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¿Qué papel tiene el lenguaje para la resistencia al sistema neoliberal? mas concretamente, ¿qué puede aportar el lenguaje a la construcción  de una comunidad global de resistencia? el uso del lenguaje por los neozapatistas mexicanos en su comunicación  con la llamada ‘sociedad global civil’ se considera una practica muy importante;  ¿pero conecta el lenguaje zapatista con la sociedad global civil? y ¿por qué se ha quedado tan callada últimamente? en los meses y años después del levantamiento del 1 de enero 1994 los zapatistas desarrollaron un lenguaje que conmovió y que logró movilizar no sólo a grandes partes de la sociedad civil mexicana, sino que además busca crear una comunidad internacional en contra del neoliberalismo: la llamada sociedad global civil. En esos momentos los zapatistas no apelaron a una comunidad que ya existía, sino a individuos que juntos pueden constituir una comunidad, si así lo deciden. Cuando ‘interpelan’ a estos individuos con el término ‘sociedad global civil’, los zapatistas introducen un cambio en el imaginario colectivo: amplían el concepto de la solidaridad internacional de la izquierda tradicional para poder incluir grupos diversos.

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Buscamos interlocutores, no admiradores; ofrecemos diálogo, no espectáculo. Escribimos a partir de una tentativa de encuentro, para que el lector comulgue con palabras que nos vienen de él y que vuelvan a él como aliento y profecía.

Eduardo Galeano (‘La defensa de la palabra)

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CORNELIA GRÄBNER


Cornelia Gräbner nació en Alemania. Estudió Literatura Comparada y Estudios Culturales. Vivió en Reino Unido, Estados Unidos y en los Países Bajos. Ahora reside en Lancaster, Reino Unido, donde trabaja como docente-investigadora de Estudios Hispánicos. Ha publicado varios textos literarios en antologías sobre derechos humanos, y participa activamente de proyectos que intentan promover la colaboración entre la academia y los movimientos sociales. Su trabajo de investigadora se centra en el compromiso político y social en la literatura. Integra la Red Internacional de Poéticas de Resistencia.

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Las estrategias del zapatismo y el subcomandante marcos frente al sistema neoliberal. el diálogo con eduardo galeano, la recuperación de  la memoria, la conmoción y el silencio.

Lenguaje, resisencia y sociedad global civil

Los Zapatistas procuran estimular la formación de la sociedad global civil en el nivel práctico y organizan varios encuentros. Pero antes, entre y después de los encuentros, los enlaces de comunicación más importantes entre los Zapatistas y la sociedad global civil son los comunicados del EZLN y los textos escritos del Subcomandante Insurgente Marcos. Estos textos son importantes no sólo por su función comunicativa sino también por su trabajo contra el imaginario neoliberal: el lenguaje, por lo tanto, es de crucial importancia.
El lenguaje zapatista no nació de un día para otro, y no nació de manera sui generis. Se ha construido poco a poco, a través de un intercambio que han mantenido los Zapatistas y especialmente el Subcomandante Marcos con textos importantes del pasado (por ejemplo, con los escritos de Flores Magón), con textos y cuentos mayas, y con personas cercanas como Eduardo Galeano, Manuel Rivas, Manu Chao e Ignacio Ramonet, entre otros. Casi todos ellos usan en su trabajo creativo una técnica que Manuel Rivas ha llamado el ‘tráfico de géneros’: crean textos híbridos que mezclan discursos históricos, literarios y políticos. Estos textos enfatizan, y se alimentan de la estrecha relación entre el lenguaje metafórico y el lenguaje político. Otra característica importante es la permanente interacción  entre el pasado, el presente y el futuro. Por lo tanto, el momento de enunciación es difícil de fijar, ya que el presente está siempre imbrica- do por el pasado y por un futuro que queda por construir.
Una influencia importantísima en la escritura del Subcomandante Marcos es Eduardo Galeano, quien articula desde hace 40 años una protesta literaria contra el neoliberalismo y contra la cultura que conlleva. En su escritura ha desarrollado una estilística específica para articular su pro- testa y para construir al mismo tiempo nuevos imaginarios. La estructura anecdótica y episódica de la mayoría de sus libros dirige la atención del lector hacia versiones del pasado y del presente que están marginalizadas y oprimidas, ya sea porque parecen cotidianos y poco importantes —   por ejemplo, los graffiti en las paredes — o porque el conocimiento o la cosmovisión que transmiten no convienen a los que tienen el poder. Esta misma estructura episódica requiere la participación activa del lector en la construcción de una ‘trama’ y del significado de los cuentos y las metáforas.
Galeano aparece repentinamente en los textos del Subcomandante Marcos. Por un lado es el destinatario de varias cartas. Esto se puede entender como respuesta de Marcos a la invitación al diálogo que pronunció Galeano en los años 70, como se ve en el epígrafe de este escrito. Por otro lado Galeano tiene una función textual como interlocutor no siempre voluntario del Subcomandante. Marcos busca este interlocutor porque sin él, su palabra no puede extenderse más allá de las montañas del sureste mexicano. Galeano tiene por lo tanto un papel importantísimo y variado. Éste papel cambia con los años, y los cambios nos dan información sobre las transformaciones en la relación entre el Subcomandante Marcos y la sociedad global civil. Dos textos, uno del 1995 y uno del 2001, son importantes para entender esas variaciones.

“Señor Galeano Le escribo porque sí”

La cuestión central de la primera carta a Galeano, del 2 de Mayo de
1995, es la reflexión sobre una frase que escribe Galeano en Las palabras andantes: “¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere? Y la boca, ¿sabe morir?” Marcos se pregunta si para él ya pasó el momento de callar. Responde a éste planteamiento con una re- flexión sobre la violencia del gobierno mexicano, sobre la expulsión de los habitantes de Guadalupe Tepeyac, y sobre el impacto que ha tenido la guerra en la vida y la imaginación de los niños y niñas de éste pueblo. Finalmente Marcos le regala a Galeano un cuento del Viejo Antonio. Ninguno de ésos episodios está explícitamente conectado con los demás. Es el lector que tiene que establecer esa conexión.
En la primera parte de la carta el
Subcomandante Marcos explica sus razones para escribirle a Galeano: porque le dieron ganas de escribirle, porque quiere platicarle lo que pasa “en un día del niño, en medio de una guerra”, porque no tiene ninguna razón para escribirle y así puede contarle “lo que se me viene a la cabeza”, y porque quiere compartir con él sus reflexiones sobre el planteamiento mencionado. Cada una de esas razones surge de un deseo de comunicarse con el otro, de compartir pensamientos, impresiones, análisis, de explicarse a uno mismo y al otro; en otras palabras: Marcos escribe a Galeano porque está buscando un interlocutor, porque él mismo quiere ser interlocutor para el escritor uruguayo ó, como el mismo dice, “porque sí”.
Después de plantear la pregunta central Marcos observa a las niñas y niños jugando. Lo que parece una pequeña guerra entre niños y niñas pierde su carácter bélico cuando la niña Chelita se pone a llorar y el niño Olivio le regala una piedrita para tranquilizarla, insistiendo que la piedrita es de oro; otro niño decide subirse a un perrito en medio de la pelea; y la combatiente más feroz, la niña Eva, trae un palo que es arma en los ambientes más bélicos y muñeca en los ambientes menos bélicos. La línea entre ‘guerra’ y juego es borrosa. El carácter borroso de esa línea permite que los niños usen la imaginación como defensa y contrapeso, pero también permite a la guerra de ver- dad, la guerra del gobierno contra los indígenas, influir en los tipos de juego y en la ‘lectura’ que hacen los niños y niñas de su ambiente.
Marcos termina la carta con un cuento del viejo Antonio: “’Elige un enemigo grande y eso te obligará a crecer para poder enfrentarlo. Achica tu miedo porque si él se crece, tú te harás pequeño’, me dijo el Viejo Antonio una tarde de mayo y lluvia, en esa hora en que reinan el tabaco y la palabra. El gobierno le teme al pueblo de México, por eso tiene tantos soldados y policías. Tiene un miedo muy grande. En consecuencia, es muy pequeño. Nosotros le tenemos miedo al olvido, al que hemos ido achicando a fuerza de dolor y sangre. Somos, por tanto, grandes.” Este cuento no tiene relación obvia con la cita de Las palabras andantes. Pero uno podría decir que el olvido no se puede achicar con las armas; sólo con las palabras. Las metáforas de los niños indican la importancia de un nuevo lenguaje y de la necesidad de contrarrestar la violencia y la guerra no solo con las armas sino también con una imaginación compartida entre muchos. Por lo tanto podemos concluir que no ha llegado la hora para callarse.

Los diablos del nuevo siglo

En el cuento “Los diablos del nuevo siglo” del 2001 marcos retoma algunos motivos de la carta anterior, dentro de un marco distinto. Galeano forma parte del tejido del cuento aunque su nombre se menciona sólo dos veces, cuando Marcos le escribe una carta y luego un P.D. dentro del cuento. Pero la presencia del uruguayo se manifiesta en el estilo y en la retoma de motivos y metáforas de la escritura del uruguayo en los primeros párrafos del cuento. El Exilio, por ejemplo, figura de manera prominente en la dedicatoria del cuento “a los niños y niñas de Guadalupe Tepeyac en el Exilio”. Además, el autor introduce la narración como “un texto de amor... y de guerra”, una referencia a Días y noches de amor y de guerra de Galeano. Finalmente, los diablitos hacen referencia a los imágenes en Las palabras andantes que gustaron a Marcos en el 1995. Estos motivos están re-inscritos en el contexto de la vida de los niños y niñas de Guadalupe Tepeyac.
El narrador de ‘Los diablos’ toma un papel menos cariñoso y más de confrontación hacia sus interlocutores. El cuento le sirve de ocasión para aclarar algunos puntos sobre las causas del alzamiento zapatista: “los zapatistas nonatos, es decir, buena par- te de los niños zapatistas”, y el deseo de mantenerles con vida. Ésta aclaración se puede contextualizar dentro de una serie de comentarios y alusiones que todos se refieren a la brecha que se abre entre palabra, pensamiento y realidad vivida cuando la palabra se aleja de la experiencia de las personas. Otra diferencia con  la carta del
1995 es la función del narrador dentro de la situación comunicativa que se construye en el texto: antes él regalaba un cuento a Galeano, ahora él mismo recoge un cuento contado por otra criatura. Esta criatura es Luzbel, el ángel que se rebeló contra diós y que fue expulsado del cielo porque estaba involucrado en la fundación de un sindicato de los ángeles, lo cual disgustó a dios. Años después dios ofrece la rehabilitación a Luzbel si éste trabaja como diablito de la guarda para niñas y niños Zapatistas. Así Luzbel llega a cuidar varios niños y niñas, algunos de quienes ya conocemos de la carta a Galeano del 1995. Al final Luzbel renuncia a su tarea porque no aguanta ni la vida en las montañas de Chiapas ni el espíritu rebelde de los niños zapatistas.
La renuncia de Luzbel es desconcertante porque su propia resistencia al poder aplastante surgiere una afinidad con los zapatistas y por lo tanto, surgiere la posibilidad de la solidaridad y del apoyo mutuo. Sin embargo, esa posibilidad no sobrevive el encuentro con la realidad de los niños. Luzbel sufre una “crisis de conciencia machista” cuando las niñas no sólo juegan los mismos juegos que los niños, sino además les ganan a los niños y a Luzbel. Tampoco está dispuesto a aguantar el tercer cuerno que le crece después de un accidente con la tiradora, o resolver de manera constructiva su conflicto con Eva cuando ella le borda ‘Viva el EZLN’ en las alas. Finalmente Luzbel no aguanta las condiciones de vida de los niños: renuncia a cuidar a Regina, que se levanta todos los días a las cuatro de la mañana para preparar las tortillas de su familia, porque la vida de la niña es demasiado dura para él. También renuncia a cuidar a la niña Yenniperr, quien corretea los helicópteros del ejército con preguntas cuando sobrevuelan su comunidad. Por sus saltos parece que está volando, aunque el narrador compara su vuelo con el vuelo de los colibríes y así imposibilita cualquiera posible asociación con el vuelo de las máquinas. Luzbel renuncia porque a él como ángel caído no se le da la gracia de volar, indicando que no está capaz ni de acompañar ni de proteger a Yenniperr. Claramente Luzbel acepta la rebeldía solo dentro de los límites que él mismo propone, y cuan- do no se aceptan esos límites prefiere renunciar a entrar en una comunicación con los niños. ¿Cómo afecta eso a la imaginación de los niños? En su imaginación no hay lugar para ninguna criatura de la guarda: han sobrevivido sin ángel ni diablo de la guarda a situaciones que ningún niño y ninguna niña debería tener que enfrentar. En respuesta al abandono que han sufrido los zapatistas de posibles criaturas de la guarda, los adultos zapatistas toman un papel más activo. En el cuento hay varios adultos que protegen a las niñas, les dan cariño e intentan conservar su capacidad de imaginación. Pero dado que viven una guerra, sus posibilidades están limitadas.
La carta a Galeano y el P.D. transmite la desalentadora sensación de abandono y de soledad que Marcos desarrolla poco a poco en el cuento. Son mensajes cortos en los que Mar- cos pide al escritor uruguayo intervenir y difundir mensajes para las cuales él mismo ya no tiene otros interlocutores:
Fecha: inicios del tercer milenio.
Don Galeano:
En el México neoliberal de principios del siglo XXI, los niños zapatistas son tan pobres que no alcanzan ángel de la guarda. En su lugar llevan consigo un diablo, un diablito de la guarda.
En las noches de tormenta en las montañas del sureste mexicano, los niños rezan: “Diablito de la Guarda, dulce compañía, no me desampares, ni de noche ni de día”, y así les va...
Vale. Salud y nada de mate. El Sup. Y después de la renuncia final de
Luzbel añade:
P.D. QUE APORTA MÁS DA- TOS. — Don Eduardo: En las montañas indígenas de México, Dios no vive. Y el diablo, ni aunque le paguen...
Regresando la cita de Las palabras andantes se puede decir que en el año 2001 resulta difícil seguir ha- blando porque las palabras y los interlocutores ya no se encuentran fácilmente.

El silencio de la sociedad global civil ante el lenguaje dañino

¿Qué pasó entre 1995 y 2001 que puede explicar el cambio en la actitud hacia la búsqueda del interlocutor? Se podrían dar razones históricas y políticas, y seguramente parte de la respuesta se encuentra en las traiciones que sufrieron los Zapatistas en estos años. Pero en este escrito nos interesa la relación entre escritor, interlocutor individual, e interlocutor colectivo; entre un cuento o una carta escritos en las montañas de Chiapas, Eduardo Galeano, y la sociedad global civil.
El diálogo con Eduardo Galeano resultó afortunado para los zapatistas y para su vocero. Galeano supo acoger su interlocutor y hacer recíproco este gesto, convirtiéndose en interlocutor para el Subcomandante Marcos. El caso de la sociedad civil global — desafortunadamente —   no es igual, aunque posiblemente es demasiado temprano para llegar a una conclusión final. El narrador de ‘Los diablos’ escribe a Galeano, y se dirige al lector, desde una posición más enraíza- da en su comunidad, dejando claro que sus primeros interlocutores son las personas con quienes comparte la lucha cotidiana. La respuesta a la cita de Las palabras andantes sería ahora distinta: a veces la palabra debe buscar su momento, o uno debe buscar las palabras adecuadas para el momento. Callarla no es la solución; hablar sin escuchar al otro tampoco lo es.

 

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines N° 19 Junio de 2009

•Por Cornelia Gräbner Lancaster (Gran Bretaña)
Especial para Confines - El extremo Sur

 

Junio/Julio de 2009
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