Sobre los autores

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Asencio Abeijón (1901-1991) comenzó a publicar sus relatos al filo de los setenta años, luego de acumular manuscritos que elaboraba de madrugada antes de salir a los caminos como contratista de esquila, resero, chofer, camionero y oficiante de una larga lista de trabajos trashumantes. Su extraordinario don para contar iba parejo con su sabiduría de hombre del camino, más cercano a los desamparados que a los patrones.

Abeijón jamás se vio a sí mismo como escritor ni como intelectual, pero realizó un aporte extraordinario a la literatura argentina. Resulta significativo que cuando Roque González lo convocó a integrar la redacción del recién fundado diario El Patagónico de Comodoro Rivadavia, en 1967, Abeijón trabajaba humildemente en el puerto como apuntador de descarga. Allí comenzaría su vertiginoso desarrollo como cronista y escritor, que le permitió recuperar la memoria y la sabiduría acumulada a lo largo de varias décadas.

 

“Las palabras y los días” fue el título con el que David Aracena bautizó la columna que diariamente publicó durante veinte años en el diario El Patagónico de Comodoro Rivadavia donde trabajaba como periodista.
Bajo el seudónimo Juan de Punta Borjas –que remite al primer nombre que tuvo la ciudad-, Aracena se ocupó de hacer visibles los problemas cotidianos de los habitantes; recordó a antiguos vecinos; describió interminables días de viento, calor o nieve; homenajeó y les puso nombre y apellido a seres anónimos que, según su óptica, con el impulso de una mínima acción, contribuyeron a lograr una mejor convivencia ciudadana. Todo, sin ahorrar opiniones ni ocultar su punto de vista. De hecho, cada una de “Las palabras y los días” es una expresión pública de su posición. Una posición ideológica más que política: profundamente humanista, cercano a los goces y sufrimientos de los pobladores de la ciudad y la región. Un meticuloso observador del mundo y ácido analista de la realidad económica, política y social.
“Las palabras y los días”, además, fue, en incontables oportunidades, la plataforma de flotación para escritores, pintores, cineastas y actores que intentaban un camino para difundir sus obras o, simplemente, para sobrevivir en sus artes en un contexto nada amigable. Lector voraz, Aracena, sin quererlo, se convirtió para muchos de ellos en un punto desde donde se lanzarían a enfrentar nuevos mundos.

 


 

Anticipo de los próximos libros de el Extremo Sur-Espacio Hudson. Textos inéditos e inhallables de los dos mayores cronistas surgidos de Comodoro Rivadavia.

Abeijón & Aracena

Dos testigos ariscos
por Jorge Spíndola

Asencio Abeijón
Soy argentino, y un lector empedernido

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Este texto constituye un fragmento de una carta que Asencio Abeijón escribió para un destinatario cuyo nombre se ha perdido junto a la primera página. Olga Caro, la compañera inseparable del gran cronista, entregó a revuelto magallanes el original que Abeijón escribiera a máquina contemporáneamente con la publicación de "Los recién venidos".
El escrito, nunca publicado, constituye una rareza. Abeijón responde a un interlocutor que lo sospecha "no argentino" y discute con él pormenores de la vida en el campo. La polémica por el largo del lazo y la sospecha sugerida de exageración sirven como punto de partida para que el escritor apele a su rigor como cronista y a su rol de testigo excepcional, dos fundamentos de su obra, que va desde "Memorias de un carrero patagónico" hasta "El vasco de la carretilla".
Abeijón escribe aquí sobre sus primeros años en Arroyo La Mata -muy cerca de Comodoro Rivadavia- y sobre el génesis de su mirada pura, abarcadora y penetrante. Aparece aquí el hombre que elegirá los caminos, sólo apegado a su propio rumbo, pionero a caballo, en carro, en camión u ómnibus.
La riqueza de este breve texto incluye la descripción de aquellos tiempos en que los oriundos de este país eran llamados el argentino o el padentrano por su escasez en el territorio patagónico.
Abeijón relata con franqueza y modestia la "casualidad" con que se fue encadenando su obra, y su relación con Osvaldo Bayer, que originaría la difusión nacional de sus libros. Bayer, polémico y generoso a su vez, comparó al escritor patagónico con Jack London y enfatizó que sus textos "deben ser leídos en todas las escuelas del país".

 

POR ASENCIO ABEIJON

Soy Argentino, nacido en la zona de Tandil en 1901. Mi padre era español, gallego, y mi madre argentina, de la misma región, hija de padre vasco y madre argentina . Me trajeron a Comodoro en el año 1903.
No soy instruido, ya que solo tengo tres años de escuela primaria, sin haber terminado el cuarto grado, al cual ingresé como alumno internado con los Salesianos, cuando ya tenía 17 años, y lo cual debí interrumpir para ir a la conscripción militar. Soy un lector empedernido, cosa que, como a la mayoría de mis hermanos, me viene de herencia, tanto por la rama materna como paterna.

 

El boliche como mirador

En el pequeño establecimiento ganadero de mis padres, boliche de camino y ovejas, a solo
tres leguas de Comodoro Rivadavia, y paso obligado tanto de llegada como salida del puerto mencionado, afluían todas las tropas de carros, viajeros a caballo, reseros, comparsas de esquiladores o alambradores, etc. El noventa y siete por ciento de tales personas, eran extranjeros de las más diversas nacionalidades, con bastante más proporción de españoles e italianos.
La campaña de Marruecos por parte de España, una verdadera sangría, motivaba el éxodo de gran parte de la juventud española en edad de ir a las milicias, para evitar los sacrificios de la guerra.
De la provincia de mi padre y aldeas cercanas, Muro, Abilleira, etc., todas estas personas, a veces contingentes de hasta seis personas juntas,  todos ellos, al llegar a Comodoro Rivadavia, como eran conocidos y muchas veces parientes, se venían a nuestra casa, en el campo, donde paraban, ayudando en los trabajos, hasta tanto poco a poco iban consiguiendo ocupación, ya sea en tropas de carros, arreos, o como leñateros, alambradores,  poceros, etc.

 

De inmigrantes a criollos

Cuando llegaban de vuelta y de paso, a veces luego de uno o dos años de ausencia, venían tan prácticos en todos los trabajos de la Patagonia, que nos ganaban a nosotros. De las conversaciones oídas de ellos, aprendí todos esos detalles que Ud. menciona, y que,  muy acertadamente, le hacen creerme no argentino.
La gran cantidad de extranjeros prácticamente absorbía la modalidad de hablar al estilo criollo, y eso motiva la justificada observación de su parte, sobre la forma de hablar, por ejemplo en el caso del capiador, aunque, con respecto a los términos gruesos, muy propios de los españoles e italianos y tan fácilmente contagiables al argentino y viceversa, trato de no usarlos en lo posible, porque no considero que ellos, agreguen interés a los escritos.
El término gringo, en la Patagonia se aplicaba indistintamente a todos los extranjeros que no hablaban bien el idioma castellano. Los argentinos eran tan escasos, que casi siempre se
los designaba con el nombre de “El Argentino”, "El Padentrano", "El Provinciano", y "El Maragato".
A estos últimos Ud. debe conocerlos, ya que era el apodo que se les aplicaba a todos los de la región de Patagones. Ignoro el por qué.

 

A lápiz y en El Patagónico

Su observación con respecto a la falta de ordenamiento correlativo de los relatos, es muy acertada. Los fui escribiendo a lápiz desde el año 1940 y dejándolos arrumbados, por falta de espacio en los diarios locales y dificultades distintas para publicarlos. Cuando el diario El Patagónico en 1968, me hizo la gauchada de darme una página por semana para publicarlos, los fui tomando casi al azar.
La presencia de mis libros, es casi algo casual, fruto de distintas circunstancias favorables que prácticamente se improvisaron. Primero, la aparición de El Patagónico, en el cual aún
trabajo, que me dio espacio, y el aliento de mis compañeros y compañeras de redacción que me animaban para que siga las publicaciones, que el público recibía bien. Después, uno de los operarios gráficos, que se había establecido con imprenta propia (Armando Andrade), me pidió autorización para publicar el libro, por su propia cuenta y riesgo, el cual tuvo buen
éxito local y regional.

 

Sobre Bayer y el camino de los libros

Otro hecho casual, sin mérito de mi parte, me permitió editarlo en el ámbito nacional. Osvaldo Bayer, a quien yo no conocía, mandó al  diario El Patagónico un ejemplar de su primer tomo, “Los vengadores de la Patagonia Trágica”. El secretario de redacción, me encargó  a mí la tarea de comentar el libro. Lo hice con crítica desfavorable en algunos puntos del mismo, por considerarlo en ellos emanados de fuentes parciales, aunque bien documentado. El secretario de redacción señor (Roberto) Ezpeleta remitió a Bayer mi escrito y le adjuntó un ejemplar de mi libro, edición patagónica, que se titulaba “Apuntes de un carrero patagónico”.  Quince días después, recibí la sorpresa de un artículo de Bayer, que era jefe de la sección literaria de Clarín. El mismo, a cuatro columnas en la primera página, tenía conceptos sumamente favorables a mi libro, y el propio Bayer se presentó en Editorial Galerna con el ejemplar, para que se pusieran en contacto conmigo para la publicación de la obra, la cual seguramente financiaría con creces el costo de la edición.
Lo demás fue fácil, y mandé a solicitud, el material para los otros dos libros, y últimamente
el cuarto, que aparecerá en estos días, y que se titula “Los recién venidos”, que se refiere a la llegada de los jóvenes emigrantes españoles. Editorial Galerna, con mi consentimiento, cambió el título de Apuntes de un carrero, por el de Memorias. Yo sostenía que era más adecuado el de Apuntes, ya que se trata de relatos aislados y que el de “Memorias” debía ser continuado y en primera persona.
Dejé ampliamente toda la edición a cargo de la Editorial, como Ud. acertadamente lo supone, y entregué los originales en la forma desordenada y sin continuidad que tienen, es decir que marcha hacia atrás o adelante, e interponen automotores con carros.
En el nuevo libro, "Los Recién venidos", Ud., podrá entresacar las influencias de los extranjeros ejercida sobre la modalidad de la región y viceversa, que es lo que ha motivado sus deducciones, repito que siempre acertadas.

 

El largo del lazo

Una de las observaciones que me han hecho, ésta ya sobre la faz técnica y costumbrista campera, fue referente al largo del lazo, por motivo que expreso, al decir en el cruce del Río Senguer, que fue un tiro magistral, hecho desde 35 metros, al largo máximo del lazo. Aclaro esto para Ud., aunque esta crítica no fue suya. A este lazo, que debía tener sus treinta metros aproximados, se le había agregado en la presilla, una soga o piola delgada y liviana. El carrero que sostenía ésta en sus manos, estaba internado como tres metros dentro de la corriente del Río, mientras que el que largó la violenta lazada se hallaba más atrás, y sobre la barranca del Senguer, altura que le permitía ganar fuerza en el impulso para que el lazo cayera sobre el accidentado, que estaba más bajo, al nivel del agua. Al terminarse los rollos del lazo, el hombre lo largó totalmente para no detener la marcha del mismo hacia su objetivo, y la punta trasera del lazo cayó más de cuatro metros dentro de la correntada, pero como estaba unida a la piola, por medio de ésta, pudo ser atraído hacia la orilla donde lo tomaron los demás. Indudablemente hubo mucho de suerte y casualidad en el magistral acierto del enlazador, pero esto fue real. El accidentado era mi tío, hermano de mi padre.
Ahora  agregaré que en las llanuras patagónicas, con hacienda muy arisca, se usaban lazos muy largos, porque el terreno permitía maniobrarlos a buena distancia por la falta de árboles u otros obstáculos.  Eran lazos especiales, trenzados con cuatro tientos delgados y resistentes, para evitar el mayor peso, o bien de dos tientos torcidos entre sí, que resultaba más delgado. En la punta, llevaban una argolla un poco más pesada que la de los lazos comunes, la cual en el envío y el impulso, ayudaba a la larga y liviana cuerda, arrastrándola hacia el objetivo.
Se requería una singular baquía, pero esta no faltaba. No nos olvidemos del famoso boomerang australiano, que resulta más incomprensible. En Chile por ejemplo, donde la hacienda era más mansa, y el terreno accidentado y boscoso, dificultaba el trabajo del lazo largo, por lo cual, al igual que en el Oeste norteamericano, este era apenas de diez o doce metros de largo.
Los alambrados y la hacienda ya mansa, fueron haciendo acortar la dimensión de los lazos, así como el uso de las mangas para el trabajo y las mayores comodidades, terminan por hacerlos desaparecer.

Asencio Abeijón
circa 1974

 

David Aracena
Las palabras y los días

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Mañana

Los lunes existían, pese a nosotros. Su permanencia, ilustra, sin embargo en forma conveniente, la tregua del domingo. Y sobre todo, de un domingo como el que tuvo Comodoro Rivadavia. Un día para salir a andar, por el mar o el campo.
Esta mañana de lunes, a esta hora en que ha salido el sol, y se nota impreciso ese anaranjado diluido sobre el horizonte, y la costa que tiene una franja de agua erizada de pequeñas ondulaciones, como la arena de la playa mientras mas allá otro sector es un vidrio calmo, y las barcas que están en el muelle recortan una sombra oscura, todo esto es una continuación de la felicidad, porque no está el frío, ni el viento, porque a veces nos conformamos de pequeñas cosas, de una frase amable, de un gesto perdido que lo incorporamos como si fuera para nosotros.

 

NO SE

Me resulta difícil pensar qué actitud podría asumir lejos de este paisaje, de esta belleza que sigue intacta, como las cosas que amamos que no son desgastadas por el tiempo.

 

INTIMIDAD

Hace mucho, pero mucho tiempo, más de treinta años, escribí en un ensayo sobre la poesía de Neruda, que toda intimidad era un principio de muerte. La permanencia en el arte, tiene ahí su explicación. Nos pasa lo mismo en la amistad y el amor. Otros paisajes que he tratado alguna vez, nos duran como una aventura deslumbrante. Después se apagan. Y queremos volver a esta tierra del sur, y si es posible a este Comodoro abrupto, contradictorio, difícil, siempre nuevo.

 

LECTURA

He aprovechado el domingo para releer a Lawrence. La primera lectura, data de mi adolescencia. Tuve la suerte de conocer lo más importante, entonces, poco antes de su muerte. Recuerdo, sobre todo “En familia”. Esta nueva incursión, tiene una especie de indagación.
Saber cuánto hemos cambiado. Observo, sí, algunas ingenuidades, cierta retórica que Huxley pone en evidencia en “Contrapunto” y que entonces -cuando lo leí–, me indignaba. Permanece, sin embargo, un valor que es decisivo.

 

ENTONCES

Para entonces, vivía en mis libros, un fuerte deseo de escribir que iba postergando para después. Y así pasó un lapso de casi veinte años, hasta que volví a las andadas, no sin riesgos, porque en nuestro país es un delito que no se perdona mucho.
Pienso que los adolescentes de mi tiempo, no estábamos atentos a lo que sucedía en torno a nosotros. Estábamos fuera de la política y lejos de un montón de cosas. El joven de ahora, tiene metas, otra forma de vida.

 

PESE

Pese a todo, no hemos logrado construir un país para los argentinos. Y para todos los hombres. ¿Eramos mejor nosotros o esta adolescencia de hoy?
Recuerdo que en casa entraba sólo el sueldo de mi padre, un sueldo humilde, pero no faltaban los libros, y en el amplio patio de mi casa podíamos jugar al fútbol, y tener un galpón para los días de lluvia, y una vaca que mi padre ordeñaba por las mañanas. Hasta hace poco, algo así como 15 años, podía viajar a Buenos Aires con mi gente, en forma periódica.
Lo único que no ha cambiado es este país transparente, frente al mar. Este aire del sur, entre tanta angustia que percibo más allá de las cosas, mientras camino, mientras duermo, mientras estoy esperando una nueva mañana.

 

Mar

He podido ir al mar estos últimos días, con el agregado feliz que han estado mis nietas: María Virginia y Paula. He dicho que hay dos opciones para los que le gusta el agua, y el mar. Parece que no es necesaria esa diferenciación, pero como soy –esto lo he dicho siempre-  hombre de río y de mar, debo necesariamente dejar claro esto. Y lo voy a hacer con una aclaración: En uno de esos encuentros de escritores realizados en los primeros años de la década del setenta, encontramos en Puerto Madryn a Rojas, un excelente poeta santiagueño. Estaba con el otro poeta del mismo país  -porque a veces conviene pese a este purismo de García Yaraví, a esa exigencia de Sorrentino, el antologista de cuentos que está trabajando como jurado en el premio “Roberto Arlt” de cuentos, escaparse un poco de las  precisiones, de la semántica, de la formalidad porque hay peligros de asfixia-, y se encontraron los dos y yo, y no se quién más frente a ese hermoso mar de Madryn.
Rojas entró un pie en el agua. Luego miró a lo lejos, el horizonte, en el hilo del horizonte, y dijo: “viste hermano. Es todo agua. Y salada”.
No soy gran  conocedor de provincianas, ni de tierras, ni ciudades, pero tengo presente a través de relatos, sobre todo de Clementina Rosa Quenel, que Santiago del Estero, aparte de las “s” en las colas de las palabras tiene que tener poco agua, menos agua que esta tierra sedienta que a veces vemos en la meseta larga de El Mirasol, o en los pagos de Gan Gan. Y salinas. Entonces en Madryn no dije nada, pero recordé de pronto mi infancia a lo largo del río Chubut, pateando piedras, pescando cangrejos, nadando con mi padre, y después mi otra infancia en Madryn, entrando al agua, braceando cerca del muelle, cerca del gloc-gloc de los barcos, y los botes con el agua golpeada por los remos, y necesariamente tengo que pensar que hay dos formas  del agua: ese que dice mar y el río, y esa que dicen  las provincias con salinas y con pocos ríos.

 

POR ESO

Por eso estoy siempre hablando del mar. Y de Rada Tilly, y la Costanera, como antes he hablado de Pirámides, de Camarones, o de Bahía Bustamante, o la Isla de los Pájaros.
Conozco apenas, de pasada, el mar de San Antonio Oeste. No conozco Mar del Plata, pero se me ocurre que poco podrá verse después de ese doctorado de agua que tengo de los mares del sur, tan transparentes, con una ría como la que conocí en Puerto Deseado que la vi de noche y en sueños, y que después lo dije muchas veces a través de estos mismos espacios, para después conocerla veinte años después como era en realidad, con cormoranes, con barcos pesqueros, con esa enorme extensión, con una historia para contarla para tener testimonio de esta Patagonia tan arisca, tan desconocida, tan vilipendiada.

 

PACIENCIA

Somos indudablemente gente de mucha paciencia. De la misma manera que recién ahora después de casi una década de esperar las obras del acceso norte a la  ciudad, estamos pensando en enojarnos seriamente para que nos hagan caso, todavía seguimos aguardando en los antesalas de la burocracia que nos resuelvan viejas cuestiones pendientes, desde el puerto que se inició hace más de medio siglo, o que YPF termine de una vez por todas de derramar petróleo en el Golfo.

 

LAS NIETAS

Las nietas están en éstos momentos jugando en la Costanera. Ellas, no sé si podrán alguna vez asistir a una playa limpia como Dios manda.
Mis hijas crecieron, se casaron, emigraron de Comodoro Rivadavia y no pudieron ver esa especie de milagro. Porque vivimos el tiempo del desprecio. Desprecio de todo, como no sea el de la mediocridad. Creo que fue Ezra Pound o Brecht, quien dijo: “He sobrevivido a los piojos, he sobrevivido a los tigres, pero no pude sobrevivir de la mediocridad”.

 

Aclaración

Acabo de recibir una carta de un lector de esta columna. En principio, siempre debo agradecer esa forma de comunicación con amigos que han ido integrándose a través de tanto tiempo. Por lo general, a mis lectores -que constituyen lo de mejor de mi- les gusta precisar hechos o circunstancias que han vivido. En esta carta, mi amigo, cuyo nombre voy a omitir, me dice textualmente: “Quiero aclararle que el comentario que hizo los otros días sobre don Baldomero Canela el primero que reporteó y habló de él fue Jorge Canel, pionero en radio y TV que dejó grandes enseñanzas en aquel entonces”.

 

BIEN

Me parece correcta y oportuna esta aclaración, pero debo decir en mi descargo que esa información procedía de una persona cuyo nombre no conozco, y que transcribí textualmente. Familiares de don Baldomero Canela, en una carta publicada después han consignado esa información sobre Canel, a quien aprecio mucho.

 

Y AUN MAS

Y ya en tren de tener que volver a ese tiempo, donde se ubica esa nostalgia simple de volver de alguna forma fue precisamente Canel, quien en muchas ocasiones me llevó a escribir para la radio. Merced a él, pude después con Sahdi y con Carlos Campos, estar en contacto permanente con los oyentes, lo mismo que hago ahora. También con Montellano. Y esto, en esa época en que teníamos como director a José Alvarez Lorenzo. Fíjese amigo si hay motivos para recordarlo.
Después, L.U.4 fue terreno vedado para mí. No me molesta ese hecho, porque sé que la omisión no ha partido de gente que conoce lo bueno o malo que he venido haciendo a través de años.

 

LASTIMA

Acabo de escuchar recién, día miércoles 3 de febrero alrededor de las 18 horas y minutos, a LU4 que está pasando los remates de la Sociedad Rural. Buena la transmisión en cuando acerca al oyente en algo que si no ha conocido de cerca, le hace vivir ese momento irrepetible en la vida de los productores. Es una lástima que eso no se hizo en su momento.

 

PRIMERA VEZ

Se me ocurre pensar que por primera vez, en casi cuatro décadas LU4 se alejó de la comunidad a la que sirvió siempre. LU4 –si mal no recuerdo– en sus primeras transmisiones, con un equipo muy modesto, transmitió una carrera automovilística. Desde entonces, todo acontecimiento que tuviera sentido para la población fue seguido. Es posible que LU4 pueda alegar razones técnicas o burocráticas para no haber transmitido el acto de la Sociedad Rural. La justificación tardía, de querer borrar ese agravio no tiene sentido. Las cosas deben tener relación con el tiempo y la oportunidad.

 

LLAMA LA ATENCION

Me llama la atención y también a mucha gente que esa actitud de LU4 Radio Patagonia Argentina, se haya tomado a sólo unos días de ser licitada.

 

PRIMEROS TIEMPOS

Vuelvo otra vez a Canel, a Jorge Shaw, a Sicardi, a Enrique Menéndez, Bonardo, Vitullo, Andujar, Boetegui, Paco Cruz, Chichi Morilla, Verdaguer, Pilar de Moirón, Morgan Robert, Sadhi, Montellano, Rosales, Alba Castellanos, Canavesio, Mas, el maestro Merino, Ortiz, Carlos Campos, Delia Corball y otros nombres señeros que escapan a mi memoria.

 

ANIVERSARIO

Cerca del aniversario de la ciudad, estimo que valía la pena, por lo menos intentar un acercamiento. Y no solamente a los que hicieron posible ese nacimiento de la radio en esta ciudad, sino también los viejos vecinos, los que día a día pusieron el hombro en forma silenciosa, a esa tarea de construir Comodoro Rivadavia.

 

TESTIMONIO

En el año 1951 escribí un poema que llamé “Palabras para los que estuvieron antes que nosotros”. Fue para el aniversario de Comodoro Rivadavia. Para el primer cincuentenario. He olvidado el texto, sólo tengo presente el sentido de homenaje para los que nos habían precedido. Ese poema, premiado entonces, debe andar por ahí entre los papeles.
Si he hablado un poco fuera de mi tono habitual contra LU4 ello se debe a que es algo de todos y quisiéramos que siguiera siéndolo.

 

Resumen

Voy a recapitular algunos aspectos referidos a un vuelo de LADE, efectuado la semana pasada. El T.87 acaba de salir. Una mañana apacible y fría. Pronto uno se ubica en esta dimensión reducida. La partida rápida da una sensación de seguridad absoluta. Es algo tan simple como tomar un colectivo. Ya está sobrevolando las lomadas conocidas. Alcanzo a ver los techos familiares. El color, desde lo alto conserva su misma prestancia. Apenas un poco desleídos, por la distancia.
 

IDA Y VUELTA

Cuando regreso, en el mismo avión de LADE, miro casi al llegar al aeropuerto, la típica conformación de los caminos de la zona. Trato de ubicarme en otros vuelos, por otros sectores de nuestro territorio. Nada hay parecido a ese trajinar de líneas rectas que se                                   cruzan. Al principio asaltan el ojo avizor los caminos directos cortados en perpendiculares perfectas. Después, comienzan por el terreno abrupto curvas. Modifican su esquema. De ida no había advertido eso. Estaba muy atento a este encuentro con los T. Otter que ya había conocido en vuelos anteriores. Estaba trayendo a la memoria esa sensación que se experimenta en vuelo. Que es distinta en  un Cessna o en un Aerocomander o en el Caravelle. Por ahí volvía a mis vuelos por la cordillera en el pequeño avión de la Dirección de Bosques cruzando el campo incendiado los altos cipreses ardiendo. En el T. Otter uno se familiariza, con el ir y volver. Todo sucede pronto. La partida, el despacho de la máquina, el aterrizaje. Cuando se vuelve a Comodoro Rivadavia, se nota que sobra pista. En los aeródromos del interior, lo primitivo de las instalaciones no disminuye la seguridad de la maniobra.
Y esto es importante para el que viaja en avión.

 

TESTIMONIOS

Doy fe de dos testimonios; los detalles que ejemplifican de una manera patética, el receso de las actividades extractivas en nuestra zona. Desde lo alto, se observan como si fueran muñones, los indicios donde antes se levantaban campamentos de YPF y de empresas privadas. Queda nada más que la cuadratura de cemento. Y uno que otro árbol, como una rúbrica. El otro detalle, es el que se refiere a los campos. Aparece una franja verde. Uno pregunta, pero hay mayor conocimiento y la respuesta no llega. Después, ya en la redacción, don Asencio, doctorado en lejanías y horizontes, me dice: esas franjas verdes, son campos que algunos establecimientos tienen como reserva. Cerca de ellos están los otros predios. Los que no tienen un manejo adecuado. Los que invalidan cualquier programa de recuperación.

 

BALMACEDA

Coyhaique tiene actualmente alrededor de 20.000 habitantes, agrega Abeijón. Cuando yo lo conocí se llamaba  Balmaceda. Contaría unos sesenta habitantes. Un plan urbanístico llevado a cabo por Aguirre Cerda, aparejó un vuelco extraordinario. Después de ese boom demográfico, un manejo inadecuado en la tala de bosques, aparejó los primeros inconvenientes. Como son campos buenos, pueden seguir todavía sosteniendo una buena cantidad de animales. Pero la falta de defensa del bosque, lo coloca ya en una encrucijada. Del lado argentino, el gobierno ha sido más previsor. Quedan cosas en el tintero. Si es posible algún día volveré al tema. A los aviones de LADE; al campo visto desde el cielo.

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N° 17 Marzo de 2009

•Por Jorge Spíndola
Trelew
Especial para Confines - El extremo Sur

 

Marzo/Abril de 2009
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