La venganza del Quijote

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“En la Roma de Augusto quedó establecido el mercado del libro. A cada uno de sus integrantes —proveedores de tablillas de cera, papiros, pergaminos; copistas, editores, libreros— le fue asignado un pago o un medio de obtener ganancias. El único excluido fue el autor, sin el cual nada de los demás existiría. Cervantes resultó la víctima ejemplar de este orden injusto. No hay en la literatura española una vida más llena de humillaciones y fracasos. Se dirá que gracias a esto hizo su obra maestra.
El Quijote es muchas cosas pero es también la venganza contra todo lo que Cervantes sufrió hasta el último día de su existencia. Si recurrimos a las comparaciones con la historia que vivió y padeció Cervantes, diremos que primero tuvo su derrota de la Armada Invencible y después, extracronológicamente, su gran victoria de Lepanto: El Quijote es la más alta ocasión que han visto los siglos de la lengua española.
Nada de lo que ocurre en este cruel 2010 —de los terremotos a la nube de ceniza, de la miseria creciente a la inusitada violencia que devasta a países como México— era previsible al comenzar el año. Todo cambia día a día, todo se corrompe, todo se destruye. Sin embargo en medio de la catástrofe, al centro del horror que nos cerca por todas partes, siguen en pie, y hoy como nunca son capaces de darnos respuestas, el misterio y la gloria del Quijote”.*

*Fragmento del discurso La gloria del Quijote sigue en pie ante el horror que nos cerca, pronunciado por JEM en Alcalá de Henares el pasado 23 de abril, al recibir el Premio Cervantes

“Escribo sobre lo que veo y lo que veo no es para sentirse optimista. Ahora hay un nuevo matiz que no existía antes, una crueldad nueva” afirma el reciente ganador del premio Cervantes.

José Emilio Pacheco

“La poesía es una forma de resistencia contra la barbarie”

Tiempo de otros tiempos, otros horizontes y los mismos sueños. Cargamos en las alforjas el resplandor del mundo. Brillan en los ojos las estrellas que miraron otros cielos, que alumbraron otras noches. Ese es el sabor de la poética de José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 30 de junio de 1939), galardonado este año con el Premio Cervantes de Literatura, y en 2009 con el Premio Reina Sofía. La mayoría de sus títulos poéticos están recogidos en el libro Tarde o temprano (Poemas 1958 - 2000) (México: FCE, 2000), que reúne sus primeros seis libros de poemas: Los elementos de la noche, El reposo del fuego, No me preguntes cómo pasa el tiempo, Irás y no volverás, Islas a la deriva, Desde entonces, a los que han seguido Los trabajos del mar, Miro la tierra, Ciudad de la memoria y un volumen de versiones poéticas: Aproximaciones. Es autor de dos novelas, Morirás lejos y Las batallas en el desierto, y de tres libros de cuentos: La sangre de Medusa, El viento distante y El principio del placer. Es notoria su labor literaria, periodística, historiográfica y política.

por Daniela Saidman

En sus versos habitan todas las voces de México, todas las voces de la América Nuestra, y estallan en él los ecos. Pacheco, fabulador del tiempo, escribe desde el amor y la fe hacia el poder de la palabra. En su obra de décadas convergen todas las formas de la poesía, desde el epigrama y el haikú hasta el extenso poema que lleva el acento de todas las humanas pasiones, la violencia, la tragedia, la fugacidad, el amor, el roce, la maravilla de decir y decirnos la vida.
Testigo del siglo XX, centuria conmovida de guerras y de hambres, el poeta carga con el dolor del mundo, con las abiertas heridas de la violencia y se adueña de la palabra que comparte, para contar y contarnos las derrotas. Camina entre los muertos sabiéndose uno más de ellos, una voz entre las voces, un grito que se levanta y emerge de las cenizas.
“La única antorcha recibida / iluminó el entierro de sus muertos. / Desplazamientos / que por mil noches terminaron en humo. / Crujir de huesos, / rumor de casas incendiadas. / ¿A quién le debo / haber estado a salvo / mirando todo / desde otra orilla? / Gran aventura / es la guerra como espectáculo, / a menos / de que uno lleve como pecado original esta culpa”.
(Jardín de niños, poema 6)

 

El antiguo México

Ese antiguo México, sabio y adolorido, maltratado por los fuegos invasores, por la imposición de otros dioses, vive bajo las cruces, vibra en volcanes, baila en los pasos, suda en la siembra, habita el presente y dice desde antes y desde siempre, el abrazo del mundo.
“Vendrá de lo alto el gran cortejo de lava. / El aire inerte se cubrirá de ceniza. / El mar de fuego lavará la ignominia, / se hará llama la tierra y lumbre el polvo. / Entre la roca brotará una planta. / Cuando florezca volverá la vida / a lo que convertimos en desierto de muerte”.
(Malpaís, fragmento)
Habitada de sus gentes y sus muertos la tierra recrea los llantos, se alimenta de las risas niñas y del fragor de las buenas humedades. Amante madre y amante esposa llora el desconsuelo y se alegra de los imprescindibles tiempos que serán. El poeta es poeta en la dimensión que otorga la palabra, y la suya cubre el papel de reverdecidos anhelos, de fuegos capaces de incendiar las entrañas y extender a lo alto, a lo hondo, una esperanza.
“Mira a los pobres de este mundo. Admira / su infinita paciencia. / Con qué maestría han rodeado todo. / Con cuánta fuerza miden el despejo. / Con qué certeza / saben que estás perdido: / tarde o temprano / ellos en masa heredarán la tierra”.
No hay tiempo sin memoria y viceversa. José Emilio Pacheco, fabulador del tiempo y de la humana divinidad que nos habita, abre rendijas, se asoma y nos asombra, con sus versos, con su palabra que sabe de volcanes y de truenos. Huele a tierra llovida, sabe a maíz la siembra, y la poesía tan poco inocente, se abre entre la tierra y sus gentes.
“Todo lo que has perdido, me dijeron, es tuyo. / Y ninguna memoria recordaba que es cierto./ Todo lo que destruyes, afirmaron, te hiere. / Traza una cicatriz que no lava el olvido. / Todo lo que has amado, sentenciaron, ha muerto. / No quedó ni la sombra, se acabó para siempre. / Todo lo que creíste, repitieron, es falso. / Se hundieron las palabras con que empezó tu tiempo. / Todo lo que has perdido, concluyeron, es tuyo. / Y una luz fugitiva anegará el silencio”.
(Luz y silencio)


JOSÉ EMILIO PACHECO
Indeseable

No me deja pasar el guardia.
He traspasado el límite de edad.
Provengo de un país que ya no existe.
Mis papeles no están en orden.
Me falta un sello.
Necesito otra firma.
No hablo el idioma.
No tengo cuenta en el banco.
Reprobé el examen de admisión.
Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.
Me desemplearon hoy y para siempre.
Carezco por completo de influencias.
Llevo aquí en este mundo largo tiempo.
Y nuestros amos dicen que ya es hora
de callarme y hundirme en la basura.

 

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°26 Abril de 2010

•Por Daniela Saidman
Caracas (Argenpress Cultural)

Especial para Confines - El extremo Sur

 

 

Abril/Mayo de 2010
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