo.
El personaje de La Dominicana es central en La máquina y una serie de poemas incluyen recuerdos contados desde su punto de vista, como en la composición “Y he contribuido al bienestar nacional...”

[...]
Soy la respetabilísima, la Dominicana.
He pagado los impuestos con mis ahorros.
He contribuido al bienestar nacional.
Y todavía conservo el orgullo
de afirmar que ninguno
ha sido infeliz en esta cama.
¿Me escuchas? ¿Estás ahí?
Te estoy hablando, pelotudo.

(2005: 42)

Gran parte del poema traza una serie de reminiscencias sobre la carrera y los viajes de la Dominicana, incluyendo Lima, Panamá y Venezuela. Tras algunos movimientos por distintos lugares y épocas, donde se cubre un periodo de treinta años y varios países, el poema se centra en el cargado ambiente de una pieza, en el que se sitúa a los lectores con la expresión “esta cama”. La economía de la vida de la mujer es consistente con lo que se conoce sobre el trabajo sexual de emigrantes, pagando impuestos legales de un trabajo ilegal y sin recibir ninguno de los beneficios de los que otros contribuidores del estado disfrutan, junto con un orgullo profesional en sus habilidades sexuales. Sin embargo, las dos últimas líneas, la interpelación a un interlocutor explícitamente masculino y desconocido (¿el lector?, ¿el escritor?) es un ataque directo y ofensivo al lector y también a las figuras de Cucurto y Vega, quienes por un lado se benefician de su situación y por otro la ignoran cuando les conviene. El poema cuestiona por tanto el papel tanto del lector como del escritor en la explotación de las mujeres. Demuestra la tensión latente entre las restricciones económicas y los intereses personales, en los que una mujer se ve obligada a ofrecer el último trabajo que le queda, trabajo sexual, pero a la vez también está orgullosa de la actividad que realiza y de sus efectos. Esta curiosa adhesión conservadora al presente sistema capitalista de sus miembros más marginados, tiene el efecto de resaltar la gran hipocresía tras las reivindicaciones de una base ética en el capitalismo.

 

La biografía de Cucurto-Vega

La máquina concluye con una reveladora biografía de Cucurto. Washington Elphidio Cucurto, dice el corto pasaje que se incluye al final del volumen y que firma Santiago Vega, “agitador cultural, se dedica desde hace años a compilar la obra de Washington Cucurto” (2005:61), nació en la República Dominicana en 1942 y llegó a Buenos Aires a comienzos de la década de los 70. A continuación siguen una serie de referencias tanto reales como ficticias a trabajos de Cucurto, así como información sobre sus viajes por Argentina, las provincias del interior y algunos países limítrofes, hasta llegar a desaparecer en América Central allá por 1979. Tamara Kamenszain señala que entre todos los cruces internacionales (un argentino haciéndose pasar por dominicano con una máquina para hacer paraguayos) La máquina “trabaja, como una inmigración latinoamericana, invadiendo todo, ocupando los lugares, rompiendo las escrituras” (2007:130). La interpelación de la Dominicana a lector y escritor es una reclamación por espacio y atención hecha desde una de las posiciones más marginadas y desaventajadas, que se hace eco de las prácticas de la empresa editorial de Cucurto. Al igual que el verso del presidente Balaguer, llama la atención sobre el variable estado político de la poesía y sobre el trabajo necesario para evitar que ésta se convierta en propaganda política para el sistema existente o en un espectador apolítico, haciendo un ruego especial por un arte que se divorcie de la cruda y tormentosa vida política.  Friera (2007) señala que el personaje no debería ser confundido con el autor, a pesar de “equívocos” de esta índole que aparecen a veces en los medios de comunicación. Cucurto, su biografía continúa, utiliza otro seudónimo más, Humberto Anachuri. Complicando las cosas aún más, Anachuri, “electricista paraguayo y crítico” (Anachuri, 2005: sn) escribe una reseña sobre una de las novelas de Cucurto, Las aventuras del Sr. Maíz, para la página web de la editorial que publica la obra, mientras en la solapa de El curandero de amor (2006), los detalles bibliográficos de Santiago Vega se dan como si fueran los de Cucurto. La biografía de Vega, ofreciendo más claridad sobre la escritura de Cucurto, cita una entrevista ofrecida por Cucurto a la revista de Buenos Aires La novia de Tyson en la que explica su idea de plagio como “una auténtica variante de la literatura”:

Yo no afano, simplemente escribo “a la manera de”; aparte ni el más genial creador podría plagiar magistralmente como yo. Si plagiamos al plagiario, saldrá algo maravilloso, lo mismo si plagiamos a un muerto […] pues no se lo puede hacer peor […]; en estos casos el plagio es siempre progresista y por consecuente productivo, al igual que el peronismo. El plagio es ante todo un acto de amor peronista….Perón le afanaba a Mussollini, Menem a Reagan, Cortázar a Michaux (2005: 60)

 

El plagio y el peronismo

Dejando a un lado la sorprendente inclusión de Julio Cortázar, un escritor conocido por su desacuerdo con las políticas peronistas, la noción de una tradición política y literaria de plagio es sorprendente, en particular al inscribirse en la historia del peronismo en sus diferentes versiones. Kamenszain (2007:128-9 n14) ve el vínculo entre el peronismo y el plagio como parte de una tradición literaria iniciada por Osvaldo Lamborghini. De hecho, al igual que en la presentación de la inmigración dominicana a Argentina, hay una curiosa nota de verosimilitud con la condición de Cucurto de peronista popular; como señalan Lupu y Stokes, desde la reinstauración de la democracia, la polarización de las clases, con los sectores más bajos a favor del peronismo y “the Peronist Party again representing the poor” [el partido peronista representando de nuevo a los pobres], se ha vuelto a convertir en una característica de la política argentina (2009:58; 81). Cucurto, el plagiador, es por tanto un usurpador literario, igual que Perón, un plagiador de los fascismos europeos y las culturas populares locales, quien fue, a los ojos de las clases gobernantes, el mayor usurpador político argentino. Es más, Cucurto redescubre el canon argentino como una serie de robos; como explica en una entrevista, “Borges era un chorro” (Capelli, 2006:nn). De este modo Cucurto entra en una tradición literaria y política de robo, incluyendo “Pierre Menard” de Borges, el uso del diálogo grabado de Puig, el robo de libros del personaje de Arlt en El juguete rabioso (1926), y el plagio de Perón de las políticas de Musollini y la sonrisa de Gardel. Los productivos robos creativo-literarios de Cucurto se convierten en una intervención política; la economía del usufructo latente en el proyecto Eloísa Cartonera se transforma en la obra literaria de Cucurto en una poética del robo. Así, la escritura de Cucurto muestra no sólo la gran variedad de migración en Argentina, y las consecuencias políticas inesperadas de esta representación, sino también el potencial de las intervenciones poéticas en las que activismo y poesía encuentran un balance entre ética y estética. Aún así concentrarse en el contexto y el contenido de la poesía de Cucurto, en los hechos de una poesía de migraciones medio escondidas, trabajo sexual y bailes de cumbia, no hace más que oscurecer el complejo trabajo literario presente al desmenuzar y volver a componer el canon argentino. Los medios a través de los cuales la poesía puede intervenir políticamente no están limitados a una serie de elecciones binarias, sino que son parte de una red de estética, temática y selecciones prácticas en la composición, circulación y recepción de la poesía. A menudo la poesía encuentra su éxito en lo que en otros géneros literarios se describiría como fracaso.

 

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°32 Octubre de 2010

•Por Ben Bollig
Leeds(Gran Bretaña)

Especial para Confines - El extremo Sur

 

Octubre de 2010
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