El costado Gremial

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A pesar de la drástica persecución y encarcelamiento de una multitud de gremialistas a partir del Cordobazo, efectuada en distintos puntos del país por la Dictadura en los tiempos de Onganía y consecuentemente en los de Lanusse, surge en Chubut un movimiento sindical cuyo objetivo es defender los legítimos derechos de los trabajadores del Estado provincial.
Los primeros pasos los da en el primer trimestre de 1970 el Sindicato de Obreros y Empleados de la Administración Pública Provincial (Soyeap) que nuclea a personal de la administración central, de Vialidad y de una de las ramas del sector de la salud. En mayo de 1972 se produce la primera movilización de empleados públicos provinciales. De breve duración, pero de altivo tono, la manifestación recibe una dura represión por parte del gobierno militar del contralmirante Jorge Alfredo Costa.
Mientras tanto, los trabajadores viales que se separan del Soyeap y forman el Sindicato de Trabajadores de Vialidad del Chubut ( Sitravich ), organizan en noviembre de 1972 una huelga que comprende a obreros, técnicos e, incluso, a profesionales y personal jerárquico de la Administración de Vialidad Provincial. Ampliamente movilizados toman las instalaciones centrales del organismo estatal y las sedes de las delegaciones. Entre sus reclamos figura la elaboración del Escalafón del Obrero Vial ya vigente en otras provincias. Un año más tarde tal requerimiento y la aplicación de la correspondiente escala salarial son urgidos por el Sitravich mediante una huelga por tiempo indeterminado que, en realidad, dura cerca de 20 días.
También en los tumultuosos años ’70 se constituye la Asociación Trabajadores de la Educación del Chubut ( Atech ).
Y finalmente, en el filo de la década del ’80, se conforma en Chubut y adquiere preeminencia la Asociación Trabajadores del Estado ( Ate ) que ya contaba con una notoria trayectoria a nivel federal.
Coetáneamente, la Asociación de Trabajadores de la Salud, el Sindicato de Trabajadores Judiciales del Chubut ( Sitrajuch ), la Organización Provincial de Empleados Legislativos ( Apel ) y otros  gremios vinculados con el Estado provincial, van adquiriendo peso sociopolítico a partir del gobierno de Viglione. Desde esta gestión en adelante, la administración pública no deja de tener en cuenta en sus presupuestos y planes de gobierno la prioritaria incidencia de los sindicatos que protegen los intereses de los trabajadores estatales. 

Informe Especial

Chubut

Una democracia corta e imperfecta

La democracia en Chubut tiene una historia corta e imperfecta. Antes de 1983, solamente tres gobernadores habían sido elegidos por el voto popular. El radical intransigente Jorge José Galina presidió la Asamblea Constituyente que alumbró la Constitución de 1957. El radical del Pueblo Roque González –el único comodorense que accedió mediante elecciones a ese cargo en más de cinco décadas– sólo pudo gobernar un par de años a partir de 1963, nítidamente traicionado por sus propios correligionarios. >>>

por Eduardo Hualpa Acevedo

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El peronista Benito Fernández, por su parte, llegó de Esquel en 1973 para gobernar hasta el golpe militar de marzo de 1976. En realidad hubo un cuarto, el peronista Raúl Rioboo, elegido democráticamente en 1962 pero desalojado del poder antes de asumir por los golpistas que derrocaron a Frondizi. Este informe repasa la historia contemporánea de la democracia chubutense desde la asunción del carismático y luego decadente Atilio Viglione (1983-1987) hasta el final de la dudosa gestión de José Luis Lizurume (1999-2003). En el medio, una mirada crítica del desempeño de Néstor Perl –brillante como legislador y abúlico como gobernador, también torpedeado por sus propios compañeros hasta propiciar su caída– y al doble período de reinado y fulgor de Carlos Maestro –apodado en realidad “El príncipe”– quien terminó su ciclo con más pena que gloria después de tratar de forzar otra reelección. Queda pendiente el análisis de la gestión de Mario Das Neves, a quien le queda aún más de un año para concluir su segundo mandato, y que forma parte de la agenda permanente de El Extremo Sur.

La historia del Chubut registra el 11 de diciembre de 1983 como el día que vuelve a instalarse en la vetusta casona de avenida Fontana de Rawson un gobierno democrático, encabezado por el veterano dirigente radical Atilio Viglione. Hasta entonces, la ciudadanía sólo había consagrado con sus votos a tres mandatarios : Jorge José Galina, radical intransigente que previamente preside la Asamblea Constituyente que da a luz la Constitución de 1957; Roque González, comodorense proveniente del Radicalismo del Pueblo electo en 1963, que gobierna sólo un par de años, y el justicialista Benito Fernández que comanda el Ejecutivo entre el 1° de mayo de 1973 y el infausto 24 de marzo de 1976, fecha en que otro golpe de Estado, esta vez con un nombre kafkiano (“Proceso”) se adueña de la república. En 1962 un peronista de la primera hora, Raúl Rioboo, es escogido por el electorado para sentarse en el sillón de Galina, pero los militares golpistas que culminarán su demoledora tarea derrocando a Frondizi, impiden que ocupen sus cargos las autoridades electas que en distintas provincias habían realizado comicios dicho año.
Debido a todo ello, Viglione no sólo fue el primer gobernador chubutense que asumió su mandato en el marco de la recobrada democracia, sino también el primer gobernador democrático que tuvo la fortuna de terminar su mandato.
           

El gobierno de Chubut encabezado por Viglione  -al igual que el nacional liderado por Alfonsín– recibe en 1983 una herencia política, social y económica absolutamente deficitaria, “sin beneficio de inventario”. El vanilocuente “Proceso de Reorganización Nacional”, además de políticas de represión y terrorismo de Estado hoy reconocidos dentro y fuera del país como uno de los mayores baldones contra los derechos humanos, trajo aparejadas las nefastas consecuencias de la mal denominada “guerra de las Malvinas”, la desmesurada e injustificada “deuda externa”, la pérdida del honor sanmartiniano en los cuadros superiores de las fuerzas armadas, la diáspora de gran parte de los talentos  científicos, artísticos y literarios de la argentinidad y el exilio externo e interno de millares de compatriotas perseguidos y expoliados sólo por el “pecado” de no compartir la ideología fundamentalista y etnocida de la dictadura.
En general, a partir de 1983 el gobierno civil debió reconstituir las estructuras y funciones de la administración pública; literalmente refundar el Poder Legislativo, recuperando la sede parlamentaria que durante el lapso 1976-1983 había sido transformada en uno de los vacuos laberintos de la burocracia y recordar a la ciudadanía que existen jueces, fiscales y funcionarios a quienes se les paga sueldos para administrar justicia. Fue algo así como un viaje imaginario a la época en la que el gobernador Galina, sus ministros y legisladores acometen la ímproba tarea de construir un estado provincial desde sus cimientos, organizándolo con valores menospreciados por los gobiernos de facto: respeto por la Carta Magna, las leyes de fondo y los principios y postulados de la Organización de Estados Americanos (OEA).
En este sentido la cuarta Legislatura (1983–1987), del mismo modo que la “pionera” de 1958-1962, acredita una labor precursora sancionando normas que adecuan la legislación primordial (referida a educación y cultura, salud, seguridad, economía y finanzas, producción y trabajo, corporaciones municipales, obras y servicios públicos, etc.) a las necesidades y avances civilizatorios de la época. Se basa en el trabajo del gobierno de Viglione, que incorpora no sólo hombres de experiencia sino también profesionales jóvenes  que le dan renovados bríos al quehacer gubernamental. También los bloques opositores del Partido Justicialista y el Partido Acción Chubutense, liderados por Alejandro Fernández Vecino y Guillermo Di Fiori, producen numerosos proyectos de leyes y declaraciones relevantes y oportunas. Es por tales méritos que hasta hoy aquella Cámara presidida por el comodorense Juan Carlos Altuna, llamado “el caballero del radicalismo”, se considera una Legislatura “de lujo”. Es cierto que sus sucesores facilitan la caracterización.

 

Popular y personalista

Viglione fue un caudillo carismático con dos improntas muy marcadas: el típico personalismo yrigoyenista y su enorme inserción popular en el Valle Inferior del Río Chubut e interior de la provincia, tanto en la Meseta como en la Cordillera. Lo marcó su estilo de conducción, de asiduo contacto “persona a persona” con mujeres y hombres sencillos que ya había tratado a lo largo de sus más de treinta años como “médico de cabecera”. No lo modificó cuando fue vicegobernador (1963) ni como diputado nacional (1993-1997). Su dedicación prefigura la de Das Neves: infatigable, sin respetar domingos ni feriados.
El “talón de Aquiles” del radicalismo provincial de los’80 fue su recurrente internismo, su improductiva comunicación con Alfonsín y los “ideólogos” que acompañan al popular líder en la Casa Rosada y en el Palacio de Hacienda; y cierta inflexibilidad estratégica que impide que su gestión se adapte a vertiginosos cambios politicos, económicos y sociales que se producen en todo el mundo y, particularmente en América Latina. Ya comenzaba la inserción del neoliberalismo en el “tercer mundo”.

 

El turno del Justicialismo

La batalla de 1987 entre “morados” y “rojos” en la interna del radicalismo hicieron evidente la desunión dentro del partido gobernante. Los morados estaban bajo el control de de Carlos Maestro, y los rojos seguían a Manuel Migliaro, fogoneado por jóvenes militantes de Comodoro Rivadavia.
La notoria declinación de la “administración Viglione” –que durante los últimos meses de su gestión no pudo pagar los sueldos del personal estatal en tiempo y forma – hizo el resto para profundizar el desgaste, y contribuyó a catapultar al peronismo a la Casa de Gobierno.
El gobernador electo, promovido por las urnas a fines de 1987, es el entonces diputado nacional Néstor Perl, abogado de Esquel cuyo apellido tuvo resonancia a nivel nacional por su descollante actuación en los debates de la Ley de Matrimonio Civil.
En su mensaje a la quinta Legislatura (1987- 1991), Perl deja boquiabiertos a los cronistas parlamentarios (estaban Hugo Hernando, José Luis Montalto, Eduardo Rodríguezy Alberto Astuti) citando al célebre poeta francés Paul Valery: “El futuro ya no es el que era”. Para respaldar la cita señala: “El futuro de los argentinos es lograr librarnos de las ataduras financieras que pretenden sojuzgarnos en los planos económico y social”.
Perl fue uno de los políticos de mayor estatura cultural que haya tenido nuestra provincia. Lamentablemente, sus ganas de gobernar no estuvieron a la altura ni de sus dotes intelectuales ni de su comprobada capacidad legislativa. Fue evidente que el apego a su despacho no le permitió consustanciarse con la realidad provincial y menos aún advertir el cisma profundo que desde su segundo año de gobierno se entreabría en sus propias filas, al punto de producir la escisión que provocaría su renuncia sin lograr los propósitos explicitados en la Cámara al comenzar su mandato. Perl no supo ver cómo a sus espaldas, el peronismo se disputaba las “pilchas” que iba a dejar.

 

Pueblos originarios

Durante el gobierno de Perl se aprueban dos leyes muy importantes en materia de reivindicaciones de los pueblos originarios. Por ley 3.247 se crea la Comisión Provincial de Identificación y Adjudicación de Tierras a las Comunidades Aborígenes, que en su anexo A fija los límites de dichas comunidades en los distintos departamentos del Chubut. Consecuentemente con este instituto, tiempo después la Legislatura mediante Ley 3.657 establece normas tendientes a la preservación social y cultural de las comunidades aborígenes. Lástima que después se dio marcha atrás al tratar estos importantes temas.
Antesala del “menemato”
Durante la última etapa de la gestión de Perl tiene lugar en Rawson la “Reunión de los dieciséis gobernadores justicialistas”. El encuentro persigue dos objetivos: 1) convalidar institucionalmente el liderazgo de Menem quien, al vencer en la reciente interna a Cafiero, comienza a mirar el sillón de Rivadavia; 2 ) Salvar de alguna manera las finanzas de sus suelos natales desquiciadas por la hiperinflación y la política socioeconómica del gobierno de Alfonsín, jaqueada a su vez ésta por los alzamientos “carapintadas”, el penúltimo de los 13 paros generales patrocinados por la C.G.T. de Ubaldini y Cía., las impertinentes intromisiones del Fondo Monetario Internacional y el frío insufrible del “Plan Primavera” que no logra contar, tal como lo esperaba el ya decaído alfonsinismo, con el apoyo de los empresarios y, menos aún, con el respaldo de las organizaciones sindicales.
En aquel encuentro en tierra chubutense están presentes quince mandatarios, debido al “faltazo” de José Ignacio Bordón, gobernador de Mendoza, que anticipa con esta ausencia su “pase en blanco” a la oposición y la fundación de una nueva expresión partidaria: Pais, que años más tarde junto al Frente Grande y al Socialismo constituirán el FrePaSo, una de las columnas de la Alianza que, con el Radicalismo, llegará al poder el 10 de diciembre de 1999, derrotando al caudillo peronista de Lomas de Zamora, Eduardo Duhalde.   

 

El “intervalo” de Cosentino

Avanzada en la Casa de las Leyes la decisión de un sector del P.J., que cuenta con la adhesión del titular del bloque del PACH, el controvertido Cándido Tomás Cané, de impulsar un juicio político contra el mandatario provincial, Néstor Perl presenta su dimisión al cargo en octubre de 1990. Lo sucede el vicegobernador Fernando Cosentino, el dirigente a quien se acusara reiteradamente de no haber sido ajeno al alejamiento de Perl y que pasará después a un oscuro ostracismo político, lejos de cualquier participación destacada.

 

La “era Menem + Maestro”

El frustrado juicio político y las secuelas de la interna Menem vs. Cafiero provocan turbulencias en el seno del peronismo chubutense. Producto de esta navegación tempestuosa es la idea de ensayar en nuestra provincia la “Ley de Lemas”. El sistema había dado buen resultado en Uruguay soslayando ásperas confrontaciones entre líderes de un mismo partido.
La norma es aprobada con una particularidad: en Chubut incluyó una segunda vuelta como opción, instancia que el PJ decidió evitar en casi todos los distritos del país. Si el plan era crear “colectoras” de votos, lo que efectivamente sucedería bajo los sublemas de Sala y Guinle, ¿por qué apelaron a la fatídica –para el peronismo– segunda vuelta? El tema sigue abierto en reuniones partidarias y motiva debates que incluyen palabras como “traición” y otras de grueso calibre. La verdadera historia sigue sin escribirse.
En síntesis, Carlos Maestro se queda con la gobernación después de una primera vuelta electoral en que fue superado claramente por el peronismo. Maestro cautiva a millares de votantes justicialistas.
Acompañado por Jorge Aubía, estrena su mandato cuando Alfonsín –triste, solitario y final, diría Soriano– ya abandonó la Casa Rosada en manos de Menem.
Durante el primer año de la “década menemista”, Maestro se acomoda al nuevo estilo. El gobierno menemista inicia el proceso de privatización de las empresas del Estado, comenzando con Entel. Contra las recomendaciones de calificados juristas, Menem eleva a nueve el número de ministros de la Corte Suprema de Justicia, influyendo para que la “mayoría automática” del máximo tribunal designe al juez Julio Nazareno (socio suyo en La Rioja) como presidente. 
En el decurso de 1991, a instancias de la mayoría parlamentaria en ambas cámaras, el Congreso sanciona la famosa Ley de Convertibilidad (cada peso un dólar). En setiembre de ese mismo año se realizan comicios legislativos y provinciales que dan un decisivo respaldo al líder peronista. 
Menem lanza su “Revolución productiva” y Maestro lo emula, poniendo en marcha la suya. Se impulsan numerosos emprendimientos para la producción agroindustrial y la incorporación de tecnología. Algunos prosperan. Recorre muchas poblaciones del extenso territorio provincial, urbanas y rurales. Los domingos lee millares de cartas que le llegan habitantes de toda condición social. Contesta, como Das Neves ahora, con cartas que llevan su firma. Frecuentemente, él mismo levanta el tubo del teléfono comunicando a sus corresponsales las novedades satisfactorias.
Este patagónico nacido en San Julián, provincia de Santa Cruz, generó una leyenda que duró casi hasta el final de su segundo mandato. Usó constantemente los medios electrónicos.
Por efecto de la Ley de Lemas, Maestro lleva adelante su administración en minoría parlamentaria (16 bancas sobre 27). La oposición en manos del Justicialismo apoya alternativamente proyectos que están en sintonía con las políticas sociodeconómicas del poder central o responden a la “lógica de la oposición”, aunque con cierta frecuencia asoman los acuerdos.
Dos convenciones constituyentes ocurren durante su gobierno. La Nacional, en la ciudad de Santa Fe, y la provincial en Rawson. En la federal Maestro es convencional constituyente; en la local ve cómo la oposición justicialista se va incomodando hasta retirarse del recinto parlamentario al ser tratados artículos de la Manda que se resiste a convalidar con su presencia. Un cronista que se refiere a la acalorada reunión escribe: “Este desenlace es una suerte de desquite de Maestro, que tantas veces protestara ante los diputados de su mismo signo político por el cúmulo de proyectos de leyes que la mayoría justicialista sostiene encajonados en las comisiones”.

 

Reelección y frustración

En 1995 la fórmula Maestro-Aubía es reelegida. La reforma de 1994 admite la reelección de gobernador y vice por única vez, y Maestro quiere más. Impulsa así una nueva reforma constitucional. Públicamente sostiene que se han reunido unas 70 mil firmas, más del 3% del padrón electoral. De haberse certificado tal cifra en la Casa de las Leyes, el Cuerpo debía haber tratado la iniciativa popular en un plazo no mayor de 180 días. La iniciativa popular no prospera porque el sector ucerreísta que la impulsa no logra acreditar ante los legisladores opositores la autenticidad del número de firmas exigidas por el Art. 263 de la Constitución Provincial. Además, comprobar su autenticidad hubiera superado los tiempos requeridos para este tipo de reforma constitucional.

 

El caso Lizurume

El desgaste de la operación fallida–sumado a la imposibilidad de Maestro de postularse nuevamente– abre la sucesión en la UCR, con un peronismo desunido. Así surge José Luis Lizurume. Activo integrante de la Multipartidaria en los ‘80, subsecretario de Información Pública de Viglione, diputado nacional y luego ministro de Gobierno y Justicia de Maestro, es el elegido. Lo acompañará en la fórmula el comodorense Néstor Gil.
Su triunfo electoral se hace estrecho frente al candidato justicialista Marcelo Guinle, quien debía cargar con la boleta nacional de Eduardo Duhalde. La diferencia que obtuvo De la Rúa sobre Duhalde en Chubut fue abismal, mientras Lizurume obtuvo una diferencia muy inferior sobre su rival comodorense. 
Desde diciembre de 1999, Lizurume afronta un escenario crítico. Las desinteligencias entre de la Rúa y el vicepresidente “Chacho” Alvarez y las devastadoras consecuencias socioeconómicas devenidas de la década del menemato condicionan su mandato. Las incapacidades de de la Rúa se suman a la solapada actuación de grupos políticos que hacen lobby por la desestabilización –entre ellos, Eduardo Duhalde, quien con el aval del radicalismo bonaerense será presidente entre 2002 y 2003, a la hondura de la crisis social que pone a las clases media y trabajadora al borde de la extinción y los hechos de corrupción imposibles de ocultar.
El mayor traspié de Lizurume ocurre por su propia responsabilidad, y en su propio pueblo, Esquel, donde el plebiscito comunal sepulta en 2001 el proyecto de explotación de un yacimiento minero polimetálico promovido por la empresa El Desquite.
El mandatario provincial vio con buenos ojos el proyecto, y lo sostuvo hasta la derrota que marcaría el inicio de su decadencia política.
El movimiento ambientalista, que repudia la minería a cielo abierto y los procedimientos químicos que destruyen el medio ambiente, hizo de Lizurume un enemigo declarado, y al final lo convirtió en un muerto político.

 

*La gestión del gobernador Mario Das Neves –que transita su segundo mandato, que concluirá recién en diciembre de 2010 – aparece como omnipresente, multifacética, apoyada por un alto porcentaje de electores, dueña de una multitud de adhesiones políticas, económicas y sociales y, a la vez, puesta en tela de juicio por “propios y extraños”. Ssu balance “final” deberá esperar al cierre de su ciclo como gobernador. 

 

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°31 Setiembre de 2010

•Por Eduardo Hualpa Acevedo
Trelew-Rawson

Especial para Confines - El extremo Sur

 

Setiembre de 2010
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