Sobre el autor

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Martín Kohan (1967, Buenos Aires) enseña Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Autor de una destacada obra narrativa y ensayística, en 2007 obtuvo el premio Herralde con su novela Ciencias morales. Entre sus ensayos están Zona urbana. Ensayo de lectura sobre Walter Benjamin (2004) y Narrar a San Martín (2005). Publicó los libros de cuentos Muero contento (1994) y Una pena extraordinaria (1998), y las novelas El informe (1997), Los cautivos (2000), Dos veces junio (2002), Segundos afuera (2005), Museo de la Revolución (2006) y La calle de las Putas (2008)
En la entrevista que concedió a Confines, Kohan –quien interrumpió la escritura de una obra titulada por ahora Bahía Blanca, “una novela sobre el poder de la negación mental”, para responder estas preguntas- habla de la literatura en general y de la suya propia, de la academia, de la ideología, del mercado y de sus gustos literarios. Cuestiones que, sin duda, influyen en una generación exitosa de escritores en la que él se destaca.

 

 

Entrevista a Martín Kohan

“La literatura no está entre las cosas que más importan socialmente"
por Diego Cacciavillani

 

 

Sus novelas siempre intentan evitar el realismo, ¿por qué?

• Me interesa una literatura que quiera tocar los materiales de la realidad, pero que no por eso tenga que acatar los parámetros de esa misma realidad, sus proporciones o su lógica de sentido. Me interesa más la idea de abordar esa clase de materiales, pero para decirlos y percibirlos de una manera distinta, y a veces incluso opuesta, a la que la propia realidad propone o exige.

 

¿Considera, como algunos, que el oficio del crítico debe necesariamente estar escindido de la tarea del escritor?

• La tarea del escritor, a mi entender, no debería escindirse nunca de un tipo de relación singular con el lenguaje, con las palabras. Más allá de eso, puede escindirse o dejar de escindirse de lo que sea.

 

En el año 2007 obtuvo el Premio Herralde de Novela por Ciencias Morales. En ella trabaja con el tema del disciplinamiento institucionalizado,en el contexto de la dictadura militar. También trabaja el tema de la dictadura en Dos Veces Junio. ¿Esa época nefasta ha sido un motor de sus dos obras más destacadas?

• Esa época nefasta no ha sido el motor de esos libros. Hubo otros motores: el tono neutro y distanciado del narrador de Dos veces junio, por ejemplo, o la posibilidad de trabajar el personaje de la preceptora en Ciencias morales como si ella misma y su cuerpo, o su cuerpo y su conciencia, fuesen dos personajes distintos. Un motor fue también la intención de indagar narrativamente cómo es que el disciplinamiento funciona, es decir, cómo se produce concretamente la obediencia, cómo se “fabrica” a un obediente en lo más concreto. Luego hubo que situar esas historias en una época determinada, y me pareció evidente que situándolas en la época de la dictadura militar los relatos ganaban espesor y sentidos posibles.

 

Gran parte de la academia posiciona como los estandartes de la literatura argentina del siglo XX a Borges, Arlt, Cortázar, Saer y Puig, ¿a quién dejaría y a quién sacaría? ¿Por qué?

• Creo que la eficacia de lo que denominás “la academia” se debe en gran parte a que sostiene esos posicionamientos con el fundamento de un fuerte sistema de lectura. Es decir, es siempre más que una votación de preferencias o una lista de elegidos. Las inclusiones y las exclusiones responden a una concepción bien asentada de la literatura, y por ende de una manera consistente de leer. Por lo tanto, no se trata de que por caso yo tache aquí algún que otro nombre o agregue alguno en su lugar. Se trata de la manera en que leemos y hacemos funcionar esas lecturas; cuando damos clase, cuando escribimos crítica.

 

¿Si tuviera que elegir cinco o siete autores que efectivamente influyeron en su  formación como escritor, ¿quiénes serían?

• Hay líneas distintas en momentos distintos. Una fundamental para mí tuvo la forma de una confluencia retrospectiva: yo deseaba la influencia de Onetti, de Viñas, de Saer, de Piglia. Y un día advertí lo evidente: que todos ellos señalaban a su vez a Faulkner. Podría agregar a Puig, podría agregar a Aira, tal o cual elemento que uno toma de uno o de otro.

 

¿A qué autor contemporáneo argentino admira? ¿Por qué?

• A varios. Menciono a uno: Héctor Libertella. Por una razón bastante clara: la idea tremendamente singular que tenía de la literatura, y la notable constancia con que sostuvo esa idea en todo lo que leyó y escribió.


¿Existe la literatura mala o sólo hay “libros para todos los gustos?

• Hay libros para todos los gustos. Pero hay mal gusto, también.

 

¿Cuáles son sus criterios para diferenciar la literatura mala de la buena?

• No existen criterios definitivos y estables, como si fuese un protocolo de medida. Existen luchas de valor, guerras de valor. Bueno es lo que es bueno para aquel que impera, como decía Nietzsche.

 

¿Qué posicionamiento ideológico tiene?

• ¿Marxista, leninista, trotskista? Me faltan lecturas para poder afirmarlo.

 

¿Este posicionamiento ha impregnado su literatura o prefiere que sus textos sólo trabajen el artificio de la ficción como lo imaginó Theodor Adorno en su Teoría crítica?

• Adorno descreía de lo directo, y yo también. Ni “mensaje”, ni “compromiso”, ni una literatura política por premeditación y elección de contenidos. Pero en la autonomía del artificio está también lo social y está también lo político. Es una de las lecciones de Adorno, a mí me ha convencido.

 

¿Cree que todavía existen las ideologías o también ellas fueron deshechas en la procesadora postmoderna?

• Creo que todavía existen. La procesadora postmoderna es lo que ya pasó.

 

¿Cree que la literatura tiene un efecto disuasivo o persuasivo en el lector, cómo lo tuviera en su momento Facundo de Sarmiento?

• Debería haber muchos más lectores que los que efectivamente hay para que se pudiera pensar en alguna clase de efecto real por parte de la literatura. La sociedad en la que escribía Sarmiento era diferente. Hoy en día escribimos con la fe de la producción de efectos, pero para que esos efectos cobraran una existencia social significativa los lectores deberían ser muchos más y el lugar social de la literatura debería ser muy otro. La literatura no está entre las cosas que socialmente más importan.

 

¿Cree que el escritor tiene una responsabilidad social? ¿En ese caso cuál sería?

• Queda en parte respondida en la pregunta anterior. Habría que preguntarse ahora por la responsabilidad social de los lectores respecto de la literatura. Si no leen, o leen poco, o leen banalidades, que dejen al escritor en paz.

 

¿Cree que el mercado, de alguna forma, influye en la construcción del canon por parte de la academia?

• No, y es una de las cosas que vuelven más interesante el régimen de lectura que se propone, se discute y se dirime en ese lugar de trabajo en la enseñanza que vos llamás “la Academia”.

 

Volviendo a su libro Ciencias Morales, ¿qué reflexión le merece la educación argentina en este momento, en sus diversos niveles?

• A mi entender se recupera todavía, lentamente, del daño atroz que le ocasionó la década menemista.

 

¿Cómo cree que será el imaginario de la literatura argentina del siglo XXI?

• Pienso en las novelas de Sergio Chejfec, de Marcelo Cohen, de Matilde Sánchez, de Gustavo Ferreyra, de Juan José Becerra, de Jorge Consiglio, de Oliverio Coelho. Una cosa así.

 

¿En qué libro está trabajando en este momento? ¿Puede adelantarnos algo?

• Escribo una novela sobre la capacidad de negación: el poder de la negación mental. Transcurre en Bahía Blanca y se va a llamar así: Bahía Blanca. Interrumpí para responder a esta entrevista; ahora que veo que estamos en la última pregunta, me dispongo a retomar.

 

 

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°25 Marzo de 2010

•Por Diego Cacciavillani
Puerto Madrin

Especial para Confines - El extremo Sur

 

 

Marzo/Abril de 2010
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