El volumen

Este libro es el quinto de una serie iniciada hace diez años, aproximadamente, por el mismo grupo de investigación o especialistas vinculados con él: “Historias de sangre, locura y amor”, coordinado por Beatriz Gentile y Ernesto Bohoslavsky (2000); “Pobres, marginados y peligrosos”, de Juan Quintar y Jorge Trujillos, editado en Guadalajara, México en 2004; “Historias secretas del delito y la ley”, por Diego Suárez, Marcela Debener y Susana Debattista, 2004; y “Tiempos de violencia en la Patagonia: bandidos, policías y jueces”, Gabriel Rafart, 2008.
El libro abre con relatos de femicidio: el primer triple crimen de Cipolletti –a cargo de Susana Yappert-; y dos ensayos sobre raptos, violaciones y vida prostibularia, respectivamente por Beatriz Gentile y Carla Bertello.
La segunda parte, titulada “La muerte, la locura, los raros” relata casos de sodomía en el norte neuquino; historias de alcohol y juego y un estudio del suicidio. En esta sección, colaboran Diego Suárez, Marcela Debener, Carlos Lator, Cecilia Arias, María Gorrochategui, Ernesto Bohoslavsky y Daniel Caminotti.
La tercera sección, “Ladrones y bandidos”, aborda la marginalidad de criollos e indígenas y está a cargo de Rafart, Enrique Mases y Francisco Camino Vela. Luego, un capítulo dedicado a los crímenes de Mario Amaya y el soldado Omar Carrasco, y a la vida de Erich Priebke en San Carlos de Bariloche. En este apartado escriben Susana Debattista, Guillermo Berto y Hans Schulz.
Luego, dos capítulos finales, uno para la relación entre jueces, policías y poder –escriben Gabriel Carrizo, Graciela Suárez, Melisa Fernández Marron, Fernando Casullo- y otro para ajustar el enfoque teórico –Lila Caimari y María Elba Argeri-.

Un libro del neuquino Gabriel Rafart investiga la vida cotidiana del territorio y sus historias mínimas de ausencia, desolación y desamparo. La vida fuera de la ley, los bandidos y la cultura de la marginalidad brindan pistas sobre el imaginario de una región compleja.

El mundo del crimen en la Patagonia

Los documentos de los viajeros, nacionales o extranjeros; los testimonios de los dirigentes y los relatos periodísticos son sólo la cima del iceberg que permite describir la evolución de una comunidad. La vida fuera de la ley, sus formas y su cultura, sus protagonistas individuales o colectivos, aportan para completar el círculo de una realidad que siempre resulta difícil de atrapar. “Historia social y política del delito en la Patagonia”, compilado por Gabriel Rafart para la Editorial de la Universidad del Comahue, lo logra.

por Gerardo Burton

Viajeros, misioneros, militares, antropólogos. A veces periodistas, maestros. Pioneros, comerciantes. Todos produjeron documentos que permitieron reconstruir la vida social de la Patagonia entre los finales del siglo XIX y comienzos del XX, por lo menos hasta la década de 1940. Un inesperado aporte permitió que investigadores e historiadores de la Universidad Nacional del Comahue accedieran a una ventana por donde asomarse a ciertas marginalidades, ausentes de la documentación oficial.
En efecto, el traspaso del Archivo de la Justicia Letrada del Territorio del Neuquén –AJLTN- a la Biblioteca Central de la UNCo, en carácter de resguardo, permitió al Grupo de Estudios de Historia Social, GeHiSo, profundizar la investigación en la vida cotidiana del territorio y sus historias mínimas de ausencia, desolación, desamparo.
El compilador del trabajo es Gabriel Rafart, historiador y docente de la UNCo, quien expresa en la introducción a “Historia social y política del delito en la Patagonia” que a comienzos de la década de 1990 “se ‘descubrieron’ a los bandidos y a los homicidas. Más adelante, a las prostitutas, los ladrones de poca monta, a los penados que cumplían sus condenas en los precarios penales de la región. También a los servidores de la ley y sus permanentes mudanzas de delincuentes a policía y de éstos a criminales... Junto con ellos, comenzaron a adquirir visibilidad otros tipos de criminales, como los abusadores y violadores. Hubo oportunidad de conocer las voces de las víctimas, como los grupos indígenas despojados de sus propiedades, también de las mujeres y niñas abusadas. Lo mismo ocurrió con los crímenes políticos, la criminalización de los ‘locos’ y los complotadores políticos. Otras formas de morir también fueron parte de este relevamiento, entre ellas los suicidios o la muerte abrupta por falta de protección ante un ambiente y clima muy hostil. El papel de la prensa y su mirada sobre la delincuencia completaban ese panorama”. Dos datos no menores: el primero que la investigación permitió establecer la precoz criminalización y judicialización de la vida del trabajador, donde cada accidente, por ejemplo, era atribuido a una responsabilidad del obrero y no de las condiciones laborales en que se desempeñaba.
El segundo, no menor, la invisibilización del sitio secundario, marginal y postergado de las mujeres, víctimas de abuso, violaciones, raptos y asesinatos. En este caso, también la víctima era considerada victimaria –especialmente en hechos vinculados con la prostitución sistemática o con las violaciones casi consuetudinarias ocurridas en una sociedad con población mayoritariamente masculina-.
Para Rafart, el estudio del mundo del crimen constituye una “oportunidad excelente” para conocer un aspecto más de la vida social y política de la Patagonia y de cómo se conformó una forma de hacer cultura en la región.
El trabajo puede considerarse también el corolario de un esfuerzo intelectual comenzado hace ya al menos dos décadas por los escritores en la Patagonia. El rescate, por llamarlo de alguna manera, de la historia posterior a la campaña de Julio A. Roca, y el relato de la existencia de la población criolla, pionera o no, que conformaba a paso lento una sociedad, tiene, al menos en Neuquén, antecedentes imposibles de soslayar. Uno de ellos es el trabajo del dramaturgo Alejandro Finzi que con una obsesión por las historias patagónicas, desarrolló obras de teatro con las vidas del periodista Abel Chaneton; de Juan Bautista Vairoletto; de Martín Bresler –uno de los fugados de la U 9 en 1918-; de Juan Benigar. En todos los casos, la investigación previa a cada obra, en condiciones adversas por la falta de documentos y, por supuesto, de testimonios, permitió iniciar una reconstrucción que hoy completa, desde lo académico, la actividad desarrollada por historiadores e investigadores. Como si el mito, una vez más, precediera a la historia.

 

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°32 Octubre de 2010

•Por Gerardo Burton
Neuquén

Especial para Confines - El extremo Sur

 

Octubre de 2010
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