Sin Memoria

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Desde hace un tiempo vivo en Puerto San Julián. Impresiona este lugar por el énfasis que ponen desde su administración política en el rescate de su pasado histórico. Con ese fin se hizo una réplica de la Nao Victoria, una de las naves con que Magallanes recaló en estas costas a pasar un invierno durante su histórico viaje de vuelta al mundo, se hacen excavaciones en busca de la ubicación de las históricas ruinas de Floridablanca, primera población española en el territorio.
Hay muchos monumentos recordando hechos del pasado, la primera misa, un avión que participó en la Guerra de Malvinas. Sin embargo, aunque el edificio donde funcionó "La Catalana" sigue en pie, no hay ninguna placa ni referencia histórica de ningún tipo que señale el suceso. La gente antigua de aquí ni siquiera da precisiones concretas acerca del lugar, como si realmente a la historia se la hubiera llevado el viento.


 

Una nueva mirada sobre  la rebelión de  las cinco mujeres del prostíbulo "la  catalana" y su resistencia a entregar su cuerpo a los  fusiladores de  la patagonia trágica.

San Julián, 1922

El cuerpo como campo de batalla

El 17 de octubre de 1922, soldados pertenecientes a las tropas de Varela pretenden "festejar" en el prostíbulo "La Cata- lana"  de San Julián el aniquilamiento de los huelguistas de la Patagonia. Las cinco mujeres que trabajan en el lugar se niegan a conceder sus  cuerpos a los fusiladores. Este acto de resistencia se convertiría en leyenda con el paso del tiempo. La poeta Claudia Sastre analiza en este ensayo cómo se reconstruyó ese acontecimiento en  tres textos: uno  periodístico-histórico, uno dramático y uno narrativo clásico. "Los Vengadores de la Patagonia Trágica", de Osvaldo Bayer, "El maruchito: sangre y encubrimiento allí en las tierras del viento", de Juan Raúl Rithner y "Pupilas del  desierto", de Lili Muñoz suscitan reflexiones que van más  allá del  análisis de la reconstrucción del  "acontecimiento". Sastre propone una nueva mirada sobre el rol desempeñado por esas mujeres. Y refleja cómo vencieron a los fusiladores de Varela en un campo de batalla individual e invisible para la sociedad: sus propios  cuerpos.

por Claudia E. Sastre

Una fecha: 17 de Octubre de 1922. Un lugar: Puerto San Julián, Santa Cruz. Prostíbulo "La Catalana". Cinco mujeres: Consuelo García, 29 años, argentina, soltera; Angela Fortunato, 31 años, argentina, casada;
Amalia Rodríguez, 26 años, argentina, soltera; María Juliache, 28 años, española, soltera; Maud Foster, 31 años, inglesa, soltera; junto con Paulina Rovira, la dueña del prostíbulo, fueron las protagonistas de lo que el investigador e historiador Osvaldo Bayer llamó "La única derrota de los vencedores".
Este episodio, que el tiempo ha convertido en leyenda, forma parte ya de la infame historia de las huelgas y fusilamientos en la Patagonia, y ha sido recreado de diversas maneras.
Desde la serie histórica novelada por Osvaldo Bayer en "Los Vengadores de la Patagonia Trágica", desde el texto dramático para ser representado en "El maruchito: sangre y encubrimiento allí en las tierras del viento", de Juan
Raúl Rithner, y desde la serie literaria tradicional (narrativa) en "Pupilas del desierto", de Lili Muñoz.
Quizás la única herramienta teórica apropiada para abordar estas obras sea la de la lucha de clases, no obstante resulta un tanto obvia, y este es un problema.
El otro enfoque elegido es el del entrecruza- miento de las series. Este es otro problema, ya que la "aparente" linealidad de estos relatos desde las tres series discursivas elegidas lo complica, dejando ver, desde su aparente claridad, zonas confusas que hay que politizar, incluso a riesgo de leer en todos los casos lo mismo.

 

La estrategia narrativa

En el caso de la obra de Bayer podemos ver en el tratamiento no-literario, la búsqueda de un efecto de realidad. La obra es una investigación histórica, influye en ella el estilo periodístico que le imprime el autor, quien, sin embargo, no puede dejar de involucrarse en la historia desde lo ideológico, dejando marcas de subjetividad. La vastedad de la obra reduce este episodio a dos escasas hojas en el tomo II de los cuatro que la componen. Para ser más exacta, tres carillas. Al destacar esto no se está despreciando el hecho que el historiador narra, ni el modo en que lo hace, pero es un dato.
En "El maruchito" de Rithner, la extensión que se le concede al episodio es igualmente escasa. Cuenta a su favor la especificidad del lenguaje teatral y las características intrínsecas de la obra - muy compleja, muy heterogénea-, con multitud de voces y de climas. Si bien el episodio de las pupilas de "La Catalana" es breve, hay que reconocer que la escena es central y gran parte de la obra se articula escénicamente en torno a ella.
Donde el episodio adquiere una relevancia fundamental, desde su extensión y también desde la profundidad, es en la obra de Lili Muñoz.
"Las pupilas de San Julián" es uno de los cuatro relatos que componen el libro "Pupilas del desierto", libro dedicado por entero a relatos de mujeres, en general, marginales.

 

Los enfoques

Ahora veamos el enfoque. En el caso de Bayer el tono es neutro, domina un narrador omnisciente (el mismo autor) que efectúa una crónica de los sucesos, basándose (entre otras fuentes) en expedientes policiales, aunque el relato circule de manera oral. Si debemos otorgarle a uno veracidad, debemos hacerlo con los tres, porque desde el punto de vista de las versiones no difieren en lo más mínimo.
La opinión corriente dice que si dos o más versiones coincide en más de un sesenta por ciento, es o porque se basaron en la misma fuente o porque la verdad es una: la que cuentan.
En la obra de Rithner el enfoque está centrado en la "madama", ella es quien cuenta a su hija el suceso; en el libro de Lilí Muñoz el enfoque está centrado, en un principio, en Maud Foster, la inglesa; luego vira hacia un narrador omnisciente, muy contaminado por la voz de la narradora empírica, es decir, la autora.

 

Tradición y territorio

Si analizamos la tradición patagónica, hallamos los relatos con pretensión de verdad en las crónicas y las memorias. Por lo general narradas en primera persona. Persona que a su vez participó en los hechos: "estuvo allí", y por eso "testimonia". Personas cuya fama (entiéndase aquí, lugar en la sociedad, capacidad para transmitir, legitimidad para hacerlo) ya es una "garantía" de veracidad.
Así es que estas personas se colocan a sí mismas en el papel de los transmisores de la "historia oficial". Este caso, desde sus características singulares, es muy diferente.
Las protagonistas de este suceso, las prostitutas de "la Catalana", no tienen legitimidad social para dar su testimonio y de hecho no lo hicieron. Esto nos coloca ante un problema ético que podríamos resumir de este modo: ¿quién o quiénes testimonian? ¿Cómo lo hacen?
Estas mujeres no eran, para la "historia oficial", personas con voz; eran, lo que se dice, mujeres públicas. Lisa y llanamente, putas; último lugar social, seres desclasados; pero fueron, sin embargo, las únicas que se atrevieron a enfrentar a los asesinos y resistir desde el mínimo lugar de dignidad que les habían dejado: "En memoria de tantos compañeros fusilados ¡no nos abrimos de piernas! Por tanta sangre y tanto crimen y tanta injusticia ¡no nos abrimos de piernas para ellos!", dicen.
La escritora neuquina Lilí Muñoz destaca algo significativo: "al fin y al cabo las matanzas de peones y obreros rurales sólo habían merecido un repudio inmediato en todo el territorio: el de las putas del prostíbulo ‘La Catalana’ de San Julián. Apenas la voz y el gesto de unas pocas mujeres. Ni siquiera votaban. En realidad, menos todavía que mujeres, mujerzuelas. No había por qué hacerlas quedar como heroínas. No valía la pena alborotar. Si no se le daba trascendencia, si se lo ninguneaba - y para eso estaba el coronel y las "distintas capas de la civilidad"-  el hecho que protagonizaron las pupilas pronto no existiría, nadie querría recordarlo. Se habría esfumado de golpe, para alivio de muchos, como la cerrazón de los bajíos cerca del mar".
Cuando Lilí Muñoz se refiere al "ninguneo" se puede sospechar que, en realidad, las mujeres no tenían el mismo estatuto de "testigos" que los hombres.
La lógica militar para con las mujeres siempre fue ambigua, por lo menos. Navegó a dos aguas entre una caballerosidad medieval para las "damas" y desprecio y violencia para las "putas" (o lo que ellos consideraban así, o sea no-damas); lo cual implicaba que ellos decidían, dentro de su lógica, el trato que se le debía dar a cada una, sin ver que son lo que son, o sea, mujeres.
Las madres de Plaza de Mayo le arrojan a la cara al régimen militar y a la justicia civil sus contradicciones medievales cuando, amparadas en un código de procedimientos anacrónico descubren que, "las mujeres de bien" (léase no-prostitutas) tenían derecho a dar testimonio en su domicilio y no en sirven de este artículo para testimoniar en la sede de de Mayo, previo fijar domicilio allí y de este modo hacen
"venir al enemigo a su terreno".

 

¿Quién testimonia?

El problema del testigo para la historiografía es uno de los más complejos.
Pierre Vidal-Naquet analiza un caso que tomaremos sólo como ejemplo: el sitio de Masada, narrado por el historiador Flavio Josefo. Muchos conocen la historia del sitio de Masada, entre otras cosas porque Hollywood ha realizado una película que recrea esta situación, pero desde la historiografía es éste un tema mucho menos simple que el mero relato de la resistencia sin esperanza de un pueblo ante el invasor.
Masada es una ciudad sitiada. Al verse vencidos, sus habitantes deciden exterminarse por propia mano antes de caer ante los vencedores del imperio romano.
Un relato es una re-construcción de un hecho, pero esto no siempre puede ser tomado como relato objetivo, como "los hechos tal cual como sucedieron"; y sobre todo, muchas veces, el dar apariencia de verdad a algo que "a uno le contaron" lleva implícita cierta intencionalidad política, no siempre del todo transparente. Pero, precisamente, no contar, desde la óptica oficial (y cuando se dice oficial se dice del Estado como monopolio de la fuerza legítima de los relatos también) lleva implícita la misma lógica.
Esta lógica es la de la mediación. La mediación que utiliza Flavio Josefo, descendiente de judíos pero asimilado políticamente al imperio, que al narrar el sitio de Masada se comporta con el fanatismo del converso, y nos hace una pintura de esas tropas conmovidas y arrepentidas de haber llevado a la masacre al pueblo de Masada (escena final de la película que lleva ese nombre, es decirnos, sin decirnos: "los centuriones, al fin, no eran tan malos").

 

Vivir para contarlo

En el suceso de "La Catalana" podemos advertir que ellas sí vivieron para contarlo, existían como testigos, a diferencia del caso de Masada, pero no estaban habilitadas para relatarlo, se necesitaba un mediador.
Aunque estaban vivas y eran testigos privilegiados de un acontecimiento desestabilizante para la idea de obediencia del Estado, se "desaparecieron" a sí mismas, en una especie de autoexilio no decretado.
Esa noche del 17 de octubre de 1922, se instala en los relatos de frontera como "acontecimiento", y como tal tiene la fuerza de generar otro relatos, versiones, reescrituras. Esto sucede porque salvo expedientes policiales o judiciales, los relatos que circulaban por la Patagonia pertenecían a la oralidad y cuando los cronistas de dedicaron a construir una historia de la Patagonia a través de sus escritos no tomaron en cuanta esas voces margina- das y marginales, precisamente porque estaban construyendo una ficción para un Estado que hasta entonces era inexistente en la región; y que además existió, en un futuro cercano, en forma intermitente y episódica.

 

Filtraciones para una historia

Los relatos de las huelgas siguen siendo un motivo de debate, al igual que los relatos de la dictadura militar: se sabe lo que se sabe por inferencias, por meta-relatos orales, muy mediados, a los que los escritores se asoman tímidamente porque son un tembladeral de opiniones cruzadas, la mayoría de las veces, contaminados de intencionalidad política. Así hay quien reivindica la figura de Borrero, autor del libro "La Patagonia trágica", y quien, como Bayer, pone en cuestión la "verdad aparente" de ese libro. Y lo mismo sucede con los textos de Asencio Abeijón.
Es justamente el libro de Bayer el más citado, en tanto que Abeijón es uno de los autores más leídos en escuelas primarias y secundarias de la Patagonia, pese a sus simpatías manifiestas con políticas represivas y en especial con el partido radical durante el tiempo de las huelgas.
Volviendo a las pupilas de La Catalana, Lilí Muñoz señala: "nuestro relato no tiene, como se dijo, noticias de los caminos que siguieron andando las pupilas de San Julián luego de su ardiente rebelión. No nos han llegado otros rastros. Al fin, lo repetimos, sólo se trataba de mujeres, y además mujeres al margen de la sociedad. Quiero imaginar que siguieron ejerciendo su profesión por unos cuantos años, hasta que pudieron con sus cuerpos".
Deleuze y Guattari dirían que "devinieron imperceptibles". Después de su increíble acto de rebelión, se hicieron invisibles para la versión estatal, por voluntad propia, sabiéndose la parte más delgada del hilo, o por voluntad del relato oficial, a quien convenía su invisibilidad.
Bayer cuenta que estas mujeres, a causa de su rebelión fueron detenidas en la comisaría de San Julián y que con ellas marcharon los tres músicos del prostíbulo: Hipólito Arregui, Leopoldo Napolitano y Juan Acatto, que son dejados de inmediato en libertad al llegar a la comisaría porque declaran solícitos que reprueban la actitud de las pupilas. Además, son músicos que siempre prestan sus servicios gratuitos en las fechas patrias.

 

El "mal" de la Patagonia

No es casual que el único gesto de repudio a la matanza fuera realizado por mujeres. Para la re- fundación de la Patagonia fueron fundamentales las mujeres: las prostitutas que venían a trabajar se convirtieron en la causa por la cual los hombres se quedaban a vivir, las que provocaban el arraigo. Incluso en la actualidad estas son características de zona de fronteras: se puede ver en la nacionalidad de las pupilas, había varias españolas y una inglesa. Puerto Deseado fue fundado por el pirata Drake, Carmen de Patagones por inmigrantes maragatos (leoneses), el valle inferior del Chubut por galeses, a Comodoro Rivadavia llegaron infinidad de boers, a San Carlos de Bariloche, suizos y alemanes. Como tierra sin Estado, fue patria de bandoleros y bandoleras, de anarquistas, desertores y presos.
Fue y es aún territorio marginal, al cual los argentinos no identifican como propio sino como una tierra exótica y deshabitada. Y los extranjeros lo imaginan poblado de indios, quienes fueron casi exterminados. Estos relatos marginales son también los grandes desaparecidos de los relatos de la Nación. Como por ejemplo, la matanza de Roca que trajo a nuestra tierra a numerosas "fortineras" que vinieron por amor a sus hombres, a seguirlos en la guerra contra el indio.
Un texto  revelador desde lo ideológico, en el libro "La Patagonia
inconclusa" del terrateniente Emilio Ferro, se refiere a estas características de la zona de frontera como "mal de la Patagonia y el desierto": "con el aumento de poblaciones en la zona cordillerana se empieza a notar la escasez de mujeres como en toda la Patagonia: los hombres se establecieron y, venidos de otras partes, después de largos períodos de abstinencia, sufren la necesidad de satisfacer sus necesidades sexuales, no pueden disimularlas más y tienen que buscar su posible satisfacción".
"A pesar de sus oficios, estos hombres deberán solucionar este problema que se empezó a llamar el mal de la Patagonia o del desierto, por cuanto sufren la falta de mujeres. Algunos se tornan viciosos, otros melancólicos e impotentes. Antes de quitarle la mujer a algún vecino, tratarán de conseguir una india buena moza y linda, dentro de lo posible. Para solucionar estos problemas, muchos mercaderes procuran traer de Chile, a veces, mujeres dispuestas a quedarse. Hacen trueque por una yegua, por un poncho de Castilla o por dos quillangos. La cotización es mayor cuando la mujer es joven y de familia. Estos intermediarios casamenteros no son escrupulosos ni honestos.
"La moral está algo resentida en San Carlos de Bariloche y en toda la cordillera. Las mujeres no tienen menos agallas que los hombres. Cuando se cansan del marido, lo cambian por otro. A veces cambian de domicilio o van donde vive el nuevo candidato. Otras, es el marido el que tiene que irse (...) Día a día esta costumbre continuará evolucionando rápidamente. Y las mujeres no las cambiarán, mantendrán relaciones aparentes con sus maridos, que serán condecorados con la orden del cuerno".

 

El cuerpo, campo de batalla

Es evidente que las pupilas de San Julián plantean su lucha desde el territorio más profundo de su propio ser, es decir, desde el cuerpo. Cuando se niegan a trabajar para el Ejército -representación central del Estadoinvierten la paradoja del "cuerpo público", lo vuelven privado y nuevamente lo reclaman para sí.
Esta lucha que se plantea en el cuerpo, como frontera del ser tiene otra implicancia: si las discípulas no se hubieran negado, el hecho, hoy no existiría, no habría dejado marca alguna en los relatos. El "no" construye el acontecimiento.
Y lo construye como posibilidad única de develar, en su momento, que la matanza de los peones era ni más ni menos que la lucha de clases instalada en los cuerpos, desenvolviéndose en ellos, cuerpos sujetos al Estado y no lo que en última instancia lleva a la desaparición.
La orden del militar a cargo de la tropa, ante el "no" de las pupilas, de ingresar al prostíbulo aunque sea por la fuerza, lleva a que las mujeres se defiendan con sus armas (escobas, palos, etc.) e impidan de ese modo que la violación (invisible para la sociedad) se concrete. De acuerdo a la lógica militar antes mencionada, la violación de esas mujeres no era propiamente una violación, sino el derecho del vencedor de usar a los vencidos y por eso ellas deben defenderse con sus propias manos. Enfrentan de manera visible lo que los militares habían realizado de manera invisible.
El prostíbulo estaba en el pueblo, todo el mundo vería que disparaban a mujeres desarmadas, en cambio nadie vio cuando disparaban sobre peones desarmados. Ese es uno de los desafíos que las pupilas arrojan a la cara de las tropas de Varela. Pero Varela sabe que dar la orden de disparar sería una victoria pírrica.
Esta es una de las causas por la cual no adhiero a la calificación de Bayer del suceso como la "única derrota de los vencedores" y prefiero denominarla como la "última batalla de los derrotados", para pensarlo en su dimensión histórica, como reivindicación de gesto de las pupilas de "La Catalana".
La categoría deleuziana de "devenir imperceptible" resignaría cierta potencialidad teórica de resistencia, y parece confirmarla en sentido contrario: la desaparición de las pupilas del plano político que asumen en esa última batalla, termina desvaneciéndose.
La sociedad no responde en consecuencia.
El pueblo se coloca del lado de las tropas de Varela y nadie (ni sus propios compañeros músicos) se pone al lado de ellas.
Ellas ponen su cuerpo en escena, como campo de batalla. Otra cosa hubiera sido si el pueblo entero hubiera respondido cuando ellas demostraron que era posible hacerlo. Este combate en el cuerpo es una característica femenina.

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°2 Julio de 2007

•Por Claudia E. Sastre
San Julián

Especial para Confines - El extremo Sur

 

Julio/Agosto de 2007
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